Sábado I de Cuaresma (24 febrero 2024)

Homilía del P. Manel Gasch i Hurios, Abad de Montserrat (24 de febrero de 2024)

Deuteronomio 16:16-19 / Mateo 5:43-48

 

Las lecturas de hoy, queridos hermanos y hermanas, que son las que corresponden a este primer sábado de la semana de Cuaresma, nos invitan a la radicalidad. La lectura del libro del Deuteronomio retoma el tema de la confesión de fe de Israel, es necesario amar a Dios “con todo el corazón y con toda el alma” y lo aplica a la obediencia y a la práctica de lo que Dios quiere. Obediencia y práctica porque nuestra fe está hecha de convicciones y obras. Unas sin otras no se sostienen. 

Confesar la Trinidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo y confesar la Encarnación de este Hijo en la persona de Jesucristo será siempre el centro ineludible, el fundamento, lo que los antiguos llamaban el punctum stantum et cadentem, el punto donde todo se sostiene o todo cae del cristianismo. 

En nuestra sociedad se intenta a veces prescindir de este núcleo y presentar la fe cristiana como una especie de voluntariado realizado sólo de valores humanistas, de compasión, de una antropología que parece omitir la dimensión genuinamente creyente. El voluntariado está muy bien, pero nosotros queremos algo más, nosotros empezamos en otro sitio, nosotros tenemos nuestro origen y nuestro destino en la persona de Jesucristo, aunque sea difícil y que alguna gente no nos comprenda. 

Pero de la confesión el Señor nos pide que pasemos a la acción y no a una acción cualquiera, sino a la que llega al amor más fuerte, al amor más contradictorio, al amor a los enemigos. 

Esto es lo que nos decía el Evangelio, amar así es lo que nos acerca al Dios grande y fuerte, al Dios misericordioso, que como rezamos en esta cuaresma se deja vencer por nuestra humildad y nuestra penitencia. 

Mantenerse firmes en la exigencia evangélica nunca ha sido fácil. Es en el fondo un don de Dios y por eso en este camino de radicalidad nos ayudan los testimonios privilegiados que nosotros veneremos y que la Iglesia proclama a santos. Entre ellos, san Josemaría Escrivá de Balaguer, que con sus obras apostólicas marcó la vida de tanta gente y enriquece la comunión de los santos y el beato Álvaro que le siguió en su misión. 

La mayoría de vosotros, conoce mucho mejor que yo el carisma de san Josemaría y no he pretendido ser yo que os dijera a vosotros una palabra sobre su enseñanza, pero en las lecturas de hoy, tanto el autor del Deuteronomio como Jesucristo en el Evangelio, invitan a todos a la santidad, a la radicalidad del evangelio y san Josemaría tomó esta idea y le dedicó la vida: invitar a cristianos a seguir a Jesucristo y su Evangelio. La asamblea de hoy, esta celebración es una muestra de que la huella que él dejó en esta idea de ser discípulo arraigó profundamente en nuestra tierra catalana como lo hizo en todo el mundo. 

Jesucristo ha venido a nosotros para contarnos humanamente quién ese Dios bondadoso, ese Dios que perdona, ese Dios humilde que no se impone, que deja a cada uno de nosotros la decisión final, por eso nuestra libertad es tan importante. 

Dios quiere hacerse especialmente presente en algunas personas y también en algunos lugares. Pertenece a su libertad hacerlo así. 

Los monjes de Montserrat, al menos es mi percepción, somos testigos de cómo Dios habita este santuario de Nuestra Señora y estamos a su servicio, acogiendo, orando y conscientes de que Él hace mucho más que nosotros y querríamos dar un testimonio con la nuestra vida de oración. En esta dinámica de acogida y testimonio, debemos situar la amistad de San Josemaría con la comunidad de Montserrat, que se inició en los años de la Guerra Civil, con la comunidad de monjes exiliada en Navarra, y que personalizaron nuestros hermanos el P. Abad Gusi, y muy especialmente el P. Abat Aureli M. Escarré, con quien San Josemaría se relacionó fraternal y amigablemente durante toda su vida. Tenemos la suerte de tener al alcance de todos la correspondencia entre ambos y una narración muy cuidada de esta relación. 

En Montserrat San Josemaría pudo vivir la devoción a la Virgen que ya había marcado su vida, desde el ofrecimiento de niño en Torreciudad hasta su muerte y que él quiso dejar en la Obra. «A Jesús se va y se vuelve por María». La Virgen María es el fuego que sin consumir calienta como decimos en la visita espiritual, por tanto, la que sabe amar siempre a esa distancia adecuada para darnos la vida del Espíritu sin ahogarnos. Y como lo hace ella nos ayuda a hacerlo así, señalando el sol de justicia, Cristo, aquél que realmente ama incondicionalmente. 

El Beato Álvaro pasó en Montserrat algunas semanas santas, viviendo además de la devoción mariana, nuestra tradición litúrgica. 

Tanto de uno como de otro, damos gracias a Dios y nos hacemos conscientes de que, sin saberlo, procurando mantenernos fieles a este carisma de acogida benedictina y, sobre todo por la gracia de Dios que a través de Santa María atrae a sus devotos como peregrinos en esta casa, tenemos el privilegio de ser espectadores de primera fila de las obras que Dios va haciendo en sus sirvientes. Y por eso hemos visto pasar a muchos hombres y mujeres que después hemos venerado como santos cuando la Iglesia así los ha proclamado. Por eso con unas frases hermosas, en el himno que nuestro gran poeta Mn. Jacint Verdaguer escribió en 1880, cuando este Santuario de Montserrat quiso celebrar el milenario del encuentro de la imagen de la Virgen María y por tanto el inicio de la devoción montserratina, decía: 

“Los santos de nuestra tierra, 
Pasan por su sierra 
Cuando suben hacia el cielo” 

Muchos santos han pasado por Montserrat, desde San Ignacio a San Juan Pablo II. Y así como tantos de estos hijos e hijas de Dios hay una memoria en el camino de San Miquel, era importante poder acoger un relieve para testimoniar el paso de San Josemaría y del Beato Álvaro, como peregrinos de la Moreneta y dar un ejemplo de tantos seguidores suyos que a partir de hoy le verán y le visitarán, y aún, de otro modo, presentarlos como discípulos de Jesucristo que crearon un carisma válido para el crecimiento espiritual del Pueblo de Dios. 

Dios quiera continuar sirviéndose de este lugar para que el seguimiento radical de Jesucristo y del evangelio continúe en el mundo y espero que hoy demos todavía otro paso en la amistad de nuestras instituciones, especialmente con esta parte de la Obra que peregrina en Cataluña, llamados todos a testimoniar la fe en Dios, el evangelio de Jesucristo y el amor a la Virgen María. 

 

 

Última actualització: 26 febrero 2024

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