Domingo VI de Pascua (9 de mayo de 2021)

Homilía del P. Bonifaci Tordera, monje de Montserrat (9 de mayo de 2021)

Hechos de los Apóstoles 10:25-26.34-35.44-48 / 1 Juan 4:7-10 / Juan 15:9-17

 

Vamos terminando la celebración del tiempo Pascual. Hemos participado sacramentalmente de los misterios salvadores. ¿Podríamos explicar la vida de Jesús en pocas palabras? Ya que el final de la vida responde a todo lo que ha sido la experiencia anterior: “Como vives, morirás”.

Hay una frase en el interrogatorio de Pilato que creo puede resumir el porqué de la existencia de Jesús. Pilato le pregunta: «¿Tú eres rey?». Y Jesús responde: «Sí, pero mi reino no es de este mundo. Yo he nacido y he venido al mundo para dar testimonio de la verdad”. Esta respuesta contiene la explicación de todo lo que Jesús ha hecho y cómo lo ha hecho.

Jesús nunca quiso hacer signos maravillosos para deslumbrar a los hombres. Cuando le pidieron una señal del cielo se negó. Él no venía a entusiasmar a la gente, su actuar fue siempre discreto. Hasta pedía que no se hiciera propaganda. Jesús enseñaba y actuaba según veía que hacía el Padre. Y la actuación de Dios es discreta. Apunta al corazón, no a los sentimientos. Él vino a enseñar la verdad, y la verdad absoluta, y ésta no se puede discutir. Simplemente: es. Por eso, cuando el Bautista envía a sus discípulos a preguntarle si era él al que esperaban, les dijo: «Id a decir a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos recobran la vista, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva. Y feliz el que no se escandaliza de mí». Jesús no daba otros argumentos de lo que decía y hacía. Y así afirmó ante Anás: «Id y pregunta lo que yo he dicho y hecho a los que me escuchaban». Él no necesitaba defenderse, sino que le apoyaba el Padre que lo había enviado, porque él hacía lo que le indicaba: «Yo no hago nada que no vea hacer al Padre». «Si no me creéis a mí, creed las obras». De ahí que, al final de su vida dijo: «todo ha sido cumplido. Y expiró”.

De todo ello podemos extraer el contenido de la respuesta: «He venido a dar testimonio de la verdad». Porque la VERDAD es única, la Verdad es Dios: Amor. Y Jesús muestra a Dios: «El que me ve a mí ve al Padre». Ve como Dios ama el mundo. ¿Podríamos dudar que lo resucitara?

Nos dice hoy el discípulo de Jesús: «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene cuando nos envió a su Hijo único…, él ha sido el primero en amarnos, no que nosotros nos hayamos avanzado a amar a Dios». Esto es: Dios es Amor. Y el amor ¿qué respuesta pide?: Amor. “El amor saca amor”, dice Santa Teresa. Esto lo podemos comprobar cuando el amor es verdaderamente humano. No es ninguna teoría, es la realidad. Comprendemos, pues, claramente lo que se deriva. «Yo os quiero tal y como el Padre me ama. Manteneros en el amor que os tengo. Mi mandamiento es que os améis unos a otros, como yo os he amado». Ahora sois mis amigos, y no hay secretos entre amigos. Por eso os he hecho saber lo que he oído a mi Padre. Yo os he elegido para ser mis testigos. Y el Padre os concederá todo lo que le pidáis en mi nombre. Esto os mando: que os améis unos a otros. Este es, pues, el testamento de Jesús.

El amor no puede ser egoísta. Jesús nos ha enseñado la verdad: ha dado la propia vida por todos nosotros. También nosotros debemos darla por los hermanos. Esto supone abnegación, renuncia, mortificación. Pero es el esfuerzo lo que da fruto y no el egoísmo. Basta mirar a nuestro alrededor y constatar lo lejos que estamos, para que se pueda decir: ‘mirad cómo se aman’. Pero sólo en eso se podrá conocer que somos discípulos de Cristo. Y el mundo lo espera. Ya que el amor que el mundo practica es sólo el carnal que, sin el espiritual, se consume. Porque sólo perdura el espiritual, que es el verdadero que nos ha dejado el Cristo resucitado con su vida.

 

Abadia de MontserratDomingo VI de Pascua (9 de mayo de 2021)