Vigilia de Santa Maria (26 de abril de 2021)

Homilía del P. Josep M Soler, Abad de Montserrat (26 de abril de 2021)

Judit 13:14.17-20 / Rut 2:1-2.8-11;4:13-17 / Isaías 11:1-5.10 / Gálatas 4:4-7 / Juan 19:25-27

 

Sr. Arzobispo, HH. Consejeras, Autoridades, hermanos y hermanas, queridos todos en Cristo resucitado:

En la alegría de la pascua y guiados por la luz de Cristo resucitado, hemos escuchado este evangelio que nos presenta a Santa María al pie de la cruz de Jesús; una cruz que más que portadora de muerte es portadora de vida. Jesús, antes de llevar a cabo todo lo que el Padre le ha encomendado, se fija en su Madre y en el discípulo que más quería, que estaba cerca de ella, y dice: Madre, ahí tienes a tu hijo. Y a continuación dice al discípulo: aquí tienes a tu madre.

Como sucede en todo el Evangelio según San Juan, también este episodio tiene varios niveles de lectura y todos portadores de buenas nuevas. Un primer nivel es el del sentido inmediato, lleno de humanidad, de ternura y de amor filial. Jesús no quiere que su madre se quede sola y encarga al discípulo que cuide. Un segundo nivel de lectura, parte de que este discípulo, el más amado de Jesús, personifica, representa, a todos sus discípulos, todos los que creen en él. A partir de este hecho, pues, María es constituida madre de todos los cristianos, madre del cuerpo eclesial de Cristo, por eso en el Concilio Vaticano II el papa san Pablo VI, proclamó a la Madre de Jesús, Madre de la Iglesia. Y también podríamos considerar otro nivel de lectura y ver a Maria como imagen, personificación, de la Iglesia. Desde esta perspectiva, se nos dice que la Iglesia también es madre de todos los creyentes en Cristo. Lo es porque los engendra a la vida de fe en el bautismo, los alimenta con la Palabra de Dios y con la Eucaristía y, con la solicitud, pastoral les ayuda a crecer en la vida cristiana.

En esta noche que velamos a Santa María, nos centramos en lo que he llamado segundo nivel de lectura. En María como madre de todos los discípulos de Jesucristo. Al pie de la cruz, Santa María recibe una nueva vocación. A la de ser madre del Mesías, el Hijo de Dios hecho hombre, Jesús le añade la maternidad espiritual sobre los que creen en él. En el momento, pues, que ella estaba de pie al pie de la cruz uniéndose a la ofrenda que su hijo hacía al Padre, se abre a una nueva maternidad sobre la familia de los que quieren escuchar y poner en práctica la palabra de Dios (cf. Mt 12, 48-50). Estas palabras de Jesús en la cruz son el fundamento de la maternidad espiritual de María sobre cada uno de nosotros, sobre la Iglesia que peregrina en Cataluña y sobre el conjunto de la Iglesia universal. Y son el fundamento del patronazgo de la Virgen sobre nuestro pueblo.

Remarquemos algo. En este confiar María al discípulo y el discípulo a María, hay una prelación. Primero encarga a María que sea madre del discípulo. Esto significa que primero le hemos sido dados a ella, hasta el punto de que si llegara el caso de que el discípulo no la quisiera acoger, ella continuaría con la misión de ser madre y, por tanto, de ser solícita de cada uno de los que Jesús le ha confiado. Ella no dejará nunca de ser madre, de amar, de ayudar, de interceder. Y esto nos da una gran confianza, sobre todo cuando constatamos nuestra negligencia para con ella y aún más cuando constatamos nuestros desfallecimientos en la adhesión a Jesucristo. Nuestro camino de fe está unido a María, aquella que ha sido la primera en creer, en acoger la Palabra y hacerla vida. Esto nos es fuente de esperanza y de alegría. Y también de compromiso de no defraudar a aquel que nos ha confiado a su madre como hijos.

Por eso tenemos que hacer como el discípulo al que Jesús más quería cuando le fue confiada María como madre. La acogió en su casa, decía el texto evangélico. Pero, a partir del original griego, esto también tiene al menos un par de niveles de lectura. El primero, nos indica que la llevó a vivir con él, ofreciéndole no sólo cobijo, sino todo el cuidado y toda la estimación. Pero, el texto evangélico, apunta también a otro nivel: la acogió en lo más íntimo de sí mismo, en su interior, le dio entrada en su vida. En este sentido, tener a María por madre significa confiarle nuestro camino de fe, nuestras necesidades e inquietudes. Y tenerla por patrona significa confiarle la situación actual de nuestro País y al mismo tiempo trabajar a favor de la gente que lo constituye.

Como recordaban recientemente nuestros obispos en la carta dirigida a la Iglesia que peregrina en Cataluña con motivo de los 25 años del Concilio Provincial Tarraconense, «es hora de recuperar la dimensión espiritual mediante la amistad con Dios y la oración, al tiempo de profundizar en la dimensión social de la fe, acuñando una nueva palabra de orden: «No te quedes en casa». Ciertamente, no nos podemos quedar en casa a la hora de defender la vida de los ancianos y de su igualdad de derechos con todas las demás personas. No nos podemos quedar en casa a la hora de escuchar la voz de los pobres y de los considerados periféricos, y de darles el lugar justo en un mundo del que ellos también forman parte. No podemos quedarnos en casa a la hora de empujar proyectos de humanización de las sociedades globales y, en particular de nuestra». Y dicen aún, que hay que transformar el mundo «según los criterios del Evangelio de Jesús» […]. «Este cambio del mundo en profundidad es absolutamente prioritario en este tiempo de pandemia y de post-pandemia, en el que hay que imaginar nuevas maneras de hacer en el campo de la economía, la política, la cultura, la sanidad, la educación,… «el tiempo actual» es un tiempo oportuno, un kairós, para esparcir y comunicar, de palabra y con las obras, la buena nueva del Evangelio «con su fuerza transformadora (cf.» Espíritu hacia donde guías nuestras iglesias? «, Introducción y 2.5).

Que la Virgen, con su solicitud como madre y patrona para con nosotros y para con todo el pueblo de Cataluña, nos ayude a ser hombres y mujeres unidos a Jesucristo y a contribuir a la transformación de nuestra sociedad en este momento de nuestra historia. Pidámosle que sostenga a los enfermos y ayude al personal sanitario que los atiende. Que ayude a los responsables de la gestión pública a trabajar abnegadamente para superar las graves consecuencias negativas a nivel económico, laboral y social causadas por la pandemia. Pedimos, además, a la Virgen que, pensando en el bien de las personas, nos ayude a encontrar soluciones para la coyuntura política actual y para superar la situación de los políticos y líderes sociales que están en la cárcel o en el extranjero. Rogamos, en torno al altar del Señor, por tantas personas que en este año nos han dejado a causa del Covid o de otras enfermedades, algunas eran familiares o amigos nuestros, algunas participaban asiduamente en esta Vigilia de Santa María.

Aquí tienes a tu madre. Estas palabras de Jesús dirigidas al discípulo más querido y a todos nosotros, están escritas en un mosaico cerca de la Imagen de la Virgen en el camarín, para recordarnos esta misión que ella tiene para con nosotros. Al venerarla hoy, hagámoslo con confianza filial dejándola entrar en nuestra vida para que nos ayude a avanzar más y más hacia Jesucristo.

Abadia de MontserratVigilia de Santa Maria (26 de abril de 2021)