Domingo II después de Navidad (2 de enero de 2022)

Homilía del P. Valentí Tenas, monje de Montserrat (2 de enero de 2022)

Sirácida 24:1-2.8-12 / Efesios 1:3-6.15-18 / Juan 1:29-34.

 

Estimados Hermanos y Hermanas:

En este domingo segundo del tiempo de Navidad y primero de este año 2022, la Iglesia nos invita a escuchar al gran himno del Verbo encarnado, que abre con toda solemnidad, las páginas del prólogo del cuarto Evangelio. San Juan nos ofrece una profunda reflexión sobre la gran Humanidad del Belén con tres palabras claves: Cristo, Luz y Palabra.

El Cristo. Todos nosotros podemos contemplar a Dios en el rostro del niño Jesús en Belén. Él es la Palabra manifestada del Padre. Por Él creó todas las cosas. Él dio a todo el mundo su vida. Él, Cristo, es la Luz que resplandece en la oscuridad. Él es desde siempre y para siempre. Él es lo mismo que Juan Bautista, el nuevo Elías; “¡La voz que gritó en el desierto!” y que nos dio su testimonio real: “Mirad al Cordero de Dios. Yo no soy digno de desatarle las Sandalias”. (Juan 1: 19-34)

La Luz. A pesar de nuestra pequeñez, una nueva Luz estalla en la oscuridad y nos abre los ojos, es la Luz de Cristo que ilumina nuestra Sociedad: «del Dinero, del Tener, del Físico, de la Pandemia desgraciadamente»… Esta Luz surge dentro de lo más profundo de nuestro pequeño corazón Humano. Jesús es la Luz Verdadera que nace nuevamente en Navidad y para todos nosotros. Él está presente y activo en toda nuestra vida Cristiana Sacramental. En nuestro Bautismo recibimos la Luz de Cristo en el cirio de los Padrinos. En la alegría de la vigilia Pascual, tomamos la nueva Luz de la llama de la gran acha bendecida con el fuego nuevo. En la fiesta de la Presentación del Señor, (el dos de febrero, la Candelaria), acompañamos con nuestras luminarias a Cristo en su entrada triunfante y solemne en el Templo del Presbiterio para celebrar el Memorial del Señor. Todos los días y todos los domingos del año, los cirios encendidos sobre el Altar, nos recuerdan nuestra Luz, nuestra fe presente y actuando en la Eucaristía celebrada a diario y mundialmente… Y el día de nuestro funeral, seremos iluminados, (rompiendo la oscuridad y el duelo), con la claridad de la columna de cera Pascual, señal de Resurrección y de Vida Eterna, colocada a nuestros pies frente al altar mayor. Todos nosotros debemos encender nuestro cirio de la fe en Jesús, que es la Luz verdadera, y es necesario unir nuestra Luz a tantas otras llamas Cristianas para así irradiar esperanza y alegría en un mundo Pandémico. Hay personas que llevan su llama como: “Debilitada por el desánimo, la angustia del trabajo, el virus del Covid 19 o de indiferencia general”. En la parte de la oscuridad que pueda haber en nosotros, dejemos que brille de nuevo la Luz de la esperanza de quien es la Palabra Eterna y acojámosla dentro de nuestro pequeño corazón Humano. La Nueva Luz es el nacimiento de Jesús; Él es la Estrella de Belén que brilla para todos; buenos y malos con un diálogo constante de cariño, de Amor y Paz. 

La Palabra… Como dice el Apóstol San Pablo: “La Palabra, fuente de consuelo, paciencia y esperanza”. (Carta los Romanos, 15, 1- 4). Ella es siempre comunión y comunicación, silencio y contemplación. La Palabra divina nos muestra el camino de la Vida y del Amor. En el Hablar; que es el Don precioso con que nos Comunicamos y Cantamos unos a otros, es también un diálogo tranquilo, o conversación que muchas veces debe hacerse rápidamente porque sencillamente no hay tiempo de escuchar al otro, y decimos: “ ¡No tengo tiempo, dime!” Hoy en día, prestar atención y escuchar es muy caro. Con la Palabra manifestamos nuestra alegría, nuestra admiración, nuestro amor, nuestra alegría. Pero, también, desgraciadamente, nuestro mayor desprecio y odio. Con una simple palabra podemos mandar: Construir, destruir o interrumpir una buena conversación con la palabra todavía en la boca para contestar al teléfono móvil; ¡que acerca a los lejanos y aparta a los próximos! El Insulto, el desprecio gratuito y repetitivo, tiene un precio muy alto, es una descalificación chapucera de la dignidad de toda persona humana. Hoy en día, ¿sabemos encontrar las palabras adecuadas, apropiadas y respetuosas para hacer revivir la fuerza viva de la Palabra que es Amor? En el mundo de la Política ¡seguro que NO! ¡Desgraciadamente!

Hermanos y Hermanas. En el tranquilo silencio de Navidad, es ya un Nuevo Año. Cristo está con nosotros, ¡está dentro de nuestro pequeño corazón Humano! Él es la Luz y la Palabra viva del Amor total. Ahora, Aquí y Siempre.

 Amén.

Abadia de MontserratDomingo II después de Navidad (2 de enero de 2022)