Domingo XXVI del tiempo ordinario (26 de septiembre de 2021)

Homilía del P. Damià Roure, monje de Montserrat (26 de septiembre de 2021)

Números 11:25-29 / Santiago 5:1-6 / Marcos 9:38-43.45.47-48

 

Estimados hermanos y hermanas,

P. Damià RoureEn el Evangelio que acabamos de escuchar, Jesús nos hace sentir su fidelidad que no sólo tiene en cuenta A los que le siguen de cerca sino que manifiesta un gran respeto para cada persona. De una manera especial, aprecia a quienes ayudan a los demás, aunque sea con un trozo de pan o con un vaso de agua a quien lo necesita.

Por eso Jesús desea que tanto los apóstoles, como cualquier persona, y nosotros también, actuemos por el bien de todos. Así Dios ama al que da algo a quien lo necesita, ya sea una persona conocida como si no lo es.

Nos propone, pues, tener un espíritu sin fronteras y sin barreras, que nos lleva a descubrir, tal vez poco a poco, lo que hay de bueno en cada persona. Todo el mundo desea ser reconocido y tratado de manera normal, sin actitudes rígidas ni parciales. Preguntémonos sinceramente si, según nuestras posibilidades, podemos ayudar a los que lo necesitan. De esta manera compartimos con Jesús su manera de actuar para el bien de cada persona.       

Incluso en las cosas más pequeñas, Jesús nos anima a tratar bien a todos. Es bueno dar un vaso de agua a quien lo necesita, ya sea cristiano como si es una persona bien alejada de nuestra fe. Es la forma en que actuaba Jesús y que, gracias a los evangelios nos podemos hacer cargo, si lo leemos o escuchamos. Por eso nos hace tanto bien de conocer como Jesús hablaba y actuaba, y como lo hacía con naturalidad y sinceridad. Incluso, si tenemos puntos de vista diferentes de lo que tienen otras personas, en el Reino de Dios no hay enemigos, y lo mejor que podemos hacer es respetar a todo el mundo. 

Podemos apreciar también las actitudes positivas de muchas personas que no siguen nuestra fe cristiana, pero que mantienen en su corazón, y en su manera de vivir, un respeto para todos.            

En todo caso, debemos evitar cualquier malevolencia. Si lo pensamos bien, lo que queremos conseguir es vivir con una actitud positiva para el bien de todos: una manera de hacer que sea capaz de ayudarnos no sólo entre nosotros, sino también con todo el mundo. Y es cierto que muchas personas, en un momento dado, descubren en las palabras y las actitudes de Jesús una ayuda que les orienta y fortalece.               

Santiago en la segunda lectura: nos decía que no nos podemos fiar de nuestras riquezas, porque pueden oxidarse. Lo cierto es que Jesús ha querido liberarnos de muchas pequeñeces, actuando siempre a favor de todos, con un espíritu universal. Que sepamos seguir nuestro camino, a la manera de Jesús, con un espíritu amplio y abierto, mejorando siempre, si es necesario, nuestra manera de ser y de actuar, con un espíritu siempre ancho y abierto. Que así sea.

Abadia de MontserratDomingo XXVI del tiempo ordinario (26 de septiembre de 2021)