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Domingo XVII del tiempo ordinario 30 de julio de 2023)

Homilía del P. Josep-Enric Parellada, monje de Montserrat (30 de julio de 2023)

1 Reyes 3:5.7-12 / Romanos 8:28-30 / Mateo 13:44-52

 

Estimados hermanos y hermanas,

Las lecturas que hemos proclamado este domingo, nos proponen una reflexión sobre los valores más importantes de la vida de las personas. La primera lectura nos ha hablado de la sabiduría práctica para la vida, que consiste en el conocimiento de la voluntad de Dios, conforme a la que necesitamos ordenar y organizar la propia existencia. San Pablo, por su parte, en la segunda lectura, nos ha hablado del amor de Dios. En el evangelio Jesús nos ha propuesto como valor supremo el Reino de los cielos a partir de diversas comparaciones para darnos cuenta del valor que tiene por encima de todos los demás bienes de este mundo.

Jesús empezó su vida pública predicando el Reino de los Cielos y proclamando su llegada. El Reino no sólo fue el tema central de su predicación, sino también el punto de referencia de la mayoría de las parábolas, además de ser el contenido de sus acciones simbólicas que formaban una parte importante de su ministerio.

Pero, ¿en qué consiste concretamente ese reinado? En primer lugar, cabe decir que Jesús nunca ofreció una definición exacta del Reino, ya que en su predicación esta realidad adquiría varios matices de significado. En el evangelio de este domingo vemos que se sirve de tres imágenes tomadas de lo cotidiano y adaptadas a la realidad de sus oyentes para desvelar el misterio del Reino de los Cielos.

En segundo lugar, debemos decir todavía, que es un anuncio pero que a la vez es una realidad para los hombres y mujeres de todos los tiempos, como veremos más adelante en esta reflexión.

En tercer lugar, y aquí encontramos el punto central del contenido y del mensaje del anuncio del Reino de los cielos, es que Jesús vivió y dio su vida a causa del Reino. Por tanto, cuando Jesús habla del Reino de Cielos no habla de algo que le es externo, sino que habla de Dios mismo y de las motivaciones profundas de su vida y de su mensaje para que nosotros también participemos de este Reino.

Por eso, vivir la experiencia del Reino de los cielos significará ser introducidos en la intimidad de Dios. Se trata de vivir atentos para acoger la invitación personal que nos hace a cada uno de nosotros para formar parte de este reino, no aisladamente, sino solidariamente con todos los hombres. El Reino es siempre un ámbito de gracia y salvación.

Por tanto, se trata de un reino que no se impone por la fuerza, sino que se ofrece a hombres y mujeres, de los que se reclama la responsabilidad para buscarlo, como el que encuentra el tesoro o encuentra la perla fina. Surge, sin embargo, una pregunta ineludible: ¿dónde está hoy ese tesoro?

Sin ningún tipo de pretensión por mi parte, me parece que este tesoro lo encontramos en dos ámbitos que tenemos muy cerca de nosotros, es decir, lo encontramos en el campo de lo cotidiano. Así, ese tesoro lo encontramos en los hermanos, en la humanidad que lleva inscrita en su corazón el rostro, la imagen de Dios. Lo encontramos en el día a día, junto a quienes hacen o hacemos camino unos junto a otros, bien sea por razón de vínculos familiares, laborales, de amistad, …

El tesoro del Reino, es decir, Dios, se encuentra también escondido en quien sufre o llora en el interior de su corazón, en el emigrante que está sin saber adónde ir, en los desheredados de la fortuna, a los marginados. Si el Calvario fue la manifestación más explícita de quien es Jesús, es en el corazón de todo tipo de sufrimiento donde aparece claramente la presencia de Dios y de su Reino.

Como ven, no necesitamos ir demasiado lejos para encontrar el tesoro o la perla fina que son Dios mismo vivo y operando en el corazón de la humanidad y también en el propio corazón. Lo tenemos muy cerca, junto a la mano. Nos hace falta estar atentos para no buscar lo que no encontraremos.

Es impresionante como san Mateo nos ha dado cuenta de que quien encuentra el tesoro se llena de alegría. Por eso cuando descubrimos que Jesús es el verdadero tesoro de nuestras vidas y con él lo son los demás, nos damos cuenta de que el Evangelio, el Reino de Dios, no es una carga pesada que nos limita, sino que nos invita a ayudar a los demás a encontrar su perla, su tesoro escondido.

Quien ha descubierto a Dios así, ha encontrado un tesoro y es lo único que da sentido a la vida y, en comparación, todo lo de este mundo… es tenido en nada.

Entrar en el corazón del evangelio es como entrar en un río de alegría, de felicidad y de realismo, que nos permite coger la vida con las dos manos, y hacer una ofrenda a Dios y a los demás desde su inicio hasta su fin.

Entrar en el corazón del Evangelio es como entrar en un rio de gozo, de felicidad y de realismo, que nos permite coger la vida con las dos manos, y ofrecerla a Dios y a los otros, desde su principio hasta su final.

Última actualització: 31 julio 2023

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