Homilía del P. Joan M Mayol, monje de Montserrat de (1 de febrero de 2026)
Sofonies 2:3;3:12-13 / 1 corintis 1:26-31 / Mateu 5:1-12a
Las lecturas que hoy hemos escuchado, hermanos, nacen de una misma certeza: la presencia viva de Dios en el corazón de toda persona. Y cuando esto se percibe de verdad, todo cambia. No porque la vida deje de ser difícil, sino porque ya no estamos solos.
Sofonías nos dice que la felicidad no se esconde en cosas espectaculares, sino en hacer el bien cada día, sin pretensiones y con sencillez. Y san Pablo nos recuerda que esto solo es posible si estamos unidos a Jesucristo. Sin él, vamos perdidos. Con él, descubrimos quiénes somos de verdad. Él es nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra vida.
La vida no es fácil. El mundo está lleno de injusticias, de violencia y de contradicciones. Pero Jesús no nos invita a resignarnos. Nos invita a tomar partido: o por el bien o por el mal, o por el amor o por el egoísmo. No hay término medio. Las bienaventuranzas no son palabras suaves: son una sacudida. Despiertan los corazones más adormecidos e incomodan las conciencias más tranquilas.
Jesús no dice que sea bueno ser pobre, ni sufrir, ni pasar hambre. Dice que no vale la pena vivir a costa de los demás. Que es mejor ser pobre que rico opresor. Mejor llorar que hacer llorar. Mejor pasar hambre que negar el pan a alguien. Felices, no por sufrir, sino por amar sin hacer daño.
Las bienaventuranzas no se entienden con la cabeza, sino con la vida. Desde fuera parecen una locura. Pero quien se atreve a vivirlas descubre una felicidad diferente, más profunda, más real. La felicidad de Jesús.
Y Jesús va todavía más lejos: dice felices a los que son perseguidos a causa del Evangelio. No porque el sufrimiento sea bueno, sino porque cuando alguien te critica o te ataca por vivir el Evangelio, te das cuenta de que lo que vives importa, y mucho. Que tu fe no es un adorno. Que es vida.
Hoy, en la Eucaristía, Jesús se nos da para que tengamos su mismo espíritu. Nos envía a vivir las bienaventuranzas en clase, en el trabajo, en las redes, en casa. No como héroes, sino como personas reales que aman, que perdonan y que no pasan de largo.
Esta es la bienaventuranza de Jesús; la felicidad que no se acaba nunca.
Última actualització: 3 febrero 2026


