Domingo de la XXXII semana de durante el año (8 de noviembre de 2020)

Homilía del P. Bernabé Dalmau, monje de Montserrat (8 de noviembre de 2020)

Sabiduría 6:12-16 / 1 Tesalonicenses 4:13-18 / Mateo 25:1-13

 

Queridos hermanos y hermanas aquí presentes y los que no seguís de lejos,

Acabamos de oír la conocida parábola de las diez vírgenes o muchachas invitadas a una fiesta de bodas, símbolo del reino del cielo, de la vida eterna. Una parábola de las que invitan a la vigilancia, a estar siempre preparados. Una recomendación insistente en estos últimos domingos del año litúrgico y que también caracterizará el inicio del tiempo de Adviento. “Estad preparados, porque no sabéis ni el día ni la hora”. Debemos, pues, estar atentos, porque la situación presente de epidemia a escala mundial nos suscita muchas preguntas. Y también conviene que, cuando reflexionamos a la luz de nuestra fe, la imagen que tenemos de Dios debe estar en acuerdo con el designio con el cual ha creado el mundo y ha puesto en el centro al ser humano.

También el evangelio de hoy, como todas las parábolas de Jesús, nos da a conocer el designio de Dios pero al mismo tiempo nos lo oculta, a fin de que sepamos captar el toque de atención que Jesús nos hace. Los detalles suplementarios de lógica humana en este caso no tienen importancia. Por ejemplo, que las cinco chicas prudentes no sean solidarias hacia las demás, o bien cuál establecimiento está abierto a medianoche para comprar aceite, este producto mediterráneo tan antioxidante para la salud y tan abrasador para atizar antorchas.

“¿Qué representa este «aceite», indispensable para ser admitidos al banquete nupcial? San Agustín (cf. Discursos 93, 4) y otros autores antiguos leen en él un símbolo del amor, que no se puede comprar, sino que se recibe como don,

se conserva en lo más íntimo y se practica en las obras. Aprovechar la vida mortal para realizar obras de misericordia es verdadera sabiduría, porque, después de la muerte, eso ya no será posible” (Benedicto XVI, 6.11.11).

Por eso la lectura primera invitaba a levantarse pronto para salir a buscar tal sabiduría. De hecho, el evangelio de la próxima fiesta de Cristo Rey, describiendo el Juicio final, será algo más que una simple invitación a estar atentos. Será una interpelación sobre si hemos sido prudentes, llenos de la sabiduría que la catequesis cristiana ha sistematizado en las llamadas obras de misericordia: “Estuve hambriento y no me disteis de comer, sediento y no me disteis de beber, era forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y encarcelado y no me visitasteis”.

¡Aceite de calidad para las lámparas! Amor, pues, que no se puede comprar, sino que se recibe como don, se conserva en lo más íntimo y se practica en las obras. “Y este amor es don de Cristo, derramado en nosotros por el Espíritu Santo. Quien cree en Dios-Amor lleva en sí una esperanza invencible, como una lámpara para atravesar la noche más allá de la muerte, y llegar a la gran fiesta de la vida” (Benedicto XVI, ib.).

Que podamos acoger siempre tal don, con el realismo que la hora presente nos ofrece, pero también sabiendo sostener alta la lámpara de la fe.

Anton GordilloDomingo de la XXXII semana de durante el año (8 de noviembre de 2020)

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