Domingo XXXIII del tiempo ordinario (14 de noviembre de 2021)

Homilía del P. Damià Roure, monje de Montserrat (14 de noviembre de 2021)

Daniel 12:1-3 / Hebreos 10:11-14.18 / Marcos 13:24-32

 

Estamos terminando el año litúrgico. El próximo domingo es Cristo Rey y el siguiente domingo empezaremos el tiempo de Adviento, que nos ayudará a preparar la Navidad.

Las lecturas de la misa de hoy nos hacen tomar conciencia de la tensión que vivimos entre lo que nosotros, por nuestra parte, podemos conseguir con nuestra buena voluntad y, por otra parte, lo que Dios nos ofrece generosamente en Jesucristo, que ilumina nuestra inteligencia y nuestro corazón y nos abre siempre un camino a seguir. A lo largo de nuestra vida, el ejemplo de Jesús y sus palabras nos ayudan a seguir adelante para conseguir lo mejor, que es lo que Dios espera de nosotros.

El profeta Daniel nos decía en la primera lectura que, a pesar de todas las pruebas de la vida, los justos resplandecerán como el sol y «los que enseñaron a muchos la justicia, brillarán como las estrellas por toda la eternidad». Con estas palabras, Daniel, nos anima a vivir con coraje, de forma solidaria, y a trabajar para crear un mundo pacífico y una buena convivencia. Sabemos que el proyecto de Dios es un proyecto de salvación, y que tanto los cristianos como toda la gente de buena voluntad trabajamos para crear un espacio amplio de respeto, de cariño y de justicia.

El Salmo que hemos cantado nos dice: «Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré… no dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida». Con la ayuda de Dios vamos siguiendo este camino que se apoya en el fondo de bondad que existe en lo más íntimo de cada persona, en el interior de todos nosotros. De este tesoro de bondad debe salir una buena y noble relación con todos, en un ambiente de buena convivencia, que nos ayude a poner en práctica los dones que Dios ha dado a cada uno. Un camino que debe llevarnos a una vida recta y justa, gracias a los dones de Dios y a nuestra responsabilidad personal.

Que el camino no siempre es fácil nos lo dice la 2ª lectura de la Carta a los Hebreos, cuando nos presenta a Jesucristo que nos habla no sólo de palabra, sino también, con su ejemplo, manteniéndose firme hasta dar su vida para restablecer la plena humanización de la persona. Tal y como lo dice la carta a los Hebreos, «Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados». En medio de las dificultades que podemos sufrir, Jesucristo nos abre un camino, nos infunde coraje y fortaleza a cada uno de nosotros. Así podremos avanzar siempre de nuevo y podremos valorar y apreciar lo importante que es tratar bien a todo el mundo y compartir un auténtico espíritu de reconciliación y de solidaridad, abriendo siempre espacios de diálogo, tan necesarios hoy en día, para vivir dignamente y en paz. 

El evangelio nos habla de la reunión de todos los elegidos, de toda la gente de buena voluntad que vendrá de todos los cuatro vientos de la tierra. Será un gran banquete de fiesta. Y para participar plenamente, nos llena de esperanza la obra que Cristo cumple en cada persona a través de su Espíritu de amor. De esta forma nos propone vivir con sinceridad, con humildad y con una disposición realista para mejorar lo que sea necesario e ir siempre adelante. En esta línea, tenemos la suerte de poder acoger la bondad de Dios que nos infunde confianza y nos empuja a trabajar responsablemente de forma constructiva. 

Las lecturas de la misa de hoy nos ofrecen, pues, un mensaje de esperanza para el hoy de nuestra iglesia y de nuestra sociedad, en constante diálogo con aquellos valores éticos que fundamentalmente compartimos y que creemos más necesarios. Para seguir adelante, confiamos en que no nos falte nunca la ayuda del Señor, ni la intercesión de la Virgen de Montserrat a la que veneramos de todo corazón y que nos acoge amorosamente en este santuario.

Abadia de MontserratDomingo XXXIII del tiempo ordinario (14 de noviembre de 2021)