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Domingo XI del tiempo ordinario (18 de junio de 2023)

Homilía del P. Josep M Soler, Abad emérito de Montserrat (18 de junio de 2023)

Éxodo 19:2-6a / Romanos 5:6-11 / Mateo 9:36-10:8

 

El evangelio de hoy, hermanos y hermanas, nos presenta los inicios de la misión evangelizadora de Jesús. Podemos distinguir tres momentos. Primero nos dice cuál es su razón. Jesús ve ante sí a las muchedumbres y se da cuenta de que están extenuadas y abandonadas. Que no tiene horizontes claros ni dirigentes capaces de guiarla positivamente. Y esto lleva a las personas a la desesperanza y a la postración. Compara esta situación de la multitud a las ovejas que no tienen pastor, que están abandonadas a su suerte, que no saben adónde ir, que se dispersan para encontrar pastos y bebederos que satisfagan sus necesidades vitales. Jesús ve este panorama y se compadece, y decide enviar a unas personas que atiendan las carencias de la gente y les ayuden a salir de la falta de esperanza.

La misión cristiana es, por tanto, fruto del amor compasivo de Jesús ante las necesidades de las personas. Las necesidades del espíritu y las del cuerpo. Él quiere llevar a todos a la plenitud personal, según el don que cada uno ha recibido al ser llamado por Dios a la existencia.

Después, el evangelista nos habla del segundo momento de los inicios de la evangelización. Es el envío de los doce discípulos; un grupo muy variado por su formación, por su cultura, por su profesión, por sus ideas políticas. Sin embargo, todos ellos reciben la confianza de Jesús y están llamados a compartir su misión de atender a las personas y de apoyar a la gente en nombre de Jesús y según su manera de hacer. Estos doce son los primeros de una gran multitud de obreros enviados al campo del mundo a lo largo de los siglos. Siempre para continuar la misión de Jesús que es de amor, servicio y liberación. Él mismo nos dice que debemos orar para que al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Es decir, que Dios encienda en la intimidad de las conciencias el deseo de ser colaborador de la misión de Jesucristo en favor de los hermanos y hermanas en la fe y en favor de toda la humanidad para ofrecerle la Palabra de vida, llamar -la esperanza, y ayudarla a superar los problemas que le afectan.

Por fin, en un tercer momento, el evangelista nos decía cuál es la tarea concreta de estos enviados. Tanto los doce primeros como todos los demás, deben anunciar el Reino de los cielos y, por tanto, deben dar vida y esperanza, deben liberar del mal que oprime a las personas y curar las enfermedades del cuerpo y del espíritu. Al principio, Jesús envía sólo a ejercer esta misión dentro del pueblo de Israel. Después se extenderá a todo el mundo, porque todos los hombres y mujeres son hijos de Dios y tienen un destino eterno; el Padre celestial los ama todos individualmente y quiere que vivan sin opresiones ni angustias. En su origen, pues, la misión evangelizadora de la Iglesia está -como ya hemos visto- el amor misericordioso y compasivo de Jesucristo, que hace visible el amor misericordioso y compasivo de Dios. Esta misión evangelizadora, que empezó con los doce en torno a Jesús, en los tiempos de la Iglesia tiene una gran diversidad de funciones, de servicios, de carismas (1C 12, 4-6). Y no es exclusiva de los obispos, presbíteros y diáconos. Todo cristiano es enviado a contribuir a la misión de Jesucristo en favor de la humanidad. Todo bautizado está llamado a anunciar el Reino de Dios y a irlo haciendo presente aquí en la tierra para que transforme las realidades humanas, para hacer un mundo más solidario, pacífico y fraterno.

También nosotros estamos llamados. También nosotros somos enviados en misión por Jesús, y la tarea debe empezar en nuestro entorno para llegar hasta donde podamos. Y esto gratuitamente, generosamente, según el modelo de Jesús. La tarea es inmensa, basta tener presentes las noticias de cada día: emigrantes que salen de sus países en busca de mejores condiciones y muchos mueren por el camino y otros son rechazados, violencia en las familias, agresividad en muchas de las relaciones familiares y sociales, depresiones y suicidios, guerras y torturas en diversos puntos de la geografía, pobreza y marginación en crecimiento, y tantas otras situaciones. El diagnóstico que hacía Jesús en el evangelio sigue siendo muy actual en el año 2023: las muchedumbres, …, extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Y él sigue apiadándose y llamándonos a la responsabilidad de ser colaboradores suyos para transformar estas situaciones en bien de las personas.

Sin embargo, los cristianos no podemos limitarnos a la acción social, como una ONG humanitaria. Debemos hacerlo desde la fe y el amor, viendo a Cristo presente en el otro. Y esto en una doble dimensión, pero de forma simultánea e inseparablemente unida. Por un lado, debemos darles a conocer el amor que Dios les tiene con los horizontes de esperanza que ello conlleva. Y, por otra parte, debemos trabajar para resolver los problemas personales y sociales que hacen sufrir a las personas. Y debemos favorecer que tengan un encuentro personal con Jesucristo, que da esperanza y transforma la vida. Además, siguiendo la palabra de Jesús, oremos para que seamos muchos los que nos dediquemos a trabajar en su campo del mundo y a comunicar el gozo del Evangelio.

El amor compasivo de Jesucristo, que es reflejo del del Padre celestial, le ha llevado a quedarse entre nosotros para ayudar a nuestra misión en el mundo. En la eucaristía él nos cura y nos da esperanza, él hace eficaz nuestra acción misionera y evangelizadora.

 

Última actualització: 18 junio 2023

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