La Natividad de la Virgen y profesión del G. Frederic Fosalba (8 septiembre 2023)

Homilía del P. Manel Gasch i Hurios, Abad de Montserrat (8 de septiembre de 2023)

Miqueas 5:1-4a / Romanos 8:28-30 / Mateo 1:1-16.18-23

 

Con la gente famosa o conocida, por las razones que sea, desde los santos hasta los deportistas, o también con la gente que amamos especialmente, tenemos una tendencia natural a conocerlos más y mejor, y por tanto a saber dónde han nacido, quiénes son sus padres, dónde han estudiado, con quienes viven y tantas otras cosas personales. Esto lo hacemos para tener perspectiva, que es una palabra que significa “mirar a través de”, o también “mirar más profundamente”.

Estimando cómo amamos a Jesucristo no es extraño que desde el principio todo lo que le rodeó en el tiempo de su vida en la tierra, haya sido un tema de interés profundo, un intento de tener una perspectiva mejor para comprender quién es Él, qué quiso decir su vida, qué ocurrió después de su muerte. Él es el foco al que se dirigen todas las miradas, él es también la luz que ilumina estas perspectivas que lo contemplan. De todas las personas de su entorno, el lugar privilegiado de su madre, Santa María forma parte de nuestra fe y de la revelación cristiana. Por eso en algunas fiestas marianas celebramos los momentos de la vida de la Virgen María como pre-historia de Jesucristo, ya sea en su Inmaculada Concepción, en su Natividad, hoy, o en el momento de la Anunciación y en otras fiestas, como la Asunción de Santa María al cielo, en que celebramos, podríamos decir, la post-historia de Jesucristo, todo lo que continuó después, con su resurrección, que es ya historia de la comunidad cristiana.

Nos admira pues esta presencia de María, antes, durante y después de Jesucristo, como envolviendo la vida de su Hijo, siendo realmente Arca de la Nueva alianza.

De este modo, al igual que algunos objetos nos ayudan a comprender sus matrices, Santa María es por tanto una perspectiva, la mejor perspectiva de Jesucristo, nos ayuda a mirarle y mirarle con más profundidad. La Virgen nos ayuda a entender a Jesucristo, aunque Él como el modelo de toda la humanidad, es también el origen de su propia madre de quien decimos poéticamente en una antífona: “Eres madre del que te ha creado”.

Perspectiva también es una palabra que se puede entender como un sinónimo en el sentido de ser un buen punto de vista. Todo lo que hace la Biblia es darnos mejores perspectivas para conocer a Dios y para comprender a Jesucristo.

Un ejemplo para que los escolanes lo entendáis es que tenemos muchas personas en la historia que son como microscopios o telescopios, es decir, instrumentos que nos ayudan a ver con mucho más detalle una realidad o a ver lo que por estar tan lejos no veríamos o nos costaría ver. Estos instrumentos nos dan perspectivas. A Dios nadie le ha visto nunca, pero por Jesucristo, ante todo, y por Él, con la Virgen María y con todos los santos y profetas, tenemos estos instrumentos que sí nos permiten ver, conocer y amar a Dios.

Centrándonos sólo en la primera lectura de la misa de hoy, encontramos la óptica del profeta Miqueas, una visión previa al Mesías, que reconocemos en Jesús de Nazaret, en la que nos dice que ese que está por venir será el que traerá la unidad y la paz. La unidad porque nos decía el profeta que este Mesías hará volver a todos a casa.

Como cristianos quisiéramos ser testigos de unidad y de paz. Son dos insignias mesiánicas, aplicadas a Cristo, que amamos especialmente los monjes benedictinos.

La unidad, por la que nuestras comunidades querrían ser signos de una iglesia que acoge a los hijos y las hijas de Dios como una sola familia. Aquí en Montserrat la presencia de la Virgen María, nos da una referencia más fuerte a estos vínculos fraternales y familiares que quisiéramos tener entre nosotros y con todos. Una unidad que queremos vivir en comunidad, una familia que hoy se hace algo mayor con la profesión solemne, esto es el compromiso definitivo a vivir como monje en este monasterio de Montserrat, de nuestro hermano Federico. Dios bendice ese buen deseo de unidad que acompañamos cantando el salmo, “qué bueno y agradable vivir todos juntos los hermanos”.

Dios hace de nuestra comunidad un signo de una mayor unidad, la de la Iglesia, que a su tiempo quiere simbolizar la de toda la humanidad. En un mundo tan dividido, con tantas guerras, violencias, explotaciones, tanto daño que me atrevo a decir que tiene su origen en una mirada individualista, protectora siempre de lo mío, debemos recordar que todos los seres humanos estamos llamados a ser uno en Jesucristo. El signo generoso y sencillo de esta mañana, de optar por una vida en común según la llamada de Jesucristo, es una esperanza para todos los que creemos en Dios y en las posibilidades de las personas humanas.

También la paz es amada en los monasterios. San Benito en su Regla la pone como uno de los bienes que el monje debe buscar y conseguir. La paz que deseamos a todos los que entran en nuestro santuario, en el monumento llamado precisamente Pax Vobis, en la carretera antes de la curva de los Apóstoles. Una paz que debe empezar en una reconciliación dentro de nosotros, escuchando qué nos pide la voz de Dios y procurando ser dóciles.

Unidad y paz son formas de vivir Jesucristo. Lo son para los cristianos y lo son por los monjes. Siguiendo el ejemplo de Santa María, viviendo así, reflejamos la luz de Cristo y nos volvemos también nosotros perspectivas de Cristo. Y lo más increíble es que cada uno es una perspectiva necesaria, única e insustituible en la familia cristiana.

Tu donación a Dios hoy, Federico, te lleva a ser servidor como María. Ella, siendo quien era, no dudó en reconocerse pequeña ante la grandeza de Dios. Imitemos esta humildad que es la mejor virtud, imprescindible para ser discípulos en esta escuela que es el monasterio y bajo la instrucción de la Regla de Sant Benito. Ninguna palabra mía podría igualar las que rezaremos en la oración de consagración. Escúchalas bien. Está todo.

Los escolanes saben bien que desde hace un año el hermano Frederic es el subprefecto de la Escolanía. Por tanto, el sitio principal, no el único, donde en nombre de la comunidad le he pedido que se haga servidor de Jesucristo. Me gusta deciros esto y que lo entendáis. La vocación de Federico, como la de todos nosotros no es ser maestro o educador, es ser monjes. Todo lo que hacemos por vosotros, muy especialmente los monjes que están en la Escolanía, lo hacemos por amor a Jesucristo, a Montserrat y también a la Escolanía que es una parte de Montserrat.

¡El monasterio pide a estos hermanos que busquen esta paz y esta unidad entre vosotros! Es un reto importante, ¿no? ¡Ponédselo un poco fácil! Dios también quiere de vosotros que viváis unidos y en paz, y cantar juntos todos los días a la Virgen, la Reina de la paz, es una muy buena escuela. Cuando cantáis siempre estáis unidos y en paz. ¡Aplicadlo a la vida!

En la unidad, en la paz, en el servicio, Jesucristo te llama a comprometerte. A consagrarte, que es retirarte para descubrir quién eres y poder ofrecerlo a los demás. La consagración al amor, a la vida y a la verdad son una forma de vincularse más profundamente a la humanidad. En un proceso que no acaba hoy, sino que es como un círculo que empezó cuando decidiste emprender ese camino y que se irá repitiendo hasta el final.

Sólo Él, Jesucristo, es capaz de pedir esto y de llevarlo a plenitud, Él da la luz y la gracia para que con todo lo que eres y tienes, seas siempre una perspectiva, un punto de vista desde donde se le vea a Él.

Y nosotros no podemos hacer otra cosa que darle gracias por todo esto.

Abadia de MontserratLa Natividad de la Virgen y profesión del G. Frederic Fosalba (8 septiembre 2023)

Fiesta de la Transfiguración del Señor. Profesión Temporal del G. Frederic Fosalba (6 agosto 2020)

Homilía del P. Josep M Soler, Abad de Montserrat (6 agosto 2020)

2 Pedro 1:16-19 – Mateo 17:1-9

 

Jesús deja ver a los discípulos que lo acompañarán en su anonadamiento en Getsemaní, su filiación divina en el estallido glorioso de la transfiguración. De esta manera, hermanos y hermanas, los discípulos, en la cima de aquella montaña alta, experimentan una anticipación de la bienaventuranza futura. Sienten tal plenitud que quieren alargar ese momento de felicidad: Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas, dice Pedro expresando el sentimiento de los otros dos.

Y, ¡qué cristiano no querría estar con Jesús, y alargar el encuentro contemplando su rostro resplandeciente, que es transparencia de su divinidad! Pero esto no les es dado, a los discípulos que lo acompañan. Aquella experiencia duró poco: cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo, con el rostro al que estaban acostumbrados a ver, a veces sudoroso, a veces agobiado por el cansancio, y con los vestidos empolvados de cada día. Alargar aquellos momentos no se dado a los tres discípulos.

La cara brillante como el sol y los vestidos blancos como la luz manifiestan su divinidad y significan que Jesús es plenitud, transparencia y comunicación de la divinidad, amor sin límites, luz de la humanidad, bondad infinita, portador de salvación, de curación, de felicidad. Sabiendo esto, pero sin ver nada más que la realidad que los rodea y encaminándose hacia la pasión inminente, los discípulos tendrán que aprender a escuchar la voz de Jesús sin ver su gloria, pero creyendo en su condición divina y esperando con fe vacilante el poder participar. Es lo que tenemos que hacer, también, nosotros. Escuchar su palabra, tal como dice la voz del Padre, y recorrer un camino espiritual que, a pesar de las dificultades que podamos encontrar, por la fe nos una a Jesucristo, el Hijo amado del Padre y el objeto de sus complacencias. Así nuestra vida podrá ir convirtiéndose en transparencia del Evangelio. Y al término de este camino, lo podremos contemplar glorioso y podremos recibir el don de participar de su vida divina.

Los monjes y las monjas, tanto del oriente como del occidente cristiano, tenemos una veneración espiritual por esta fiesta de la Transfiguración en la que se nos propone contemplar en la fe la gloria de Jesucristo, de poder estar con él intensamente escuchando, acogiendo y haciendo vida su Palabra, y así ir dejando que la vida divina vaya penetrando nuestro interior. Por este motivo, hemos escogido esta fiesta para la primera profesión del G. Frederic. San Benito mismo presenta el itinerario de la vida monástica de una manera que nos remite al episodio de la Transfiguración y a la experiencia espiritual que conlleva para los que son discípulos del Señor.

Ya en los inicios de la Regla, San Benito pregunta «¿quién puede […] descansar en tu monte santo?» (RB Prólogo, 23) e invita a abrir «los ojos a la luz deifica» y a escuchar «atónitos […] la voz de Dios» (RB Prólogo, 9). Cuando San Benito habla de la «montaña santa» se refiere al lugar del encuentro con Dios que comienza en esta vida en la Iglesia, y para los monjes también en la comunidad monástica, pero que termina en el cielo, el lugar definitivo del reposo, de la felicidad y de la plenitud existencial; el lugar de la comunión plena con Dios y de la contemplación del rostro glorioso de Jesucristo. Para poder llegar allí, san Benito, enseña un proceso de transformación espiritual -de «transfiguración», podemos decir-, consistente en dejarse iluminar por la luz que viene de Jesucristo ya escuchar su voz para acoger su palabra en lo más íntimo de uno mismo y dejar que vaya arraigando para irla poniendo en práctica y ser testigo ante los demás, más con la vida que con la palabra.

Por eso, san Benito pone la persona de Jesucristo resucitado, glorioso, en el centro de la vida del monje y el centro de la vida de la comunidad, para que quede bien claro cuál es el objetivo de la vida monástica y más en general de la vida cristiana: ser transformado según la imagen de Jesucristo y llegar a participar de su gloria, después de haber participado, también, de sussufrimientos en la vida de cada día (cf. RB Prólogo, 50). Jesucristo es el Señor y el compañero de ruta, es el testimonio íntimo de la propia existencia y el vínculo de la comunión fraterna entre los hermanos; él es la causa de la alegría espiritual que experimenta el monje mientras se va trabajando para reproducir en él la imagen de Jesucristo; él, el Cristo, es el término hacia el cual se encamina la vida del monje cuando nos reunirá a todos en la vida eterna (cf. RB 72, 12). Abriendo, pues, los ojos de la fe a la luz que nos ofrece Jesucristo y acogiendo y poniendo en práctica su palabra podremos encontrar el reposo, la paz y la alegría y llegar al término feliz de nuestra vida participando de la gloria de Jesucristo. Este proceso no es sólo propio de los monjes, todos los bautizados están llamados a seguirlo. Este es el camino que hoy el H. Frederic Fosalba se compromete a recorrer en el seno de nuestra comunidad, compartiendo la ruta con los hermanos, dejándose iluminar por el Evangelio. Después de una buena experiencia de trabajo, de actividades solidarias para ayudar a los demás, de servicio a la parroquia, hace tres años comenzó la iniciación monástica en nuestro monasterio, en un proceso de discernimiento mediante el cual escuchar la voz del Señor, de la guía espiritual y de convivir con los hermanos. Hoy, terminada la segunda parte de la iniciación monástica y aceptado por la comunidad, toma en la Iglesia el compromiso de vivir como monje en espera del momento de hacer la profesión definitiva. Ahora le acompañamos con nuestra oración y lo ponemos bajo la protección de la Virgen para que sea siempre fiel escuchando la Palabra de Jesucristo y ponerla en práctica en bien de los hermanos de comunidad y de todos los que se acercan a Montserrat.

Abadia de MontserratFiesta de la Transfiguración del Señor. Profesión Temporal del G. Frederic Fosalba (6 agosto 2020)