4 de marzo de 2024 Lunes día de libre elección (Ex 17, 1-7)

Los israelitas ante las dificultades que tenían en su peregrinación por el desierto con el objetivo de llegar a la tierra prometida se hacían esta pregunta: «¿El Señor está con nosotros o no lo está?» ¿No te has hecho nunca esta pregunta ante las dificultades que tú u otros como tú encuentran? No pienses que hacerse esta pregunta sea incorrecto; a menudo lo es la respuesta, porque detrás de la respuesta está la concepción que tienes de Dios. ¿Qué haces para conocerlo? ¿Le deseas como el enamorado desea vivir el amor?

Señor, ábreme el entendimiento, ábreme el corazón, para que pueda conocer mejor qué quieres de nosotros.

Abadia de Montserrat4 de marzo de 2024 Lunes día de libre elección (Ex 17, 1-7)

3 de marzo de 2024 Domingo III cuaresma (Ex 20, 1-17)

El texto que la Iglesia nos propone leer es fundamentalmente los diez mandamientos, pero enriquecidos con aspectos que no estamos acostumbrados a conocer. Detrás de las palabras nos describe el fondo de la actitud que Dios quiere de los hombres: el respeto profundo por quien es tu prójimo, no inventarse un dios diferente al único Dios verdadero a quien rendir culto. Dios da estas prescripciones porque: «te saqué… de la casa de esclavitud». Dios quiere que conservemos la verdadera libertad y que no seamos de nuevo esclavos de nada, ni de nadie. Los mandamientos de la ley de Dios ¿son para ti el camino de la libertad? ¿Encuentras dificultades para que sea verdad en ti?

Señor, ilumina mi inteligencia para que descubra que tu ley es perfecta.

Abadia de Montserrat3 de marzo de 2024 Domingo III cuaresma (Ex 20, 1-17)

2 de marzo de 2024 Sábado II cuaresma (Mi 7, 14-15.18-20)

Miqueas se pregunta: «¿Qué Dios hay como tú», Y él se responde: «capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad? No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia». Es tan importante conocer los propios pecados, como estar convencido de que Dios está dispuesto a perdonarlos.

Deja que hoy resuene dentro de ti: «Tú perdonas las culpas, porque amas la bondad».

Abadia de Montserrat2 de marzo de 2024 Sábado II cuaresma (Mi 7, 14-15.18-20)

1 marzo 2024 Viernes II cuaresma (Gn 37, 3-4.12-13a.17b-28)

Hoy, el libro del Génesis nos explica la historia de José, víctima de la envidia de sus hermanos, hasta el punto que algunos deseaban matarlo.

Señor, que la envidia no pudra mi corazón, ni los de los que conmigo caminan.

Abadia de Montserrat1 marzo 2024 Viernes II cuaresma (Gn 37, 3-4.12-13a.17b-28)

29 de febrero de 2024 jueves II cuaresma (Jr 17, 5-10)

Las palabras que Jeremías pone en boca del Señor impresionan: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor». ¿Cuántas veces he manipulado a mi prójimo para mi comodidad?

Señor, que sea siempre consciente de que soy un instrumento a su servicio.

Abadia de Montserrat29 de febrero de 2024 jueves II cuaresma (Jr 17, 5-10)

28 de febrero de 2024 miércoles II cuaresma (Jr 18, 18-20)

La experiencia de Jeremías es negativa cuando él se había presentado al Señor para interceder a su favor (del pueblo) para que no fuera tan severo con ellos. Ahora se encuentra que le quieren mal. A Jesús le pasó similar. ¿También yo he de devolver mal por bien alguna vez?

Señor en la cruz dijiste: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen; hoy yo me atrevo a decirte lo mismo.

Abadia de Montserrat28 de febrero de 2024 miércoles II cuaresma (Jr 18, 18-20)

27 de febrero de 2024 martes II cuaresma (Is 1, 10.16-20)

El profeta Isaías también nos dice a nosotros: «Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien. Buscadla justicia, socorred al oprimid…». ¿Qué debo hacer para lavar mi corazón hasta quedar limpio? Ten coraje de hacerlo. Dios te espera purificado.

Señor, ayúdame a limpiar mis obras, mi mirada, mis sentimientos.

Abadia de Montserrat27 de febrero de 2024 martes II cuaresma (Is 1, 10.16-20)

26 de febrero de 2024 lunes II cuaresma (Dn 9, 4b-10)

¿Puedo hacer mías las palabras del libro de Daniel cuando dice: «Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti»?

Señor, que sea capaz de asumir todos mis errores.

Abadia de Montserrat26 de febrero de 2024 lunes II cuaresma (Dn 9, 4b-10)

Domingo II de Cuaresma (25 febrero 2024)

Homilía del P. Carles-Xavier Noriega, monje de Montserrat (25 de febrero de 2024)

Génesis 2:1-2.9a.10-13.15.18 / Romanos 8:31b-34 / Marcos 9:2-10

 

Del desierto a la montaña. La Cuaresma nos lleva en el espacio de una semana a dos sitios completamente diferentes, casi opuestos, y con tiempo igualmente opuestos. El pasado domingo, el Evangelio nos hablaba de la estancia de Jesús en el desierto durante 40 días, humanamente solo, aparte del tentador por un lado y los ángeles por el otro. Hoy, el evangelista Marcos nos lleva a lo alto de una montaña donde está Jesús, con tres de sus discípulos, y con Moisés y Elías. Por la forma en que se narra el episodio, podríamos incluso aventurar que habrá durado, no 40 días, sino quizás menos de 40 segundos…. De hecho, el lenguaje utilizado por el evangelista más que describir la escena exteriormente, desde el punto de vista de los ojos y oídos de los apóstoles, elige el punto de vista del corazón y de la fe.

Jesús ya había predicado el Evangelio por toda Palestina, y ya había elegido, entre los muchos que le seguían, doce más cercanos a los que llamó apóstoles, pero la Buena Nueva sólo había sido comprendida en una pequeña parte: sus discípulos seguían siendo dubitativos y tibios, y sobre todo tenían una idea distinta de la mesianidad de Jesús. Para confirmar en la fe al menos a los más cercanos, después de haberlos instruido a todos sobre su futura pasión y su negación del mundo, «Jesús tomó con él Pedro, Santiago y Juan, se los llevó aparte todos sólo en lo alto de una montaña alta y se transfiguró delante de ellos».

Tanto Marcos, como Mateo y Lucas, sitúan el evento los días inmediatamente posteriores a la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo. Es un momento decisivo en la vida de Jesús. Un momento marcado también por el progresivo alejamiento de las multitudes de Galilea. El relato de la transfiguración se inserta, pues, en un movimiento de pensamiento en cuyo centro se encuentran los temas entrelazados de la identidad mesiánica y divina de Jesús y la necesidad de que el discípulo sufra para seguirle.

Marcos le sitúa en el centro de su relato evangélico, como para subrayar su centralidad tanto en la vida de Jesús como en la de la comunidad cristiana que representan a los tres discípulos. Han pasado seis días y, en el séptimo día, los tres discípulos, junto con Jesús, suben a la montaña donde tiene lugar la transfiguración. Es una escena extraordinaria que muestra claramente quién es Jesús: el Mesías que las Escrituras habían predicho. Es la segunda vez, después del bautismo, que el evangelista hace oír la voz del cielo en la tierra. Pero como tantas veces en el Evangelio de Marcos, Jesús prohíbe dar a conocer lo que había pasado: “les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de entre los muertos”.

Se trata de levantar un poco el velo para descubrir lo que se esconde debajo, pero esto sólo ocurrirá completamente hacia el final de los días de Jesús, a la luz de su Misterio Pascual. La transfiguración es un momento, un destello de gloria para revelar a los discípulos el significado de ese momento de intimidad. Esta transfiguración temporal debe sostener la fe de los discípulos y convencerles de que pueden confiar completamente en sus manos, puesto que en este hombre de apariencia ordinaria habita la plenitud de la divinidad.

Pero es el miedo lo que hace hablar a Pedro. Y, en ocasiones, es el miedo lo que nos hace buscar seguridad incluso en la fe. «Tres chozas», para tener bajo control lo que no se puede tener bajo control, es decir, el Misterio. Pero tener fe no significa montar una tienda como certeza que tranquiliza. Significa, en cambio, «escuchar» al Hijo Querido.

Y el mensaje de este Hijo es de una sencillez desarmante: ¡bajad de esta montaña! No nos gusta bajar. No nos gusta la «cruda realidad» de nuestras vidas. Siempre queremos efectos especiales. Pero nadie puede llegar a comprender la Pascua a menos que «baje». La teología llama a este proceso kénosis, y es el camino trazado por Jesús.

El sentido de la vida no se encuentra en la fuga de la realidad, sino en el fondo de la realidad. Hay que beber hasta el fondo todo el cáliz amargo de lo que somos, de lo que vivimos, de lo que nos pasa para seguir de verdad al Hijo de Dios. No existe alternativa. Nadie puede decir que escucha al Hijo si no se toma en serio lo que está viviendo en este momento, su realidad desnuda y cruda. Pero no una escucha cualquiera, sino una escucha amorosa.

Hermanos y hermanas, siempre es difícil bajar del Tabor, porque siempre es difícil amar lo que está ahí y no lo que nos gustaría que estuviera allí. Pero el discipulado es precisamente seguirle con confianza en ese esfuerzo. El cristianismo es vivir a Su manera, no a nuestro modo. Sólo así se consigue escalar otra montaña, el Calvario. Solo siguiéndolo con esa confianza se llega más allá de lo que parece ser el final. Sólo así se pasa de las tinieblas a la luz de la Pascua.

Abadia de MontserratDomingo II de Cuaresma (25 febrero 2024)

25 de febrero de 2024 Domingo II cuaresma (Gn 22, 1-2a.9a.10-13.15-18)

Parece, a primera vista, que Dios pide a Abraham hacer una locura con su hijo único: matarlo para ofrecerlo como sacrificio, pero el texto nos enseña que Dios mismo a través del ángel impide hacer una barbaridad semejante. Los estudiosos dicen que desde entonces se entendió que no hacían falta sacrificios humanos. Pero el texto subraya que Dios elogia y bendice Abraham: «por haber hecho esto, por no haberle reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones…». Abraham es tenido por padre de los creyentes por su capacidad de saber escuchar a Dios. A ti, ¿qué te parece que te pide Dios? ¿Lo escuchas en el fondo de tu corazón?

Señor, enséñame a escuchar-Te.

Abadia de Montserrat25 de febrero de 2024 Domingo II cuaresma (Gn 22, 1-2a.9a.10-13.15-18)

Sábado I de Cuaresma (24 febrero 2024)

Homilía del P. Manel Gasch i Hurios, Abad de Montserrat (24 de febrero de 2024)

Deuteronomio 16:16-19 / Mateo 5:43-48

 

Las lecturas de hoy, queridos hermanos y hermanas, que son las que corresponden a este primer sábado de la semana de Cuaresma, nos invitan a la radicalidad. La lectura del libro del Deuteronomio retoma el tema de la confesión de fe de Israel, es necesario amar a Dios “con todo el corazón y con toda el alma” y lo aplica a la obediencia y a la práctica de lo que Dios quiere. Obediencia y práctica porque nuestra fe está hecha de convicciones y obras. Unas sin otras no se sostienen. 

Confesar la Trinidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo y confesar la Encarnación de este Hijo en la persona de Jesucristo será siempre el centro ineludible, el fundamento, lo que los antiguos llamaban el punctum stantum et cadentem, el punto donde todo se sostiene o todo cae del cristianismo. 

En nuestra sociedad se intenta a veces prescindir de este núcleo y presentar la fe cristiana como una especie de voluntariado realizado sólo de valores humanistas, de compasión, de una antropología que parece omitir la dimensión genuinamente creyente. El voluntariado está muy bien, pero nosotros queremos algo más, nosotros empezamos en otro sitio, nosotros tenemos nuestro origen y nuestro destino en la persona de Jesucristo, aunque sea difícil y que alguna gente no nos comprenda. 

Pero de la confesión el Señor nos pide que pasemos a la acción y no a una acción cualquiera, sino a la que llega al amor más fuerte, al amor más contradictorio, al amor a los enemigos. 

Esto es lo que nos decía el Evangelio, amar así es lo que nos acerca al Dios grande y fuerte, al Dios misericordioso, que como rezamos en esta cuaresma se deja vencer por nuestra humildad y nuestra penitencia. 

Mantenerse firmes en la exigencia evangélica nunca ha sido fácil. Es en el fondo un don de Dios y por eso en este camino de radicalidad nos ayudan los testimonios privilegiados que nosotros veneremos y que la Iglesia proclama a santos. Entre ellos, san Josemaría Escrivá de Balaguer, que con sus obras apostólicas marcó la vida de tanta gente y enriquece la comunión de los santos y el beato Álvaro que le siguió en su misión. 

La mayoría de vosotros, conoce mucho mejor que yo el carisma de san Josemaría y no he pretendido ser yo que os dijera a vosotros una palabra sobre su enseñanza, pero en las lecturas de hoy, tanto el autor del Deuteronomio como Jesucristo en el Evangelio, invitan a todos a la santidad, a la radicalidad del evangelio y san Josemaría tomó esta idea y le dedicó la vida: invitar a cristianos a seguir a Jesucristo y su Evangelio. La asamblea de hoy, esta celebración es una muestra de que la huella que él dejó en esta idea de ser discípulo arraigó profundamente en nuestra tierra catalana como lo hizo en todo el mundo. 

Jesucristo ha venido a nosotros para contarnos humanamente quién ese Dios bondadoso, ese Dios que perdona, ese Dios humilde que no se impone, que deja a cada uno de nosotros la decisión final, por eso nuestra libertad es tan importante. 

Dios quiere hacerse especialmente presente en algunas personas y también en algunos lugares. Pertenece a su libertad hacerlo así. 

Los monjes de Montserrat, al menos es mi percepción, somos testigos de cómo Dios habita este santuario de Nuestra Señora y estamos a su servicio, acogiendo, orando y conscientes de que Él hace mucho más que nosotros y querríamos dar un testimonio con la nuestra vida de oración. En esta dinámica de acogida y testimonio, debemos situar la amistad de San Josemaría con la comunidad de Montserrat, que se inició en los años de la Guerra Civil, con la comunidad de monjes exiliada en Navarra, y que personalizaron nuestros hermanos el P. Abad Gusi, y muy especialmente el P. Abat Aureli M. Escarré, con quien San Josemaría se relacionó fraternal y amigablemente durante toda su vida. Tenemos la suerte de tener al alcance de todos la correspondencia entre ambos y una narración muy cuidada de esta relación. 

En Montserrat San Josemaría pudo vivir la devoción a la Virgen que ya había marcado su vida, desde el ofrecimiento de niño en Torreciudad hasta su muerte y que él quiso dejar en la Obra. «A Jesús se va y se vuelve por María». La Virgen María es el fuego que sin consumir calienta como decimos en la visita espiritual, por tanto, la que sabe amar siempre a esa distancia adecuada para darnos la vida del Espíritu sin ahogarnos. Y como lo hace ella nos ayuda a hacerlo así, señalando el sol de justicia, Cristo, aquél que realmente ama incondicionalmente. 

El Beato Álvaro pasó en Montserrat algunas semanas santas, viviendo además de la devoción mariana, nuestra tradición litúrgica. 

Tanto de uno como de otro, damos gracias a Dios y nos hacemos conscientes de que, sin saberlo, procurando mantenernos fieles a este carisma de acogida benedictina y, sobre todo por la gracia de Dios que a través de Santa María atrae a sus devotos como peregrinos en esta casa, tenemos el privilegio de ser espectadores de primera fila de las obras que Dios va haciendo en sus sirvientes. Y por eso hemos visto pasar a muchos hombres y mujeres que después hemos venerado como santos cuando la Iglesia así los ha proclamado. Por eso con unas frases hermosas, en el himno que nuestro gran poeta Mn. Jacint Verdaguer escribió en 1880, cuando este Santuario de Montserrat quiso celebrar el milenario del encuentro de la imagen de la Virgen María y por tanto el inicio de la devoción montserratina, decía: 

“Los santos de nuestra tierra, 
Pasan por su sierra 
Cuando suben hacia el cielo” 

Muchos santos han pasado por Montserrat, desde San Ignacio a San Juan Pablo II. Y así como tantos de estos hijos e hijas de Dios hay una memoria en el camino de San Miquel, era importante poder acoger un relieve para testimoniar el paso de San Josemaría y del Beato Álvaro, como peregrinos de la Moreneta y dar un ejemplo de tantos seguidores suyos que a partir de hoy le verán y le visitarán, y aún, de otro modo, presentarlos como discípulos de Jesucristo que crearon un carisma válido para el crecimiento espiritual del Pueblo de Dios. 

Dios quiera continuar sirviéndose de este lugar para que el seguimiento radical de Jesucristo y del evangelio continúe en el mundo y espero que hoy demos todavía otro paso en la amistad de nuestras instituciones, especialmente con esta parte de la Obra que peregrina en Cataluña, llamados todos a testimoniar la fe en Dios, el evangelio de Jesucristo y el amor a la Virgen María. 

 

 

Abadia de MontserratSábado I de Cuaresma (24 febrero 2024)

24 de febrero de 2024 sábado I cuaresma (Dt 26, 16-19)

El libro del Deuteronomio nos dice: «Moisés habló al pueblo, diciendo: … Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz». Esto que va dirigido al pueblo de Israel, hoy también es dirigido a ti. ¿Qué haces para que sea así?

Señor, yo solo soy incapaz de seguirte, pero estoy seguro de que, si me infunde fortaleza, viviré a fondo la promesa de contarme entre tus queridos.

Abadia de Montserrat24 de febrero de 2024 sábado I cuaresma (Dt 26, 16-19)

Condolencia de Montserrat por los afectados por el incendio de Valencia

El P. Abad Manel Gasch y la comunidad benedictina de Montserrat se unen en la oración al sufrimiento de las familias afectadas por el incendio producido en el edificio del barrio de Campanar, en la ciudad de Valencia, ayer por la tarde, que ha causado cuatro muertos, diversos heridos y desaparecidos. Expresa su más sincero pésame a los familiares de las víctimas, su solidaridad con los vecinos afectados y el apoyo y reconocimiento a los diferentes miembros de los servicios de emergencias: bomberos, personal sanitario y fuerzas del orden público.

La comunidad monástica de Montserrat encomienda las víctimas a la misericordia de Dios y reza intensamente por los familiares y amigos de todos los afectados, y se hace solidaria del dolor

El P. Abad y la comunidad monástica de Montserrat encomiendan a las víctimas a la misericordia de Dios y rezan intensamente por los familiares y amigos de todos los afectados, y se solidarizan por el dolor causado por este incendio.

La angustia de la situación y el dolor por la pérdida de familiares y conocidos son sentimientos en la vida de los seres humanos donde la presencia de Dios, encarnado en el su hijo Jesucristo, nos permite afrontarlo con la esperanza de la resurrección, el consuelo a los afligidos y el reparto fraternal de la caridad.

Asimismo, y aprovechando el actual tiempo de Cuaresma, la comunidad monástica quiere hacer un llamamiento a la reflexión individual sobre el sistema de vida occidental de hoy, los valores de la hermandad y la fuerza del altruismo.

Abadia de MontserratCondolencia de Montserrat por los afectados por el incendio de Valencia

23 de febrero de 2024 viernes I cuaresma (Ez 18, 21-28)

A través de Ezequiel, mira qué nos dice el Señor: «¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor Dios-, y no que se convierta de su conducta y que viva?». Esta cuaresma nos prepararemos para vivir de verdad. ¿Qué hago para que sea cierto eso?

Señor, que en mi camino de la fe no me aparte de tus señalizaciones.

Abadia de Montserrat23 de febrero de 2024 viernes I cuaresma (Ez 18, 21-28)

22 de febrero de 2024 jueves La Cátedra de San Pedro (1Pe 5, 1-4)

Desde la sede de Pedro nos resuena esta recomendación que nos trae la primera carta de Pedro: «pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo». Me parece que convendremos que todo buen pastor, al menos, se propondrá que el rebaño crezca, se multiplique, esté bien alimentado y viva unido.

Señor, que tengamos acierto, flexibilidad, generosidad y profundidad, para que tu iglesia esté gobernada por buenos pastores.

Abadia de Montserrat22 de febrero de 2024 jueves La Cátedra de San Pedro (1Pe 5, 1-4)

21 de febrero de 2024 miércoles I cuaresma (Jo 3, 1-10)

Jonás es enviado por Dios a predicar la conversión a Nínive y nos dice que «Los ninivitas creyeron en Dios» y evitaron ser castigados por Dios. Hoy Dios también te dice que puedes ser destruido si no eres capaz de convertirte. ¿Qué crees que debe cambiar en ti?

¡Dame fuerzas para hacerlo, Señor!

Abadia de Montserrat21 de febrero de 2024 miércoles I cuaresma (Jo 3, 1-10)

20 de febrero de 2024 martes I cuaresma (Is 55, 10-11)

Isaías pone en boca de Dios: «mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo».

Señor, que tu palabra fecunde mi corazón; que mi vida sea un campo donde Tú trabajes a gusto.

Abadia de Montserrat20 de febrero de 2024 martes I cuaresma (Is 55, 10-11)

19 de febrero de 2024 lunes I cuaresma (Lv 19, 1-2.11-18)

En el libro del Levítico leemos: «El Señor dijo a Moisés: “Di a toda la comunidad… Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo”». Estamos invitados a vivir la santidad, y tan lejos que nos sentimos.

Señor, gracias porque me invitas a vivir como Tú; que lo que yo haga hoy sea digno de Ti.

Abadia de Montserrat19 de febrero de 2024 lunes I cuaresma (Lv 19, 1-2.11-18)

Domingo I de Cuaresma (18 febrero 2024)

Homilía del P. Bernat Juliol, Prior de Montserrat (18 de febrero de 2024)

Génesis 9:8-15 / 1 Pedro 3:18.22 / Marcos 1:12-15

 

Queridos hermanos y hermanas en la fe:

El pasado miércoles, con la imposición de las cenizas, empezábamos el itinerario cuaresmal de la milicia cristiana. Un período de cuarenta días de conversión y de acercamiento a Dios a semejanza de los cuarenta años que el pueblo de Israel tardó en atravesar el desierto y de los cuarenta días que Jesús pasó allí. En el inicio, pues, de esta nueva Cuaresma, puede ser bueno que nos hagamos algunas preguntas que nos ayuden a profundizar en su vivencia: ¿Qué es la Cuaresma? ¿Cómo vivir la Cuaresma? ¿Por qué la Cuaresma? Propongo intentar responder a estas preguntas con la guía de un personaje que nos puede ayudar a tener una mirada nueva pero profunda del sentido del que estamos hablando. Me estoy refiriendo, nada menos, que a Harry Potter.

No es una frivolidad. La literatura, si es buena literatura, sabe leer el corazón de los seres humanos. Sabe ver cuáles son nuestros anhelos más profundos, nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras esperanzas, los motivos de nuestra alegría. Los libros y películas de Harry Potter no son sólo un entretenimiento para los jóvenes, sino que son literatura a la altura de las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis o bien del Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien.

Pero, a modo de introducción, y para los menos introducidos en el tema, ¿quién es Harry Potter? Es un personaje literario que dio origen a una saga de siete novelas escritas por la escritora británica J.K. Rowling. Posteriormente se hicieron ocho películas. El éxito de los libros y películas ha sido espectacular por todo el mundo. Harry Potter es un chico joven que un buen día descubre que sabe hacer magia y es llevado a una escuela para magos llamada Hogwarts, donde se encuentra con un grupo de amigos que serán el fundamento de toda su vida.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con nuestra Cuaresma? Intentamos responder a la primera pregunta: ¿qué es la Cuaresma? En el tercer libro, llamado El Preso de Azkaban, encontramos a Harry Potter en la escuela de Hogwarts, en una clase con el profesor Lupin. Éste enseña a sus alumnos los peligros de los boggarts, que son unas criaturas que no tienen forma, sino que se convierten en lo que a cada uno le da más miedo. A un estudiante se le convierte en araña, a otro en serpiente y a otro en el profesor más temido de la escuela, Severus Snape. Pero a Harry Potter, el boggart se le transforma en otra criatura, un dementor, que representa la parte más oscura de sí mismo. Lo que le da más miedo es, precisamente, él mismo.

En el evangelio según Marcos que hemos leído hoy, se nos dice que el Espíritu empujó a Jesús al desierto, donde pasó cuarenta días tentado por Satanás. Con este texto, la liturgia nos invita a ir también nosotros al desierto y a enfrentarnos con lo que nos da más miedo: es decir, con nosotros. Es una invitación a conocernos a nosotros mismos, a saber, estar solos con nosotros mismos. A buscar en la interioridad el camino que nos conduce a Dios. Como decía el filósofo francés Blaise Pascal del siglo XVII: «La infelicidad del hombre se basa en una sola cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación».

Y en el desierto también nosotros somos tentados por el diablo. Al igual que nos enseña Harry Potter, tampoco el diablo tiene forma, adopta la forma de lo que nos da más miedo. El sociólogo contemporáneo Zygmunt Bauman, recientemente desaparecido, nos habla del «mal líquido». Ya no somos conscientes de tener que luchar con un mal absoluto, sino que éste se ha vuelto líquido y ha penetrado por las pequeñas rendijas de nuestra vida. El mal está ahí, pero muchas veces ya no lo sabemos reconocer. La Cuaresma debería enseñarnos a buscar esta parte más oscura de nuestro yo, y a evangelizarla.

Una vez hemos intentado responder a qué es la Cuaresma, preguntémonos ahora cómo debemos vivirla. Aquí nuestro amigo Harry puede volver a sernos de ayuda. En la vida de Harry Potter, lo más importante no son los trucos de magia que sabe hacer sino la fuerza de la amistad que le liga con sus amigos, especialmente con Hermione y Ron. Harry no puede hacer nada sin ellos, se ayudan mutuamente. Si nos fijamos, todo lo que consigue Harry no lo hace por la magia sino gracias a sus amigos. Harry Potter empieza a ser quien es cuando se encuentra con sus amigos. Unos amigos que están en una escuela bucólica, en un bonito castillo, junto a un gran lago. Y para llegar hay que tomar un tren en la estación de King’s Cross de Londres, en el andén 9 y ¾, al que se entra por una pared donde si no crees que hay una puerta, no puedes pasar.

Nos enseña esto que durante la Cuaresma debemos aprender a vivir para los demás. El camino del desierto, del aprender a conocernos a nosotros mismos, nos conduce hacia los demás. La fe cristiana no la vivimos solos, sino que la vivimos en comunidad. Las personas y los cristianos no somos islas que vivimos separadas unos de otros, sino que formamos una comunidad. Caminamos juntos hacia el Señor. Debemos aprender que nuestra fuerza está en nuestra comunidad, que debemos cuidarnos unos a otros. Que la vida sólo tiene sentido si la ponemos al servicio de quienes nos necesitan. También nosotros empezamos a ser quienes somos gracias a los demás. Y esta comunidad no es sino la Iglesia, una escuela donde cada día aprendemos a amarnos más unos a otros tal y como Cristo nos enseñó. Una escuela, por cierto, a la que accedemos a través del andén del bautismo, una puerta que sólo se abre si tenemos fe.

Y llegamos ahora a la última de las tres preguntas que nos habíamos formulado al inicio: ¿Por qué la Cuaresma? Vamos aquí a la parte más dramática de nuestro personaje amigo. Cuando Harry nació, lord Voldemort, el malo de la película, intentó matarle. No lo logró, pero una parte de él quedó dentro de Harry y fruto de esto a nuestro protagonista le quedó una cicatriz dolorosa en la frente. Por este motivo, para eliminar totalmente el mal del mundo, Harry tuvo que sacrificarse para los demás. Un sacrificio que no le condujo a la muerte sino a la vida. Y a partir de ese momento, la cicatriz nunca le hizo más daño.

¿Por qué, entonces, la Cuaresma? Todos nosotros, por el hecho de ser libres, hemos sido tocados por el pecado. Todos llevamos una cicatriz que proviene del pecado original. En todos nosotros se nos ha desdibujado esa hermosa imagen y semejanza que Dios nos dio en el momento de nuestra creación. Pero Cristo nos ha abierto de nuevo las puertas del Paraíso soportando sobre sí el pecado del mundo y dándonos esa vida que no tiene fin. El camino de la Cuaresma tiene un porqué: para que podamos llegar a la tierra prometida que mana leche y miel.

Estimados hermanos y hermanas, con todo lo dicho, no hemos hecho sino comentar las lecturas de hoy. El evangelio nos hablaba de ir al desierto, de enfrentarnos al mal que hay en nosotros mismos. La lectura del libro del Génesis nos hablaba de la Alianza en el desierto, cuando Dios constituyó Israel como pueblo, imagen del Pentecostés cristiano, cuando el Espíritu Santo nos une como Iglesia de los seguidores de Cristo. Y la lectura de la primera carta de San Pedro nos dejaba claro cuál es el sentido de la Cuaresma, cuál es el sentido de nuestra vida. Dice así: «Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.».

Abadia de MontserratDomingo I de Cuaresma (18 febrero 2024)

18 de febrero de 2024 Domingo I cuaresma (Gn 9, 8-15)

Todos recordamos la narración del diluvio universal; pero quizás no recordamos porque se produjo tal hecho. En síntesis, la Biblia nos narra en su comienzo que Dios obró la creación y fue poniendo orden y armonía en todo el universo; recordamos la frase famosa que Dios pronuncia ante cada realidad creada: «Dios vio que era bueno». Pues bien, el libro del Génesis también nos dice que la obra que Dios había creado, el hombre la había dañado, y por ello fue necesario el diluvio universal para hacer tabla rasa, y volver a empezar de nuevo.

El texto de hoy recuerda que Dios renueva la confianza en el hombre y establece con él una nueva alianza que Dios no quiere romper, y para recordarlo «aparecerá en las nubes el arco» que quiere significar la alianza entre Dios y los hombres. ¿Tienes la impresión de que volvemos a dañar la creación? ¿Cómo puedes ser fiel con el compromiso de guardar la belleza del don que Dios ha puesto en nuestras manos?

Señor, que mi obrar sea fruto de un amor fiel.

Abadia de Montserrat18 de febrero de 2024 Domingo I cuaresma (Gn 9, 8-15)

17 de febrero de 2024 sábado de ceniza (Is 58, 9b-14)

Esto nos remarca Isaías: «Esto dice el Señor: Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía».

¿Qué haré hoy para que mi vida se ilumine? Isaías nos lo dice bien claro: haciendo obras de misericordia.

Abadia de Montserrat17 de febrero de 2024 sábado de ceniza (Is 58, 9b-14)

16 de febrero de 2024 viernes de ceniza (Is 58, 1-9a)

Isaías pone en boca de Dios: «Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos». ¿Cuáles son mis yugos?

Señor, que los sepa ver.

Abadia de Montserrat16 de febrero de 2024 viernes de ceniza (Is 58, 1-9a)

15 de febrero de 2024 jueves de ceniza (Dt 30, 15-10)

En el Deuteronomio leemos: «Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida». Efectivamente en el amor siempre encontraremos estos dos rasgos que lo acompañan: la obediencia y la fidelidad. ¿Soy capaz de amar obedeciendo?

Jesús lo hizo hasta la cruz, y una vez que lo hizo nos abrió, para todos, la vida en la resurrección.

Abadia de Montserrat15 de febrero de 2024 jueves de ceniza (Dt 30, 15-10)

Miércoles de ceniza — Fotografías de la Misa

Fotografías de la misa de hoy, 14 de febrero, miércoles de ceniza.


Fotografías de Pere Grima.

Abadia de MontserratMiércoles de ceniza — Fotografías de la Misa

Miércoles de ceniza (14 febrero de 2024)

Homilía del P. Manel Gasch i Hurios, Abad de Montserrat (14 de febrero de 2024)

Joel 2:12-18 / 2 Corintios 5:20-6:2 / Mateo 6:1-6.16-18

 

“Os lo pedimos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”

Con estas palabras, queridos hermanos y hermanas, queridos escolanes, dirigidas a los cristianos de Corinto, el apóstol San Pablo nos daba un principio de vida, una actitud que vale siempre.

Quizás si San Pablo viniera un día a la Escolanía y al final le hicierais aquella pregunta que hacéis a todo el mundo: “danos un consejo para la vida”, quizá os diría esto: “reconciliaos con Dios”. O quizá os diría otra cosa porque el apóstol Pablo dice una frase interesante y memorable en casi cada una de las páginas que escribe.

Reconciliarse significa aceptarse a uno mismo tal y como es, reconciliarse es aceptar a los demás tal y como son, reconciliarse significa hacer las paces. Reconciliarse con Dios significa poner nuestra voluntad, nuestra vida, nuestro corazón, nuestra inteligencia de acuerdo con lo que Dios quiere. Dios quiere que seamos felices amándonos. Y sí, el apóstol lo decía a los de Corinto hace casi dos mil años, y todavía nos lo tiene que decir también a nosotros hoy, es porque debemos reconocer que no siempre vivimos según esa hermosa voluntad de Dios.

Si esto vale de por vida, ¿porque lo leemos especialmente hoy miércoles de ceniza? Lo hacemos porque nos ayuda, nos estimula a reservar un tiempo a corregirnos y este tiempo ha estado siempre en la Iglesia, el tiempo de Cuaresma. La oración colecta de hoy decía que empezábamos un tiempo de ejercicio. Todos sabemos que durante el día va muy bien realizar un tiempo de ejercicio, de deporte, pero que no podemos estar todo el día haciéndolo. Con la cuaresma ocurre algo parecido: Dios nos propone hacer ejercicio para darnos cuenta de lo que no hacemos bien y corregirlo, y también nos advierte que no nos despistemos porque el tiempo que tenemos hoy ya no lo volveremos a tener mañana. Quizás tendremos más pero no será el mismo. Por eso nos dice: “Enmendémonos del daño que hemos hecho sin darnos cuenta, no fuera que nos encontráramos que no tenemos tiempo para arrepentirnos”.

San Benito también lo entendió muy bien cuando escribió en la Regla que los monjes siempre deberíamos vivir como en cuaresma, siempre haciendo ejercicio, pero como esto no puede hacerlo casi nadie, al menos intentémoslo por cuaresma.

Naturalmente, el ejercicio cuaresmal no es sólo ir al gimnasio o hacer deporte, cosas que pueden ser muy saludables, sino cuidar la salud del espíritu. Y la tradición de la Iglesia lo ha hecho también con la atención a nuestro cuerpo físico, por eso pide que ayunemos; preocupándose del cuerpo sociológico, por eso pide que nos acordemos de los más necesitados y hagamos limosna y ocupándonos del cuerpo espiritual, y por eso pide que oremos un poco más durante la Cuaresma. Todas estas prácticas sólo quieren que nos reconciliemos con Dios como decía al principio. Por tanto, que personalmente nos pongamos en

disposición de amar más ya que ésta, y no ninguna otra, es la voluntad de Dios: que amamos. Y Dios sabe que haciendo esto seremos felices.

Cuando las personas comienzan a hacer ejercicio físico, tienen normalmente un propósito: adelgazar, mejorar la resistencia física, poder competir…, hay muchos propósitos. Quizás cuando empezamos la cuaresma podría ayudarnos proponernos algo. Así mantendremos más fácilmente ese tipo de tensión que necesitamos para que todo este tiempo responda a lo que hoy nos disponemos a empezar.

San Pablo nos pedía que nos reconciliáramos en nombre de Cristo. Él es el modelo porque vivió siempre reconciliado con Dios y aceptó todo lo que Dios Padre le puso por delante, incluso una muerte injusta y dolorosa. Lo hizo para poder quedar como acusador legítimo ante todas las muertes injustas y dolorosas del mundo y para que nuestros pecados fueran perdonados por su generosidad al morir sin merecerlo. Para dar a la humanidad la posibilidad de que no hubiera más muertes injustas. Y nosotros todavía después de dos mil años, parece que no lo hemos entendido.

Pronto se cumplirán dos años de la guerra de Ucrania, con todos sus muertos, los exiliados, los desastres, el gasto militar tan absurdo porque las posiciones están prácticamente en el mismo sitio.

Hace ya cuatro meses de la guerra en Gaza, donde los clamores por el respeto de la vida de los civiles, de los niños, de los enfermos, son ignorados un día y otro, provocando una muerte y un sufrimiento muy desigual entre un bando y otro. Nos sentimos pequeños y sorprendidos al ver que ni las voces de Naciones Unidas, ni del Papa Francisco, ni siquiera recientemente la del presidente de Estados Unidos parecen suficientemente fuertes para poner una paz y seguridad en la región, para evitar la inaceptable muerte de civiles. Ante la vida no vale lo de los efectos colaterales o del mal menor. Ni tampoco se escucha la voz de todos aquellos que, de tantas formas humildes, en manifestaciones, huelgas de hambre, haciendo su oficio de informar piden el fin de ésta y de toda otra guerra.

Me viene a la cabeza que todos los cristianos y todos los hombres y mujeres de buena voluntad podríamos hacer nuestras las palabras de la segunda carta a los cristianos de Corinto y decir:

“Hermanos, nosotros hacemos de embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara a través nuestro. Os lo pedimos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios.”

Hacer las paces es siempre una exigencia en el corazón del Evangelio.

Recordemos a quienes sufren en cualquier guerra. Todos aquellos que no pueden hacer ningún ayuno, ni limosna porque no tienen nada y que seguramente sí nos darían una lección si compartieran con nosotros su oración confiada. En la Guerra de Gaza todos tenemos al mismo Dios de Abraham. No es ni siquiera con un Dios diferente que es necesario reconciliarse.

De ese Dios decimos algo tan profundo como que “se deja vencer por la humildad y la penitencia”. El todopoderoso, el Creador, el Señor de la historia

tiene una rendija de bondad por la que todos podemos entrar en su comunión. Al decirnos que nos reconciliamos con él, no sólo está hablando de guerras, sino de nosotros, de cada uno, porque nos está esperando. San Pablo también nos decía “Recordad que Dios ha dicho: «Te he escuchado a la hora favorable, te he ayudado el día de la salvación»

Por eso nos ofrece un tiempo de corrección que es un tiempo de cambio, de renovación. Acabaremos cantando muchos himnos de la liturgia de las horas de cuaresma con las palabras

“nos novi per veniam,
novum canamus canticum”

Que quiere decir que «renovados por el perdón, cantamos un cántico nuevo».

Preparémonos a recibir las cenizas como signo de que queremos entrar en ese camino que limpia nuestro corazón y nuestra voluntad para hacerla más cristiana, más apta para amar a Dios y a los demás. La ceniza era una signo de luto, de tristeza por lo que nos gustaría ser y todavía no somos, pero en nuestra fe cristiana, nos ponemos la ceniza y no dejamos de celebrar la eucaristía todos los días, porque con la tristeza y el luto está siempre la alegría de la Pascua, esperada al fin de este tiempo, pero vivida en todo aquello que nos habla de posibilidad de renovación, de regreso a la mejor versión de nosotros mismos, de la resurrección de Jesucristo y de la nuestra .

 

 

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