28 de enero de 2023 Sábado III (He 11, 1-2.8-19)

El texto de hoy subraya la figura de Abraham, y nos va desgranando todos los aspectos que podemos admirar de este personaje; antes de hacerlo en cada uno de ellos comienza siempre con estas palabras: «Por la fe…» Pero, para que no haya dudas sobre lo que podemos entender por fe, dice esto: «La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve».

Pues bien, tomemos por modelo Abraham y contestamos, ¿qué poseemos anticipadamente, qué conocemos de antemano?

Señor, que siempre sea consciente de que me posees: soy tuyo y Tú me lo das todo

Abadia de Montserrat28 de enero de 2023 Sábado III (He 11, 1-2.8-19)

27 de enero de 2023 Viernes III (He 10, 32-39)

El recuerdo de situaciones pasadas que, por causa de la fe, se fue víctima de maltratos y sufrimientos, es el resumen de la primera parte del texto que hoy podemos leer de la carta a los Hebreos. Es comprensible que, ante un ambiente tan hostil, nacieran deseos de echarse atrás, pero el autor de la carta dice: «Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa».

Seguramente que ahora no vivimos una situación similar y la expresión «sufrir con constancia» no la tenemos en nuestro lenguaje espiritual. ¿Qué hay en nosotros que esta expresión nos pueda dar miedo? ¿Obtener la promesa de Dios nos mueve a algo?

Señor, que yo sea coherente con la última frase de la lectura de hoy: no soy de los que se hacen atrás.

Abadia de Montserrat27 de enero de 2023 Viernes III (He 10, 32-39)

26 de enero de 2023 Jueves Sts Timoteo y Tito (2Tm 1, 1-8)

Pablo se dirige a su colaborador Timoteo en las tareas apostólicas y recuerda su relación personal; sin embargo, en el texto de hoy, recuerda además… «la que arraigó primero en tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios».

En tu entorno familiar, esposo, esposa, hermanos, padre, madre, abuelos, tíos, etc. ¿qué características admiras de su fe? ¿Podrían decir de ti lo mismo que decía Pablo de la abuela Loide y de la madre Eunice?

Señor, manteneos en la fe.

Abadia de Montserrat26 de enero de 2023 Jueves Sts Timoteo y Tito (2Tm 1, 1-8)

25 de enero de 2023 Miércoles La conversión de San Pablo (Ac 22, 3-16)

Hoy es el último día de la semana de oración por la unidad de los cristianos. Pablo describe cómo se produjo su conversión. Mientras la conversión de Pablo es, digamos, muy espectacular, la nuestra, seguramente, es más modesta. Ahora bien, tal como le dijo Ananías, hombre piadoso según la ley, también nos lo dice a nosotros: «El Dios de nuestros padres te ha elegido… porque vas a ser su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Ahora, ¿qué te detiene? levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre». Más vale que no perdamos el tiempo, ¿verdad?

Abadia de Montserrat25 de enero de 2023 Miércoles La conversión de San Pablo (Ac 22, 3-16)

24 de enero de 2023 Martes III (He 10, 1-10)

Conviene que no nos olvidemos lo que dice al final la lectura de hoy: «A nosotros nos ha santificado la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez por todas para cumplir esta voluntad de Dios» La vida de Jesús es la que nos libera, ahora bien, ¿te has dado cuenta de que es fundamental que el propio Jesús se propusira hacer la voluntad de Dios? En tu opinión, ¿en qué consiste hacer esta voluntad? Y tú, ¿qué haces?

Aquí me tienes, Dios mío, quiero hacer tu voluntad.

Abadia de Montserrat24 de enero de 2023 Martes III (He 10, 1-10)

23 de enero de 2023 Lunes III (He 9, 15.24-28)

El sacerdocio tiene por misión el de presentarse ante Dios, en nombre de todos, es decir como un mediador, para ofrecerle lo que pueda tener un significado suficientemente comprensible que manifieste el deseo de querer reconciliarse, de implorar el perdón, de compensar la ofensa que todos hemos podido hacer al Señor. Pero sólo Jesucristo lo ha podido hacer de una forma plena y definitiva; así lo ha expresado la primera y última frase de la lectura de hoy: «Cristo es mediador de una nueva alianza, porque ha muerto en rescate de las culpas cometidas… Cristo fue ofrecido una sola vez, cuando tomó sobre sí los pecados de todos. Después volverá a revelarse… para salvar a quienes esperan el momento de recibirlo».

Señor, lo que has hecho es tan grande, que difícilmente somos capaces de entender la magnitud de Tu entera deidad; inflama mi corazón para que sepa reconocer y agradecer Tu don.

Abadia de Montserrat23 de enero de 2023 Lunes III (He 9, 15.24-28)

Domingo III del tiempo ordinario (22 de enero de 2023)

Homilía del P. Valentí Tenas, monje de Montserrat (22 de enero de 2023)

Isaías 8:23b-9:3 / 1 Corintios 1:10-13 / Mateo 4: 12-23

 

Estimados hermanos y hermanas,

En las primeras palabras del Evangelio de hoy nos encontramos con dos grandes personajes del Nuevo y del Antiguo Testamento. El primero es San Juan Bautista, el nuevo profeta Elías, y con su misión concreta y específica: “De preparar el camino de quien iba a venir”. El Bautista era el precursor, el manifestador para reconocer al Elegido, al Mesías, Jesús, Luz del mundo, al Cordero de Dios y bautizarlo. El rey Herodes Antipas encarceló y decapitó a Juan, en la fortaleza de Maqueronte, por instigación de su ilegítima mujer Herodías, madre de Salomé. Jesús, al saberlo, no volvió a Nazaret, sino que se exilió a la ciudad de Cafarnaún, lugar de confluencia de caminos del mar y la montaña, cerca del gran lago de Tiberíades, región conocida popularmente como “País de Zabulón y de Neftalí, Galilea de los Gentiles o de los Paganos”.

El segundo personaje que hemos oído en la primera lectura es el Profeta Isaías (podemos ver su imagen en el centro de la nave de la Basílica, a vuestra derecha). Él profetizó 800 años A.C. todos los oráculos del Siervo de Yahvé y la venida del Mesías el Salvador. Hoy nos dice: “El pueblo que avanzaba a oscuras ha visto una gran luz, una luz resplandece para quienes vivían en el país tenebroso”. Jesús es la Luz del mundo para quienes lo buscan y lo buscan de todo corazón. Todo cristiano normal es llama, espejo de luz, de alegría, persona de gozo y libertad. Dice el cardenal de Barcelona, Joan Josep Omella, que “toda pequeña comunidad o parroquia, tanto de la ciudad como de los pueblos, son sencillas llamas de Luz, son presencia Cristiana viva, concreta, simple y vacilante, ¡pero llama! que brilla y da Luz en nuestra difícil sociedad actual”. No podemos decir, en modo alguno, y tranquilamente: “durante muchos años me he reservado mi fe para mi intimidad privada”.

Jesús nos dice: “Convertíos, que el Reino del Cielo está cerca”. Es una invitación, una llamada a darnos la vuelta hacia Dios. No se trata sólo de convertirse en buenas personas de golpe, sino de volver a aquel Yo que es bueno dentro de nosotros mismos. Por eso, la conversión no es triste, es el descubrimiento de la verdadera alegría que gotea dentro de la profundidad de nuestro pequeñísimo corazón humano. Convertirse es simplemente dar un vaso de agua, hablar con esa persona mayor desconocida en el rellano o en el ascensor de tu casa; decir buenos días, buenas noches, adiós, ¿cómo estáis…? consolar a quienes lloran. Compasivos con quienes pasan hambre, dolor o guerra. Pacificadores en todo evento y en todo lugar; limpios de corazón, para decir siempre una palabra de vida, una palabra adecuada, de Buena Nueva, de gozo, de amor, de paz. Y, sobre todo, firmes ante el mal, que en todo momento está siempre presente y actuando, desgraciadamente.

En el río Jordán Jesús revela su filiación Divina. Hoy, en el lago de Galilea, comienza su manifestación, su Misión. Él, bordeándolo, ve a dos hermanos, Simón-Pedro y Andrés, que estaban tirando las redes. Les llama y les dice: “Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres”. Un poco más adelante hace lo mismo con otros dos hermanos, Jaume y Joan, que estaban en la barca, reparando las redes. Todos, rápidamente, dejando familia y trabajo siguen la voz del Maestro. Jesús no les prometió nada, no les aseguró la vida, una casa o dinero. No, simplemente les llamó y ellos respondieron: “¡Aquí me tenéis! ¡Estoy aquí!”. Mensaje, llamada, respuesta y seguimiento. San Benito nos dice: “Escucha, hijo, los preceptos de un maestro e inclina el oído de tu corazón y acoge con gusto la exhortación de un padre bondadoso y ponla en práctica”.

El Evangelio de este domingo finaliza con Jesús en misión. Él predica en las sinagogas, enseña la Palabra, la Buena Nueva y cura a la gente de toda enfermedad. Todo esto, mientras viajaba por la Galilea, País de Zabulón, de Neftalí, tierra de paganos, que ahora ven personalmente una gran Luz, que es Jesús de Nazaret, el Señor. Triple Misión de Cristo, y Triple misión de la Iglesia: «Enseñar, anunciar y curar». Ser pescadores de hombres.

Hermanos y hermanas: en este Domingo de la Palabra es Jesús mismo quien nos habla y nos invita a construir nuestra vida sobre sus Palabras de Vida. San Jerónimo nos dice: «Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo». Oremos, hoy, especialmente, por aquellos países donde, por tener simplemente un pequeño Nuevo Testamento puede significar muchos meses de cárcel; o distribuir Biblias, o ser cristiano públicamente puede acarrear penas de muerte, con el silencio de todo el continente europeo.

 

Abadia de MontserratDomingo III del tiempo ordinario (22 de enero de 2023)

22 de enero de 2023 Domingo III (Is 8, 23b – 9, 2)

Hoy los texto de Isaías: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande», se encuentra citado en el evangelio. Esta frase nos describe un sentimiento que tenía, a juicio del profeta, el pueblo. Iba desorientado y con Jesús recobran el sentido de la vida, el de avanzar. ¿No tienes la impresión de que hay muchos que caminan muy desorientados, con una sensación de ahogo, de encorsetamiento muy grande? Pero el profeta nos dice aún otra cosa: «la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste». En el fondo nos dice, con Dios reencontraremos la libertad. ¿A ti te pasa lo mismo? ¿Cómo expresas y celebras esta libertad?

Señor, arráncame el miedo que me ahoga, necesito sentir el aliento de tu espíritu de amor que es la fuente de la libertad.

Abadia de Montserrat22 de enero de 2023 Domingo III (Is 8, 23b – 9, 2)

21 de enero de 2023 Sábado Sts Fructuoso, Augurio y Eulogio mártires (He 10, 32-36)

Cuando hoy recordemos a Fructuoso, Augurio y Eulogio, los primeros mártires en Tarragona, meditaremos el texto que la Iglesia nos propone reflexionar que, en el fondo, apela a la memoria de nuestros orígenes colectivos en la fe. Todavía hoy debería impresionarnos porque no fue nada fácil para aquellos cristianos de primera hora; pero el texto de hoy no quiere quedarse en el recuerdo, sino que nos remite a valorar nuestra coherencia de vida, cuando dice: «Solo sufriendo con constancia podrá cumplir la voluntad de Dios y obtener lo que él ha prometido».

Hoy en día, ¿en qué consiste hacer la voluntad de Dios en tu vida?

Señor, dame la fuerza para ser consecuente con la fe que me has dado.

Abadia de Montserrat21 de enero de 2023 Sábado Sts Fructuoso, Augurio y Eulogio mártires (He 10, 32-36)

20 de enero de 2023 Viernes II (He 8, 6-13)

La carta a los Hebreos nos anuncia: «Dijo el Señor: pondré mis leyes en su mente y las escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo».

Señor, deseo que puedas grabarme en el corazón la ley de tu amor para que, en todo y por todo, seas mi Dios.

Abadia de Montserrat20 de enero de 2023 Viernes II (He 8, 6-13)

19 de enero de 2023 Jueves II (He 7, 15 – 8, 6)

Con la primera frase del texto ya podemos tener suficiente para hoy para orar, meditar y agradecer: «Jesús puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio de él, pues vive siempre para interceder a favor de ellos».

Ahora sólo hace falta que nos hagamos nuestra la respuesta del salmo responsorial de hoy y que deberíamos tenerla bien presente en nuestro corazón: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad».

Abadia de Montserrat19 de enero de 2023 Jueves II (He 7, 15 – 8, 6)

18 de enero de 2023 Miércoles II (He 7, 1-3.15-17)

En la lectura de la carta a los Hebreos aparece un personaje de nombre Melquisedec que era rey de Salem, sacerdote del Dios altísimo. Nos dice también que: «lo presenta sin padre, sin madre»… «No se menciona el principio de sus días ni el fin de su vida», así el escrito nos quiere hacer ver que Cristo viene a ser un nuevo Melquisedec, sacerdote, del que no conocemos ni su principio ni fin. Cristo es, pues, sacerdote «en fuerza de una vida imperecedera».

Señor, enséñanos a contemplar la historia admirando como tu huella se da a conocer en personajes como Melquisedec.

Abadia de Montserrat18 de enero de 2023 Miércoles II (He 7, 1-3.15-17)

17 de enero de 2023 Martes II (He 6, 10-20)

«Dios no es injusto para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado sirviendo a los santos ahora igual que antes. Deseamos que cada uno de vosotros demuestre el mismo empeño hasta el final, para que se cumpla vuestra

esperanza, y no seáis indolentes».  Me parece que el texto es muy claro. Pero, ¿qué hago para demostrar mi esperanza?

Señor, que no desfallecemos ni perdemos la esperanza, buscando caminos de unidad y de paz.

Abadia de Montserrat17 de enero de 2023 Martes II (He 6, 10-20)

16 de enero de 2023 Lunes II (He 5, 1-10)

Hoy la carta a los Hebreos comienza comparando el sacerdocio judaico con el cristiano. El texto nos hace ver, entre otras cosas, la llamada de Dios a este servicio. Lo dice así: «Nadie puede arrogarse este honor sino el que es llamado por Dios». En el caso de Cristo remarca: «Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo».

Señor, que los que has llamado al sacerdocio hagan como Cristo de no atribuirse la gloria de serlo, sino que como Él sean instrumentos de salvación.

Abadia de Montserrat16 de enero de 2023 Lunes II (He 5, 1-10)

Domingo II del tiempo ordinario (15 de enero de 2023)

Homilía del P. Efrem de Montellà, monje de Montserrat (15 de enero de 2023)

Isaías 49:3.5-6 / 1 Corintis 1:1-3 / Joan 1:29-34

 

Poco antes de la pandemia, con la Escolanía fuimos a cantar a Moscú. Fue justamente esta semana, después de que se nos proclamara ese mismo evangelio. Y una de las visitas culturales que hicimos fue en la galería Tretyakov, el museo de pintura más importante de la ciudad. El museo lleva el nombre de Pavel Tretyakov, un comerciante que después de hacerse millonario gastó su fortuna comprando arte, pero no para él: quiso que su colección fuera pública, y que quedara instalada en un museo de acceso gratuito para los moscovitas, para que todo el mundo pudiera estar en contacto con el arte. Y visitando el museo, entramos en una gran sala en la que había un cuadro de 7 metros por 5 que ocupaba toda la pared. La guía se entretuvo bastante porque era interesante; y para nuestra sorpresa, la temática del cuadro era —justamente, la del evangelio del domingo (es decir, el de hoy).

El cuadro en cuestión era de Alexander Ivanov, pintor naturalista ruso del S.XIX, que se esforzó por plasmar la trascendencia del momento: el encuentro con Jesús, que puede transformar la vida de las personas porque nos perdona el pecado. En el cuadro se veía a Jesús a lo lejos, acercándose. Era la figura más pequeña pero la que más se veía. Y en primer plano había unas 25 o 30 personas, con Juan Bautista en el centro señalando a Jesús en el momento de decir «Mirad el Cordero de Dios». El artista había sabido captar uno de los mensajes profundos de esta escena, y por eso había pintado a personas muy diferentes. Estaban los discípulos de Jesús con sus virtudes y defectos: Pedro, que recibiría el encargo de liderar el grupo; Tomás que dudaría… Había gente rica y pobre, gente joven y vieja, gente letrada e inculto, hombres y mujeres, niños y niñas… La guía nos fue explicando que algunas de las caras eran conocidas de quienes vieron el cuadro por primera vez: había algún escritor reconocido del momento, e incluso uno de los personajes era un autorretrato del artista. Y lo que tenían en común todos ellos era que se encontrarían con Jesús, lo que supondría un antes y un después en sus vidas. Porque Jesús había venido para hacer presente a Dios en medio de nosotros y para salvarnos, a todos: independientemente de nuestra posición social, de nuestro oficio, de nuestra riqueza, de nuestra edad, e incluso de nuestra fe, Dios nos perdona y nos salva. Y mientras nos íbamos adentrando en el misterio y nos íbamos sorprendiendo de todo lo que se podía decir sin palabras, aún hubo otro detalle destacado: nos hizo notar que en un extremo había un espacio en el que todavía habría cabido una figura más, un personaje que no estaba. ¿Por qué había dejado un espacio desperdiciado, donde se veía la vegetación al fondo? Uno de los escolanes acertó la respuesta, pero la dejamos para el final.

«Mirad al Cordero de Dios, mirad al que quita el pecado del mundo» es una frase que ha pasado a la liturgia. La oiremos del celebrante justo antes de hacer la comunión. Este Jesús que bautizó en el río Jordán y que vino para salvarnos a todos, ahora se nos hará presente a través de los dones eucarísticos, y recibiéndolos nos uniremos a él. Ya estábamos unidos: por el sacramento del Bautismo todos nosotros nacimos como hijos de Dios. Y por el sacramento de la Confirmación recibimos el Espíritu Santo y lo llevamos con nosotros. Pero cada vez que nos sentamos en la mesa del Señor renovamos esta presencia de Dios en nuestro interior; por eso el celebrante añade “dichosos los invitados a su mesa”, y por eso este evangelio trae el eco de las fiestas de Navidad: porque Jesús no sólo vino al mundo una vez, sino que sigue vivo y presente a través nuestro: cada vez que escuchamos su palabra con voluntad de hacerla nuestra y cumplirla, cada vez que como hoy haremos la comunión, tenemos y hacemos presente a Dios en el mundo. Y esto es todo un privilegio, que debe tener continuidad en nuestras vidas.

Todos nosotros, cuando salgamos de esta celebración habremos renovado la presencia de Dios en nuestro interior. Todos iremos con la misión de hacer presente a Cristo en el mundo. Lejos de venir a Misa como una obligación o una rutina, sintiendo la palabra de Dios y recibiendo el cuerpo de Cristo, llevaremos a Dios en nuestro interior y con nuestras palabras y obras lo haremos presente allá donde vayamos. Y por eso podemos proponernos un doble ejercicio. En primer lugar, a imitación del Bautista que mirando a Jesús dijo «Mirad al Cordero de Dios», nosotros también deberíamos esforzarnos en ver la presencia de Dios en todas y cada una de las personas que tratamos, y perdonarlas. Seguramente es más fácil de hacer con quienes amamos o con quienes nos caen mejor, pero se trata de hacerlo con todo el mundo, incluso con los que más nos cuesta. Porque todo el mundo puede llevar la presencia de Dios, y si nos esforzamos por verla los amaremos más fácilmente. Y en segundo lugar, deberíamos vivir conscientes de que cada uno de nosotros también puede hacer presente a Dios a los demás. Y aquí ya podemos responder a la pregunta que había quedado abierta sobre el espacio que quedaba libre en el cuadro: el pintor dejó un espacio vacío para que cada uno se imaginara a sí mismo en aquella escena. Dios también ha venido para cada uno de nosotros. Y Dios también se hace presente en cada uno de nosotros. Aparte de tratar de reconocer la presencia de Dios en los demás, debemos ser conscientes de que también somos presencia de Dios. Y esto nos condiciona positivamente, porque nos invita a hacer el bien y aportar cosas buenas a la sociedad. Como Tretyakov, que pudo vivir tranquilo con su fortuna pero que prefirió gastarla para dar una oportunidad a los más humildes que no habían tenido su suerte. O como tantas y tantas acciones anónimas que encontraríamos a nuestro alrededor si nos fijáramos bien en todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Contribuir con lo que podamos a la edificación del Reino de Dios, siendo conscientes de que llevamos a Dios con nosotros y tratando de verlo también en los demás, es un buen fruto de la celebración de la Navidad que hemos pasado, y un buen propósito para al año que comienza.

 

 

Abadia de MontserratDomingo II del tiempo ordinario (15 de enero de 2023)

15 de enero de 2023 Domingo II (Is 49, 3.5-6)

El profeta Isaías hoy nos explica su experiencia de Dios y la misión que se sintió impelido a realizar. Encontramos reflejadas estas mismas palabras también en la misión de Jesús. Miremos al final del texto de hoy: «te he hecho luz de todos los pueblos para que mi salvación llegue de un lado a otro de la tierra». Tú que eres cristiano, que en el bautismo te has comprometido a vivir como más semblante a Jesús mejor, las palabras de hoy que escuchó Isaías, y que Jesús llevo a cabo, ¿no te dicen en el corazón lo que debes hacer?

Señor, como nos propone la respuesta al salmo responsorial, yo también te digo: Dios mío, quiero hacer tu voluntad.

Abadia de Montserrat15 de enero de 2023 Domingo II (Is 49, 3.5-6)

14 de enero de 2023 Sábado I (He 4, 12-16)

Impresiona lo que hoy nos dice la carta a los Hebreos: «Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas». Ser conscientes de ello, incluso puede suscitar en nosotros un cierto sentimiento paranoico en el que se mezclan la desconfianza de sentirte vigilado para ver cuando te cazan en un inconveniente, el miedo, el recelo, etc… Pero mira qué dice más abajo: «No tenemos un sumo sacerdote (Jesús) incapaz de compadecerse de nuestras debilidades».

Señor, soy débil por naturaleza, pero confío en tu capacidad de compadecerte de nosotros.

Abadia de Montserrat14 de enero de 2023 Sábado I (He 4, 12-16)

13 de enero de 2023 Viernes I (He 4, 1-5.11)

«Temamos, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea que ha perdido la oportunidad». Así comienza el texto de la carta a los Hebreos que hoy nos propone la Iglesia para reflexionar. En lugar de reposo debe entenderse: la vida en Dios. Y el relato de la creación nos recuerda que Dios descansó el séptimo día. Ahora, nosotros, no nos encontramos en el séptimo día, sino que debemos saber colaborar con la obra creadora de Dios. Las condiciones requeridas serán nuestra capacidad para colaborar en la obra creadora de Dios.

¿Cuáles son las obras de mis manos? ¿Llevan el sello de la Buena Nueva?

Señor, que mis manos, mis obras, no se ensucien por mi orgullo, sino que tengan la fortaleza de servirte en todo el mundo, que es tu imagen.

Abadia de Montserrat13 de enero de 2023 Viernes I (He 4, 1-5.11)

12 de enero de 2023 Jueves I (He 3, 7-14)

Entre otras cosas la carta en Hebreos hoy nos dice: «¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo». En la vida espiritual el corazón malo no viene nunca de golpe: se va enfermando cuando nos vamos olvidando que, cada día, nosotros tenemos que hacer posible la misión de Jesús. Puede ser una buena medicina para curar el corazón enfermo y sin fe, mirar si hoy he hecho lo que Cristo, en mi lugar, habría hecho.

Señor, mírame, ten compasión de mí e ilumíname.

Abadia de Montserrat12 de enero de 2023 Jueves I (He 3, 7-14)

11 de enero de 2023 Miércoles I (He 2, 14-18)

Hoy también nos ha explicado la carta a los Hebreos nuevos aspectos de la misión de Jesucristo. «Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo». Y, más adelante dice: «Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo». Así pues, nos libera de la muerte para hacernos libres; es sumo sacerdote compasivo; y expía los pecados.

Señor, muéstrame el camino para recibir el don de la libertad, el de sentirme compadecido y el del perdón para la expiación.

Abadia de Montserrat11 de enero de 2023 Miércoles I (He 2, 14-18)

10 de enero de 2023 Martes I (He 2, 5-12)

La carta a los Hebreos nos está explicando la misión de Jesús. En los últimos versículos de hoy, dice: «Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré…. «» Así, pues, nos santifica, nos tiene por hermanos, y nos enseña el significado profundo de Dios como Padre.

Señor, deseo tener un corazón lo suficientemente grande que sea capaz de asimilar el significado de todo lo que has puesto en nuestras manos.

Abadia de Montserrat10 de enero de 2023 Martes I (He 2, 5-12)

9 de enero de 2023 Lunes I (He 1, 1-6)

¿Recuerdas que ayer oímos en el bautismo de Jesús: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto»? Hoy, en la carta a los Hebreos podemos oír unas palabras parecidas: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; pero, además, nos ha dicho cuál era la misión de su Hijo: «Dios nos ha hablado por el Hijo». Todo nos lleva a una de las palabras clave para un creyente: escucharlo. Quien escucha a Jesús, escucha Dios. ¿Qué significa escuchar a Jesús? ¿Tienes tiempo cada día para hacerlo?

Señor, que dentro de mí no haya ese ruido que me impide acoger tus palabras.

Abadia de Montserrat9 de enero de 2023 Lunes I (He 1, 1-6)

Fiesta del Bautismo del Señor (8 de enero de 2023)

Homilía del P. Ignasi M Fossas, monje de Montserrat (8 de enero de 2023)

Isaías 42:1-4.6-7 / Hechos de los Apóstoles 10:34-38 / Mateo 3:13-17

 

Queridos hermanos y hermanas: me permito empezar esta homilía reproduciendo un fragmento de la que, predicó el papa Benedicto XVI en la fiesta de hoy en 2008. Merece la pena recordar sus palabras porque expresan con profunda claridad el misterio que hoy celebramos. Decía Benedicto XVI: 

Acabamos de oír el relato del bautismo de Jesús en el Jordán. Fue un bautismo diverso del que estos niños van a recibir, pero tiene una profunda relación con él. En el fondo, todo el misterio de Cristo en el mundo se puede resumir con esta palabra: «bautismo», que en griego significa «inmersión». El Hijo de Dios, que desde la eternidad comparte con el Padre y con el Espíritu Santo la plenitud de la vida, se «sumergió» en nuestra realidad de pecadores para hacernos participar en su misma vida: se encarnó, nació como nosotros, creció como nosotros y, al llegar a la edad adulta, manifestó su misión iniciándola precisamente con el «bautismo de conversión», que recibió de Juan el Bautista. Su primer acto público, como acabamos de escuchar, fue bajar al Jordán, entre los pecadores penitentes, para recibir aquel bautismo. Naturalmente, Juan no quería, pero Jesús insistió, porque esa era la voluntad del Padre: “Soy yo quien necesito que tú me bautices. ¿Cómo es que tú vienes a mí?”, pero Jesús insistió, porque aquélla era la voluntad del Padre: “Accede por ahora a bautizarme. Conviene que cumplamos así todo lo bueno de hacer”. 

¿Por qué el Padre quiso eso? ¿Por qué mandó a su Hijo unigénito al mundo como Cordero para que tomara sobre sí el pecado del mundo? (cf. Jn 1, 29). El evangelista narra que, cuando Jesús salió del agua, se posó sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma, mientras la voz del Padre desde el cielo lo proclamaba «Hijo predilecto» (Mt 3, 17). Por tanto, desde aquel momento Jesús fue revelado como aquel que venía para bautizar a la humanidad en el Espíritu Santo: venía a traer a los hombres la vida en abundancia (cf. Jn 10, 10), la vida eterna, que resucita al ser humano y lo sana en su totalidad, cuerpo y espíritu, restituyéndolo al proyecto originario para el cual fue creado.

El fin de la existencia de Cristo fue precisamente dar a la humanidad la vida de Dios, su Espíritu de amor, para que todo hombre pueda acudir a este manantial inagotable de salvación. Por eso san Pablo escribe a los Romanos que hemos sido bautizados en la muerte de Cristo para tener su misma vida de resucitado (cf. Rm 6, 3-4). Y por eso mismo los padres cristianos, como hoy vosotros, tan pronto como les es posible, llevan a sus hijos a la pila bautismal, sabiendo que la vida que les han transmitido invoca una plenitud, una salvación que sólo Dios puede dar. De este modo los padres se convierten en colaboradores de Dios no sólo en la transmisión de la vida física sino también de la vida espiritual a sus hijos. Hasta aquí las palabras de Joseph Ratzinger.

Otro elemento a considerar del Bautismo del Señor es su dimensión cósmica. La «inmersión» de Cristo en las aguas del Jordán ha santificado todas las cosas creadas. La redención que ha llevado a Jesucristo por su pasión, muerte y resurrección afecta no sólo a los hombres y mujeres de todos los tiempos, sino también a la creación entera. Precisamente tratando este tema, el propio Benedicto XVI decía también: El bautismo no es sólo una palabra; no es sólo algo espiritual; implica también la materia. Toda la realidad de la tierra queda involucrada. El bautismo no atañe sólo al alma. La espiritualidad del hombre afecta al hombre en su totalidad, cuerpo y alma. La acción de Dios en Jesucristo es una acción de eficacia universal. Cristo asume la carne y esto continúa en los sacramentos, en los que la materia es asumida y entra a formar parte de la acción divina. (homilía por la fiesta del bautismo del Señor de 2007).

Por eso también la creación es susceptible de la salvación que nos viene de Cristo. Como dice también una antífona de la fiesta de hoy, Dios purifica, en Cristo, todas las cosas creadas con el Espíritu y el fuego (Laudes). Esta realidad llega a su punto culminante en la celebración de la Eucaristía. En el sacramento del pan y del vino, estos elementos que forman parte de la creación caída son santificados por el Espíritu Santo y se convierten en el cuerpo y sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Con la comunión nosotros también participamos de esa corriente de vida y de gracia que brota del lado abierto del Señor. Que Él nos llene con su luz y nos haga el don de adorarle todos los días de nuestra vida. Dad al Señor gloria y honor, honrad al Señor, honrad su nombre, adorad al Señor, aparece su santidad.

Abadia de MontserratFiesta del Bautismo del Señor (8 de enero de 2023)

8 de enero de 2023 Domingo Bautismo del Señor (Is 42, 1-4.6-7)

He aquí las primeras palabras que, hoy, el profeta Isaías pone en boca del Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco». De una manera casi idénticas las oiremos en el evangelio: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». Bien mirado, no podíamos oír unas palabras más bellas y a la vez más comprometidas.

Y tú, ¿qué le dices a Jesús? Y tú, ¿qué dices de Jesús? ¿Y tu bautismo a que te compromete?

Abadia de Montserrat8 de enero de 2023 Domingo Bautismo del Señor (Is 42, 1-4.6-7)