Vigilia de Santa Maria de Montserrat

Estimados Señores Obispos de St. Feliu, de Girona, de Perpiñán, y Auxiliares de Barcelona. Estimado P. Abad y comunidad de monjes, sacerdotes y diáconos. Molt Honorable Sr. President de la Generalitat e Ilustrísimo Sr. Alcalde de Monistrol y Autoridades. Escolanes, amigos músicos y Corazones Ábside y Áurea, M. Abadesa y monjas de Sant Benet, peregrinos y amigos, hermanas y hermanos en el Señor.

1. ¡Hoy es Pascua! ¡Cristo ha resucitado! Estamos dentro de su Octava y celebramos con mucha alegría en la Casa de nuestra Madre y Patrona, la alegría de la Resurrección del Señor, que es también la fuente de la alegría que María nos comunica. Que resuenen con fuerza las palabras recientes del Papa Francisco a los jóvenes y a todos en su exhortación postsinodal «Christus Vivit»:
«Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo! Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza.» (N. 1-2)
¡Hoy es Pascua y el mundo se llena de esperanza!
La luz de Cristo lo invade todo, lo llena y transforma todo. La tiniebla, el pecado y la muerte han sido vencidos. Ha triunfado el amor sacrificado, que todo lo transforma.
Por más que nos maten los terroristas como este bárbaro atentado de Estado Islámico contra cristianos a Sri Lanka, o que a cultura actual se vaya volviendo insidiosa con los creyentes o impermeable a la fe, Cristo abre todos los muros.
Por el amor crucificado del Señor, todo el mundo ha renacido, con una vida y una paz nuevas. La misericordia del Señor es más fuerte que el pecado y que la muerte, y todo lo cura y lo salva. ¡Cristo ya lo ha pagado todo para todos!
Amar es imitarlo y dar la vida por los hermanos. Pidámosle hoy, con fe, que Él abra nuestros corazones al amor comprometido y servicial, parecido al suyo, que pone a los pobres en el centro de todo.

2. Celebramos la Vigilia de Santa María, la Vigilia de nuestra Madre, la Virgen de Montserrat, Patrona principal de Cataluña y de todas las Diócesis catalanas. Es bueno que le demos a la Virgen María el lugar central que ocupa siempre en la celebración de la Pascua de Resurrección.
Ella se mantuvo firme al pie de la Cruz de Jesús, le acompañaba dolorida, silenciosa y rodeada de soledad pero llena de fe y de esperanza; fuente de luz y de vida; porque creyó y estimó de forma única.
Hemos escuchado en el Evangelio de esta Vigilia como Ella recibió de los labios del mismo Jesús el gran don de ser Madre del discípulo que Jesús amaba, al tiempo Madre de la Iglesia y Madre de toda la humanidad: «Toma tu hijo”.
Y nosotros venimos a esta noche santa y tan gozosa, para recibirla y acogerla en nuestra casa, y tenerla bien en nuestro corazón. Amamos a nuestra Madre celestial, la veneramos y la llenamos de reconocimiento agradecido.
Gracias Virgen María por ser nuestra Madre amorosa: «¡Aquí tienes a tu Madre!» Nos dijo Jesús a todos. La Pascua trajo el estallido de alegría de los discípulos y su envío para la misión, y María les acompañó, los reunió para orar con ellos y esperó, con ellos, el don del Espíritu Santo en Pentecostés, que corroboraba su misión apostólica.
María sigue acompañando y ayudando al pueblo cristiano en todas sus necesidades y en esta Pascua nos pide que no seamos sordos a la llamada de su Hijo, el Resucitado, que vence el miedo. Si Él nos llama, confiemos en Él. Y Él siempre da el coraje y las fuerzas para llevarlo a cabo.
Como María le dijo que sí a Dios, y aceptó su vocación maternal, podemos entender que decirle sí al Señor es animarse a abrazar la vida como viene, con toda su fragilidad y pequeñez, dice el Papa Francisco. Jóvenes y mayores, la llamada del Señor, no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es un peso que se nos carga encima; es la iniciativa amorosa con que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos, mostrándonos en el horizonte un mar más amplio y una pesca sobreabundante. En la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, el pasado enero, el Papa decía a los jóvenes: Dios tiene un sueño con cada uno de nosotros, con sus hijos, con los que le aman y lo siguen”. Decir «sí» al sueño de Dios es seguirlo e implica ofrecerle toda la vida, y ofrecerla del todo, para siempre. Digámosle con St. Ignacio que en Montserrat veló su entrega a Dios: «¡Tomad Señor y recibid toda mi libertad… todo lo que soy y poseo; todo es vuestro!”.
Decir «sí» al sueño de Dios es aceptar con alegría y libertad la posibilidad de que Dios se sirva de nosotros para alguna obra buena, para edificar la Iglesia y construir su Reino. Los caminos están abiertos… Y quienes ya somos mayores planteémonos estas cosas, ayudemos a los niños, adolescentes y jóvenes a pensar en ello seriamente. Podemos contribuir, con Dios, a llevar su salvación a nuestro mundo. Tendremos que estar dispuestos a asumir riesgos por amor. Esta es la vocación y esta es la respuesta de la persona a Dios: decir «sí» a su sueño, a su proyecto de amor para nosotros y para el mundo. Una vocación que concretamos en el sacerdocio, en diferentes formas de vida consagrada -monjes, religiosos, institutos seculares, vírgenes consagradas, nuevas formas de vida consagrada y vida contemplativa- y en la entrega misionera. Y todos en el Pueblo de Dios estamos llamados a ser discípulos misioneros de Cristo Resucitado.
Por eso hemos de pedir al Espíritu Santo su asistencia para que muchos escuchen la llamada, no tengan tanto miedo y conviertan su fe en servicio. Que busquen la ruta, y se pongan en camino.
Y pedimos también a la Virgen María, nuestra Madre, que nos ayude a encontrar en el camino a las personas adecuadas, dispuestas a orientar y acompañar nuestra respuesta, y que sueñen también con nosotros.

3. Llevemos a nuestra Madre y Patrona, que desde Montserrat vela por el pueblo de Cataluña, todos los anhelos y las necesidades de nuestro país, para que en las elecciones del domingo a las Cortes del Estado salgan elegidos aquellos que mejor y más acertadamente trabajen por la paz y la reconciliación, por el respeto a la nación catalana y a nuestra lengua y cultura, por el diálogo entre todos los pueblos que formamos el Estado, llamados a amarnos y a colaborar solidariamente. Que trabajen por una solución al problema catalán (como lo llamaba el obispo Ramon Masnou) que supere la dialéctica de los vencedores y los vencidos en el conflicto actual que ha originado sufrimientos por todos lados, cárceles y lejanía de la patria. Como dice el Papa Francisco que se atrevan a diseñar «una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones» (Ev. Gaudium 239). De ahí que también les pedimos que actúen con responsabilidad en la línea de conseguir una economía social que ponga interés preferente en los que menos recursos tienen, y se preocupen de la familia, del apoyo y respeto a la vida, de las esperanzas del presente y del futuro para los jóvenes y los parados, con trabajo decente, los emigrantes, y de los más vulnerables, así como la defensa del medio ambiente. ¡La Virgen de Montserrat nos ayudará, como siempre ha hecho a lo largo de nuestra historia milenaria!

4. Que conmovedor haber cantado en esta Vigilia los cantos de los peregrinos de los siglos pasados, con las músicas y danzas del Llibre Vermell (siglo XIV): «Emperatriz de la ciudad gozosa», «Mariam Matrem», «Stella splendens», «estrella que, como un rayo de sol resplandece en la montaña, de milagros aserrada, escucha el pueblo «! Cantos que nos llenan el corazón de alegría y de paz.
Pero es que el Llibre Vermell, no es un libro encuadernado con tapas rojas. Esto es lo que dice el archivero del Monasterio… No. El Libro rojo es más. Es el testimonio de la fe de un pueblo que siglos y siglos ha subido en peregrinación a Montserrat, como nosotros lo hemos hecho hoy. Un pueblo «que ama y avanza dándose las manos» (Joan Maragall), y lo ha podido hacer gracias a los monjes y a los escolanes. Ellos custodian a nuestra Madre.
Como amamos a Montserrat y a la comunidad tan referente de los monjes benedictinos que cuidan de la Virgen que es Madre de todos. Como nos cautivan siempre los Escolanes con sus polifonías y su prontitud en la oración, y siempre bien alineados … Hoy quienes subimos a Montserrat y quienes se unen a través de la radio a esta Vigilia, también venimos a decir al padre Abad Josep Maria, a los monjes ancianos y jóvenes, a los escolanes y a todos los que forman «nuestro Montserrat», que los sentimos nuestros y que ningún desfallecimiento ni pecado no nos hará perder nuestra estima a Montserrat y nuestro agradecimiento a su mantenida oración y acogida. Gracias P. Abad y gracias a todos, por vuestra fidelidad a la Iglesia y a Cataluña de tantos siglos. Creo poder interpretar el sentimiento de los obispos y del país si os digo que el pueblo catalán y la Iglesia que hace camino en Cataluña nunca os estarán suficientemente agradecidos.
Continúe siendo lugar privilegiado de acogida, de oración y de misericordia. Os necesitamos para venir a recibir gracia, paz, fortaleza y consejo en las pruebas. En Cataluña necesitamos Montserrat para que nos sea lugar de refugio y oasis en medio del ajetreo de la vida, y muchas personas se puedan acercar para vivir su fe y su devoción, pero también para poder encontrar consejo, perdón, misericordia y belleza inspirada en la fe. Que María os haga una fuente de agua viva donde todos nos podamos acercar para encontrar consejo espiritual, consuelo y fuerza en medio de las contrariedades y las tormentas de la vida.
¡Ofrezcamos al Señor esta noche nuestra vida! ¡A todos una santa fiesta de la Virgen de Montserrat!

Homilía de Mons. Joan-Enric Vives i Sicília, arzobispo de Urgell
26 de abril de 2019
Homilía de la Vigilia de Sta. María de Montserrat 2019

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