Montserrat acoge a un nuevo monje

“Doy gracias a la Misericordia de Dios, que me abre la vida a buscarlo para intentar ser un hombre suyo, un hombre de Dios, entregando mi vida por amor”, asegura el Hno. Pau

Montserrat, junio de 2019. El domingo, 9 de junio, en la Solemnidad de Pentecostés, durante la misa conventual, a las 11h, el monje Pau Valls firmará su compromiso definitivo con la comunidad benedictina de Montserrat y será consagrado como monje por la oración del P. Abad y la profesión solemne. A la ceremonia, que presidirá el P. Abad Josep M. Soler, asistirán los monjes de la comunidad y los escolanes, además de los familiares y amigos del profeso solemne. La eucaristía podrá seguirse en directo a través de las TV de la Xarxa de Comunicación Local, por Radio Estel (106,6FM) y por Montserrat RTV (www.montserratcomunicacio.cat).

El Hno. Pau (David) Valls Gonzálvez nació en Barcelona el 20 de enero de 1962 en el seno de una familia cristiana. La educación recibida en casa y la formación en los valores de su escolarización marista y, en el ocio, en el escultismo, lo llevaron a una implicación creciente en diferentes actividades de voluntariado. Esto fructificó en una juventud comprometida en movimientos sociales, culturales y políticos. Estudiante de Filosofía en la Universidad de Barcelona, ​​paulatinamente fue abandonando sus creencias religiosas mientras se integraba en la vida profesional en detrimento de una vida que le hubiera gustado que fuera más intensa intelectual y culturalmente.

Vivió un momento profesional muy exitoso: como ejecutivo, sobre todo, en dos multinacionales de renombre. Pero el supuesto éxito profesional no se veía correspondido a nivel de crecimiento personal. Ante la crisis vital y de valores que sufrió vivió una “conversión sanadora”, que le llevó “a escuchar la llamada de Dios y querer seguir radicalmente el camino señalado por su Hijo Jesús, el Cristo”. Fue en la hospedería del monasterio, de la mano de una persona que le ayudó a encontrar la tranquilidad que pedía su espíritu, cuando hizo posible su “cuidado vital” y, muy especialmente, su “reencuentro con la fe abandonada”; una fe que acabó de madurar en los sucesivos retiros que realizaba en Montserrat. “Ahora doy gracias a la Misericordia de Dios, que me abre la vida a buscarlo para intentar ser un hombre suyo, un “hombre de Dios”, afirma el Hno. Pau Valls.

Así pidió a la fraternidad de los hermanos de la comunidad de monjes de Montserrat vivir “humildemente y obediente bajo la Regla de San Benito, intentando que el resto de mi vida sea una verdadera acción de gracias, testimonio y alabanza constante de la misericordia de Dios Nuestro Señor, así como intercesión para el prójimo, sea creyente o gentil”, confiesa.

Para el Hno. Pau Valls, la vida monástica es “la opción concreta para vivir desde la radicalidad del seguimiento de Cristo con fe y esperanza, practicando la caridad; en el horizonte, la entrega de la propia vida por amor”. El futuro profeso solemne asegura ser feliz, actualmente; y que lo que más felicidad te proporciona es “poder ser tú quien le ofreces tu mano al hermano; la comunidad me ha demostrado que tener una mano fraterna que te ayude a levantarte te facilita tu crecimiento”. “Sigo teniendo demasiados pecados -asegura-, pero ahora soy consciente de la inmensa misericordia de Dios”.

La profesión solemne del Hno. Pau Valls

Durante la celebración del domingo, el Hno. Pau Valls leerá, ante el P. Abad y el resto de monjes de la comunidad y de los fieles asistentes, la cédula de profesión, que es un texto escrito a mano y que dice lo siguiente: “Prometo ante Dios y los santos de los que conservamos aquí las reliquias, y en presencia del P. Abad de este monasterio y de sus monjes, vincularme a esta comunidad, vivir como monje y ser obediente según la Regla de San Benito”. Al terminar, firmará dicha cédula sobre el altar de la Basílica de Santa María y, posteriormente, cantará el siguiente versículo del salmo 118: «Recíbeme, Señor, según tu Palabra, y viviré, que no sea defraudada mi esperanza”, que la comunidad repetirá tres veces. De este modo, expresará la voluntad de darse plenamente con la confianza de la ayuda de Dios. Terminado este punto, y después de que el P. Abad le haga entrega de los signos de su condición de monje -la cogulla y el libro de oración-, recibirá el abrazo de todos los monjes profesos solemnes, como símbolo de unión y de acogida en la comunidad.

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