Diumenge XVI de Durant L’any (C)

En este tiempo de verano, muchos de nosotros solemos aprovechar algún día para salir, y visitar a algún familiar o amigo, o incluso para recibir en casa más visitas que a lo largo del año. Las lecturas de hoy nos hablan de una visita muy especial, de cómo acogemos a Dios en nuestra casa.

En la primera lectura, hemos visto cómo Abraham recibe con exquisita cordialidad y generosidad a tres extranjeros, en los que se ha visto una imagen de la Trinidad. Aquel feliz encuentro engrandece también a Abraham, que se ve regalado con la promesa de un hijo. Es como si se nos dijera que cuanto más practiquemos la hospitalidad, más se capacita nuestro corazón para recibir otros dones, y aumenta nuestra fecundidad.

El evangelio de este domingo nos presenta a Cristo que visita a los que fueron sus amigos íntimos, Lázaro, Marta y María. Sólo sabemos de un hogar que Jesús solía visitar, la casa de Marta en Betania, a tres kilómetros de Jerusalén, la cual vivía con su hermano Lázaro y su hermana María. La descripción que hace Lucas de lo que sucedió ha moldeado muchas vidas, aunque todo el pasaje tiene menos de cien palabras y no hay manera de ampliarlo; ni es necesario.

Lucas no menciona a Lázaro, sólo a las dos hermanas. Marta está de pie, muy atareada poniendo la mesa y preparando la comida. María está sentada a los pies de Jesús, absorta en el que el señor dice. Marta se siente ofendida: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Jesús responde con un reproche que ha tenido más influencia en muchas vidas que cualquier milagro, son palabras que están en la misma entraña de la espiritualidad cristiana: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria». Y ahora, el Señor defiende a María: «pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

María había escogido la mejor parte, y no porque Marta hubiera elegido mal, ya que lo que estaba haciendo era necesario; su error consistía en pensar que la contemplación de Cristo era perder el tiempo, cuando es en realidad la suprema actividad. El Señor subraya la primacía de la gracia sobre la naturaleza: la unión del alma con Dios es más importante que cualquier otra cosa que los hombres puedan hacer. Más importante de preparar la comida, claro está, como le dijo a Marta; más importante que expulsar a los demonios, como había dicho antes a los discípulos.

Las lecturas de este domingo elevan nuestra mirada hacia el amor de Dios, para reconocer que toda nuestra vida se sostiene en Él. Debemos pedir la gracia de abrir nuestro corazón al amor de Dios, para poder entrar en su corazón.
Que la Virgen María nos enseñe a acoger al Señor para descubrir que ya hemos sido acogidos.

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