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15 de febrero de 2026 San Claudio de la Colombière, san Faustino, san Jovita y san Onésimo

Hoy, día 15 de febrero, celebramos: la festividad de san Claudio de la Colombière, presbítero; la de los santos Faustino y Jovita, mártires; y la de san Onésimo.

San Claudio de la Colombière, presbítero

Nació en 1641 en Saint-Symphorien, cerca de Lyon (Francia). Estudió en el colegio jesuita de Lyon y, a los 17 años, sintió la vocación de hacerse jesuita. Hombre culto, amante del arte y la literatura, y autor de obras de ascetismo, dedicó su vida a la enseñanza y a la predicación.

Como rector del colegio jesuita de Paray-le-Monial, fue el primer director espiritual de santa Margarita María Alacoque. La acompañó en sus revelaciones y en la devoción al Sagrado Corazón, del cual él destacó, sobre todo, su carácter como símbolo del amor misericordioso de Jesús y como invitación a una confianza ilimitada en Dios.

Enviado un tiempo a Inglaterra como capellán de la duquesa de York, fue encarcelado en 1678 al estallar una conspiración anticatólica. Las duras condiciones de la prisión debilitaron su salud, ya afectada por la tuberculosis. Al año siguiente fue expulsado y regresó a Lyon, donde murió el 15 de febrero de 1682 a los 41 años. Sus reliquias se conservan en Paray-le-Monial. Fue canonizado en el año 1992.

Santos Faustino y Jovita, mártires

Vivieron en el siglo II. La tradición nos presenta a san Faustino, nombrado obispo de Brescia, siempre junto a su compañero laico san Jovita. Parece ser que en tiempos de Adriano, hacia el año 120, ambos fueron arrestados en dicha ciudad lombarda por negarse a adorar a los dioses paganos. Tras sufrir una serie de martirios, fueron decapitados.

En el siglo VIII, el abad de Montecassino se llevó un brazo del mártir para el culto de su monasterio. Los habitantes de Brescia les atribuyen todo tipo de milagros e intercesiones, especialmente durante el sitio que sufrió la ciudad en 1438. En Cataluña se les rinde culto en Noves de Segre.

San Onésimo, discípulo de san Pablo

Era esclavo del cristiano Filemón, en la ciudad de Colosas (en la actual Turquía). Tras escapar de su amo, fue a parar a la cárcel donde el apóstol Pablo estaba detenido. Fue ganado para Cristo por san Pablo, quien lo bautizó y, posteriormente, lo hizo regresar con su dueño, pero con una carta en la que le pedía que lo recibiera como a un hermano.

De este modo, Onésimo acompañó a Tíquico, quien llevaría, junto con la carta a Filemón, la Epístola a los Colosenses, incorporándose así a aquella comunidad. Según tradiciones posteriores, habría llegado a ser obispo de Éfeso y murió mártir.

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