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8 de febrero de 2026 San Jerónimo Emiliani y santa Josefina Bakhita

Hoy, día 8 de febrero, celebramos la festividad de san Jerónimo Emiliani, presbítero, y la de santa Josefina Bakhita, virgen.

San Jerónimo Emiliani, presbítero

Nació en el año 1481 (o 1486) en el seno de una familia noble de Venecia. Mientras servía como político y militar, en 1511 capitaneaba la defensa de la fortaleza de Quero cuando fue capturado. Durante su cautiverio, tuvo tiempo para orar y encontrarse con Dios por intercesión de la Virgen María, hecho que inició una profunda conversión.

Finalizada la guerra y una vez concluido su compromiso con la República, en 1527 vendió sus propiedades y se dedicó totalmente a Dios y a los más pobres. Para atender y educar a los jóvenes huérfanos, fundó en 1533 la Compañía de los Siervos de los Pobres, que se convertiría en la Orden de los Clérigos Regulares de Somasca, llamados popularmente somascos (por el nombre de la localidad donde se establecieron, Somasca). Murió el 8 de febrero de 1537 mientras atendía a los enfermos durante una epidemia de peste. Fue canonizado en el año 1767.

Santa Josefina Bakhita, virgen

Nació hacia 1869 en Darfur, Sudán. De niña nunca se había puesto un vestido hasta que, cuando tenía entre siete y nueve años, fue secuestrada y vendida varias veces como esclava en mercados africanos, donde fue tratada con mucha dureza. El trauma le hizo olvidar su nombre y el de sus padres; por ello, los traficantes la llamaron «Bakhita», que significa «afortunada».

En el año 1883 fue comprada por el cónsul italiano, quien la llevó a Italia. Allí, por primera vez, Josefina fue tratada con dignidad humana. Trabajó como niñera hasta que fue declarada oficialmente libre. En Venecia recibió la iniciación cristiana, tomando el nombre de Josefina y conservando el de Bakhita. Poco después ingresó en el instituto de las Hijas de la Caridad de Canossa, donde llevó una vida ejemplar combinando los servicios comunitarios con viajes de animación misionera por Italia.

En 1930, una escritora la entrevistó para redactar su biografía, publicada al año siguiente: Una historia maravillosa. La esperanza que la había redimido se hizo patente hasta su muerte, por pulmonía, el 8 de febrero de 1947. Solía decir: “Si me encontrara con quienes me secuestraron y atormentaron, me arrodillaría y les besaría las manos, porque gracias a ellos conocí a Cristo”. Fue canonizada en el año 2000.

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