Hoy, día 6 de febrero, celebramos la festividad de san Pablo Miki y compañeros, mártires; la de los santos monjes del desierto de Gaza; y la de santa Dorotea, virgen y mártir.
San Pablo Miki y compañeros, mártires del Japón
Este jesuita japonés tenía poco más de treinta años cuando, en el año 1597, el Shogun (el jefe militar y político del Japón) prohibió el cristianismo. Pablo Miki fue detenido en Osaka junto con otros veinticinco cristianos a causa de su fe. Como castigo, les cortaron la oreja izquierda y los exhibieron por las calles de Kioto. El grupo estaba formado por cinco misioneros franciscanos españoles y uno mexicano, tres jesuitas japoneses y diecisiete laicos terciarios franciscanos, también japoneses (tres de ellos niños).
Fueron condenados y enviados a Nagasaki para morir crucificados. Pablo Miki, que se había destacado por su predicación en las ciudades, murió el 5 de febrero perdonando a sus verdugos y rezando por el Japón: “No os queremos mal, rezad por nosotros”. Sus cuerpos quedaron expuestos durante mucho tiempo y, posteriormente, los cristianos plantaron árboles en los huecos de las cruces de aquella colina, hoy considerada sagrada. Este grupo es conocido como los mártires de Nagasaki y, en el año 1862, fueron los primeros mártires del Extremo Oriente en ser canonizados.
Los santos monjes del desierto de Gaza (santos Barsanufio, Juan y Doroteo)
Durante el siglo V, el cristianismo se expandió en Palestina y muchas personas buscaron una vida ascética y de oración. El desierto de Gaza se convirtió en un lugar destacado del monaquismo eremítico. Los anacoretas san Barsanufio y san Juan de Gaza se convirtieron en maestros espirituales y dejaron cartas e instrucciones con consejos sobre la disciplina interior y la lucha contra las pasiones.
Siguiendo su legado, san Doroteo de Gaza, considerado uno de los doctores del monaquismo, recopiló y completó estas enseñanzas en la obra Reglas de los monjes del desierto de Gaza. Este compendio influyó profundamente en el monaquismo griego, sirio y occidental, y forma parte de la tradición esencial de los Padres del Desierto.
Santa Dorotea, virgen y mártir
Mártir del siglo IV en Cesarea de Capadocia. Su nombre significa «don de Dios» y, ya desde joven, decidió consagrarse como virgen. Durante la persecución de Diocleciano, fue arrestada y, tras sufrir diversos suplicios, fue decapitada.
Uno de los episodios más conocidos narra que el juez que la condenó la desafió diciéndole: “Envíame rosas y manzanas desde el paraíso”. Ella le contestó que así lo haría. Según la tradición, mientras la llevaban al patíbulo, un ángel entregó al juez una cesta con tres rosas y tres manzanas, a pesar de ser pleno invierno. Este hecho provocó la conversión del juez. Santa Dorotea recibe un culto especial en la población de Capellades (Barcelona).

