Hoy, día 26 de enero, celebramos la festividad de: san Timoteo y san Tito, obispos; de los santos abades fundadores del Císter; y de santa Paula, religiosa.
San Timoteo y san Tito, obispos y discípulos de san Pablo
Al día siguiente de la fiesta de la conversión de san Pablo, celebramos la memoria de dos de sus colaboradores más cercanos y queridos, que junto con Lucas fueron fieles colaboradores del apóstol. A ambos los encontró a lo largo de sus viajes y los llevó consigo. Son dos figuras destacadas del cristianismo primitivo del siglo I.
Timoteo era natural de Listra, hijo de padre pagano y de madre judía cristiana. Esta doble herencia lo hizo especialmente apto para el diálogo entre judíos y gentiles. Fue elegido por san Pablo por su buena reputación entre los hermanos de Listra e Iconio, y lo hizo circuncidar por consideración a los judíos de la región. Lo acompañó en diversos lugares y también lo representó en otros. Su figura destaca como pastor de gran importancia (según Eusebio, fue el primer obispo de Éfeso). La tradición lo considera mártir, probablemente lapidado en Éfeso por oponerse a una procesión pagana. En el Nuevo Testamento figura como destinatario de dos cartas.
Tito era de familia griega y pagana, convertido por san Pablo en uno de sus viajes apostólicos, y se convirtió en un estrecho colaborador suyo. No fue circuncidado y lo llevó a Jerusalén como ejemplo de la universalidad del cristianismo. Trabajó para encauzar la comunidad de Corinto y concluir las colectas en favor de los cristianos de Jerusalén. Llegó a ser obispo de Creta, y san Pablo le dirigió una de sus epístolas, llamándolo “mi verdadero hijo en la fe”.
Los santos abades fundadores del Císter
A comienzos del siglo XII, veintiún monjes procedentes de Molesmes (dirigidos por el abad Roberto, el prior Alberico y el sabio Esteban Harding) buscaron las formas genuinas de la tradición monástica benedictina, con un deliberado espíritu de pobreza y sencillez, de trabajo manual y de soledad. En el momento más crítico de la etapa fundacional, Dios bendijo sus esfuerzos con la entrada de san Bernardo y treinta compañeros.
Santa Paula, religiosa
Nacida en Roma hacia el año 347, era una patricia romana, casada con el senador Toxocio y madre de cinco hijos. Al quedar viuda a los 32 años, quiso profundizar en su fe cristiana e inició encuentros de oración en su propia casa, donde se reunían diversas mujeres con el deseo de llevar una vida ascética. En 382 fue invitado a este círculo el asceta y gran estudioso san Jerónimo. Pasado un tiempo emprendió una peregrinación por Egipto y Tierra Santa, adonde san Jerónimo ya se había dirigido con el objetivo de traducir las Sagradas Escrituras al latín. En Belén dedicó la mayor parte de sus recursos a fundar una casa para peregrinos y dos monasterios. Allí vivió, dedicada a la oración, al trabajo y al estudio de las Escrituras, hasta su muerte, el 28 de enero hacia el año 404.

