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25 de enero de 2026 Conversión de san Pablo y santa Elvira

Hoy, día 25 de enero, celebramos la festividad de: la Conversión de san Pablo, apóstol, y de santa Elvira, virgen.

La Conversión de san Pablo, apóstol

La Iglesia recuerda hoy la conversión de san Pablo en el camino a Damasco. Pablo de Tarso brilla como una estrella de primera magnitud en la Historia de la Iglesia, y no solo en los orígenes. Ciertamente, después de Jesús, es el personaje de los primeros tiempos del que más información tenemos. De hecho, no solo contamos con la narración que hace Lucas en los Hechos de los Apóstoles, sino también con un conjunto de cartas escritas por él que revelan su personalidad y pensamiento.

Para él fue decisivo conocer a la comunidad de quienes se proclamaban discípulos de Jesús. De ellos tuvo noticia de una nueva fe, un nuevo “camino”, como se decía, que no ponía en el centro la Ley de Dios, sino la persona de Jesús crucificado y resucitado, a quien se atribuía la remisión de los pecados. Como judío celoso, consideraba este mensaje inaceptable, aún escandaloso, y sintió el deber de perseguir a los seguidores de Cristo, incluso fuera de Jerusalén. Precisamente, en el camino a Damasco, a inicios de los años treinta, Saulo de Tarso, según sus palabras, fue “atrapado por Cristo”. Toda su vida quedó marcada por esta conversión, y fue llamado a gloriarse solo en la cruz y a ser un instrumento elegido para la evangelización del mundo. La celebración litúrgica de este hecho es puramente occidental.

Cuando escribe la Carta a los Romanos, expresa el deseo de llevar a cabo una gran misión en Hispania. El apóstol ofrecerá su testimonio supremo con la sangre, bajo el emperador Nerón en Roma, donde se conservan y veneran sus restos mortales.

En 1908 se inició la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, celebrada del 18 al 25 de enero.

Santa Elvira, virgen

Vivió a mediados del siglo XII. Probablemente de origen austríaco, aunque gran parte de su vida la pasó en Alemania. Muy joven ingresó en la comunidad de monjas benedictinas de Oerhen, un importante monasterio fundado en el siglo VII, situado en la región de Renania. Con el tiempo, y por unanimidad de todas las hermanas, fue elegida abadesa. Su radiante dedicación a la restauración de la disciplina monástica iluminó la vida de su comunidad, mereciendo el honor de ser elevada a los altares.

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