Hoy, día 19 de enero, celebramos la festividad de: santa Inés, virgen y mártir; los mártires Canuto, Mario, Marta, Audifax y Abaco; y también la de san Macario, abad.
Santa Inés, virgen y mártir
Nació en Roma a finales del siglo III. Hija de una familia patricia y de firme fe cristiana, la joven romana Inés murió a los doce o trece años por negarse a sacrificar a los dioses, tras ser denunciada por un joven enamorado resentido. Este hecho, recogido por san Ambrosio, san Dámaso y Prudencio, fue posteriormente enriquecido por leyendas que explican la profunda devoción con que la Iglesia de Roma siempre ha preservado su memoria. En la Edad Media, la Leyenda Áureade Jacobo de Vorágine amplió los detalles: para deshonrarla, fue llevada a un burdel, pero los hombres que intentaban acercarse a ella eran milagrosamente detenidos por llamas o por miedo. Finalmente, al no poder obligarla a renegar ni deshonrarla, fue decapitada.
En el calendario universal su fiesta se celebra el 21 de enero, pero en Cataluña, al coincidir con la festividad de los santos Fructuoso y compañeros, desde 2016 su memoria litúrgica se traslada al 19 de enero. El día 21, en Roma, se bendicen unos corderos criados por las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret, cuya lana se utiliza para confeccionar los pallios de los nuevos arzobispos metropolitanos.
San Canuto IV, rey
Nacido hacia 1042, llegó a ser rey de Dinamarca. Intentó fortalecer el poder de la monarquía, reforzar la Iglesia y el poder episcopal, y expandir el cristianismo en las regiones escandinavas. Fue asesinado en 1086 por descontentos con los tributos que había impuesto para obras caritativas. Este rey de Dinamarca, justo y piadoso, fue considerado mártir: «Morir por Dios es vivir eternamente». Fue canonizado en 1101 y es venerado como patrón de Dinamarca.
Santos Mario, Marta, Audifax y Abaco, mártires
Según la Leyenda Áurea, a finales del siglo III o principios del IV, los esposos persas Mario y Marta viajaron a Roma con sus hijos Audifax y Abaco para venerar las tumbas de los primeros mártires y ayudar a los cristianos perseguidos: visitaban las prisiones, ayudaban a los pobres y enterraban a los cristianos ajusticiados. Finalmente, ellos también fueron detenidos y torturados para obligarlos a renegar de su fe, pero permanecieron firmes. Fueron decapitados y la madre arrojada a un pozo. Sus cuerpos fueron recuperados y enterrados en secreto en una catacumba el día anterior a las calendas de febrero (19 de enero).
San Macario el Grande o de Egipto, abad
Este abad del siglo IV, conocido como Macario el Grande o de Egipto para diferenciarlo de Macario de Alejandría, fue contemporáneo de éste y discípulo de san Antonio. De vida eremítica, con el tiempo fundó una colina monástica bastante concurrida. Su biografía es confusa, pero se conserva la Vita Macharii de origen copto, el texto más antiguo sobre este santo. Era apreciado por su humildad, sabiduría y virtudes ascéticas, y muchos monjes y fieles consultaban sus orientaciones espirituales. Un apotegma atribuido a él dice: «Si cuando reprendes a alguien te enciendes en cólera, estás satisfaciendo tu pasión. No debes destruirte a ti mismo con la intención de salvar a otro».

