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2 de enero de 2026 San Basilio Magno, san Gregorio de Nacianzo y san Macario de Alejandría

Hoy, día 2 de enero, celebramos la festividad de dos santos que en vida estuvieron unidos por una gran amistad: san Basilio Magno y san Gregorio de Nacianzo, obispos y doctores de la Iglesia. Y también la de san Macario de Alejandría, presbítero.

San Basilio Magno, obispo y doctor de la Iglesia

Nacido en Cesarea de Capadocia hacia el año 329, perteneció a una familia de santos: su hermana Macrina y sus hermanos Pedro de Sebaste y Gregorio de Nisa también fueron canonizados. Recibió una sólida formación en Cesarea, Constantinopla y Atenas, donde entabló amistad con san Gregorio de Nacianzo, compartiendo vivienda, estudios e ideales, compitiendo solo “por ver quién sería más humilde”. Inicialmente enseñó retórica, pero tras su conversión se convirtió en un monje austero, retirándose a la región del Ponto y visitando comunidades monásticas de Oriente. Fue metropolitano de Capadocia, donde desplegó una gran actividad caritativa que puede resumirse en una frase suya: “el pan que guardas pertenece al hambriento; la ropa que tienes en el armario, al desnudo; los zapatos que no usas, al descalzo”.

Defendió la fe de Nicea frente al arrianismo que negaba la divinidad de Cristo y contribuyó a la formulación de la doctrina sobre el Espíritu Santo: “el Espíritu no es inferior ni separable del Padre y del Hijo”. Sus dotes de organizador se tradujeron en gran energía de espíritu y un sentido de equilibrio. Escribió Reglas morales y Reglas monásticas y predicó numerosas homilías, defendiendo una vida comunitaria equilibrada de oración, trabajo y servicio a los pobres. Murió en Cesarea el 1 de enero del 379.

San Gregorio de Nacianzo, obispo y doctor de la Iglesia

Nacido hacia el año 330 en una familia cristiana, sus padres fueron san Gregorio, obispo de Nacianzo, y santa Nonna. También tuvo dos hermanos santos: Gorgonia y Cesario. Llevó una existencia accidentada debido a su carácter contemplativo y poético. Se retiraba a la soledad cada vez que se le confiaba un cargo pastoral: tanto en la ordenación presbiteral que le otorgó su padre como obispo de Nacianzo, como cuando recibió el episcopado conferido por san Basilio en el patriarcado de Constantinopla.

Fue conocido por su humildad, honestidad y rigor doctrinal, manteniendo al mismo tiempo una vida ascética y contemplativa. Con su oratoria excepcional defendió con firmeza la fe nicena y desarrolló la doctrina trinitaria: “El Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios; y sin embargo, hay un solo Dios, no tres dioses”. Nos dejó 45 discursos, 244 cartas y un conjunto de poemas que suman dieciocho mil versos. Hacia el año 390 partió al encuentro con el Señor.

San Macario de Alejandría, presbítero

Nacido hacia el año 300 en Alejandría, fue un antiguo comerciante de frutas que a los cuarenta años se retiró al desierto de las Celdas, en el Bajo Egipto, donde ejerció gran influencia sobre los anacoretas. Es conocido por su extrema disciplina ascética con prolongados ayunos (“la verdadera lucha no es contra los demás, sino contra uno mismo”) y por su oración constante (“el hombre que ora continuamente es más fuerte que cualquier enemigo visible o invisible”). Falleció hacia el año 390.

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