Hoy, día 6 de enero, celebramos: la festividad de la Epifanía del Señor; y de san Andrés Corsini, obispo.
La Epifanía del Señor. Santos Melchor, Gaspar y Baltasar, los reyes de Oriente
Se celebra la manifestación de Cristo a los Magos, un acontecimiento al que san Mateo da gran importancia. Después del 25 de diciembre, hoy es la segunda gran fiesta del tiempo de Navidad. Recordando a aquellos sabios (también llamados magos o reyes) venidos de Oriente para adorar al Mesías, celebramos que todos los pueblos de la tierra están llamados a seguir la luz de Jesús y a vivir la inmensa alegría de la fe. La tradición ha imaginado que eran tres y de tres razas diferentes, expresando así el mensaje universal de la fiesta, y les ha puesto nombre: Melchor, Gaspar y Baltasar. En homenaje a su dignidad real, le ofrecieron oro, incienso y mirra.
Hoy se celebran también los onomásticos de estos reyes: Melchor, Gaspar y Baltasar. La tradición cuenta que sus reliquias fueron trasladadas desde Persia a Milán en el siglo IV, y posteriormente, debido a los asedios del emperador Federico I Barbarroja en el siglo XII, se trasladaron a Colonia, donde actualmente se veneran.
Asimismo, hoy se recuerdan otras manifestaciones de Jesucristo: su bautismo, en el que fue reconocido como Hijo por Dios Padre; y en las bodas de Caná de Galilea, donde manifestó su gloria transformando el agua en vino. En algunos lugares, también se recuerda a la Virgen María con el nombre de Santa María de los Reyes, porque fue ella quien mostró a Jesús a los Magos.
San Andrés Corsini, obispo
Nació hacia 1302 en una familia noble florentina y, de joven, llevó una vida mundana y desordenada hasta que un sueño y el ejemplo de su madre lo llevaron a una conversión radical. En este sueño se vio arrastrado por una riada oscura y violenta; mientras sentía que se ahogaba, apareció la mano de la Virgen que lo salvó diciéndole: “este no es el camino que te he preparado”.
Hacia 1326 ingresó en la orden del Carmelo, llegando a ser prior del convento de Florencia. En 1360 se convirtió en obispo de Fiesole sin abandonar la vida penitente que llevaba, destacando por la reforma del clero, la defensa de los pobres y oprimidos, y el trabajo por la paz y la reconciliación entre las familias rivales de Florencia. Creía que “el obispo no es señor del rebaño, sino el primer servidor”. Murió el 6 de enero de 1374 con fama de taumaturgo.

