Hoy, día 26 de febrero, celebramos la festividad de san Alejandro, obispo, y la de santa Paula Montal, religiosa.
Alejandro fue obispo de Alejandría de Egipto entre los años 312 y 328, en una de las grandes iglesias de los primeros siglos cristianos, justo cuando terminaban las persecuciones y comenzaba otra gran dificultad: las discusiones sobre la fe y las herejías, especialmente la que surgió a raíz de las teorías del presbítero Arrio. Alejandro luchó con todas sus fuerzas en defensa de la fe en Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Tras intentar reconducir a Arrio, presbítero de su iglesia en Alejandría, hacia la verdad, convocó un sínodo que definió la consustancialidad del Verbo con el Padre. Con la ayuda de su diácono (el futuro san Atanasio), logró que esta doctrina triunfara en el primer Concilio de Nicea (325), y falleció poco después.
Los noventa años de vida de Paula Montal, nacida en Arenys de Mar en 1799, se dividen en tres períodos de treinta años: años de juventud apostólica en Arenys de Mar, años de plena dedicación al Instituto religioso de las Religiosas de las Escuelas Pías que fundó, y años de vida retirada en Olesa de Montserrat. El siglo XIX en el Principado de Catalunya fue, en gran parte, sinónimo de industrialización. Este nuevo sistema de vida, a la larga, trajo mejoras, pero en aquellos años también supuso graves inconvenientes e injusticias.
Paula Montal, testigo de todo este proceso y preocupada por la necesidad de formación de las mujeres, supo ofrecer una alternativa a las niñas que iba más allá del manejo del telar. Sus escuelas se extendieron rápidamente por toda Catalunya. Se durmió en el Señor en Olesa de Montserrat.