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23 de enero de 2026 San Ildefonso, san Francisco Gil de Frederic y santa Emerenciana

Hoy, día 23 de enero, celebramos: la festividad de san Ildefonso, obispo; de san Francisco Gil de Frederic, mártir; y de santa Emerenciana, mártir.

San Ildefonso, obispo

Nació en Toledo hacia el año 607. Profesó la vida monástica y fue abad del monasterio de San Cosme y San Damián de Agali, cerca de Toledo, hasta que en 657 fue elegido obispo de la sede metropolitana como sucesor de san Eugenio, en tiempos del rey visigodo Recaredo. Se convirtió en uno de los grandes personajes de la iglesia visigoda y en uno de los mejores representantes de las letras visigodas. En sus escritos figuran obras teológicas e himnos litúrgicos. Se destaca por su gran devoción a la Virgen María, escribiendo el tratado “De virginitate Sanctae Mariae”, defendiendo su virginidad y la doctrina sobre el bautismo que libera del pecado original. Este libro es el punto de partida de la teología mariana en la península. Murió en Toledo el 23 de enero de 667. Tras la invasión musulmana, sus restos fueron trasladados a Zamora, donde actualmente se veneran.

La relevancia de su culto se debe en gran parte a los acontecimientos relatados por el arzobispo Cixila, quien un siglo después de su muerte escribió una “Vida de san Ildefonso”, en la que explica que a nuestro santo se le apareció la Virgen María (quien le regaló una casulla), y también la mártir santa Leocadia, patrona de Toledo (quien le agradeció los servicios prestados a la Virgen).

San Francisco Gil de Frederic, mártir

Nacido en Tortosa en 1702, fue dominico en el convento de Santa Catalina de Barcelona. Trabajó como misionero en Filipinas, donde aprendió tagalo, y después en Tonkín (actual Vietnam), en época de persecución. Allí también adquirió conocimiento de la lengua, cambió su nombre por uno autóctono y se dedicó a mantener la fe de cuarenta comunidades, repartidas en un amplio territorio alrededor de Tonkín. Tras un encarcelamiento de siete años, fue decapitado en 1745 junto con el también dominico Mateo Alfonso de Leciniana. Fue canonizado en 1988.

Santa Emerenciana, mártir

Se recuerda que fue una mártir romana, probablemente de la persecución de Diocleciano. Según la tradición, era hermana de leche de santa Inés y sufrió el martirio tres días después que ella, mientras estaba rezando en su sepulcro. Mientras los fieles huían al ser atacados, ella se enfrentó valientemente a los agresores. Hacia el siglo XIV, parte de sus reliquias fueron llevadas a Teruel, donde se convirtió en patrona de la ciudad.

Santa Lucrecia de Mérida, mártir

Nació en Mérida en el último cuarto del siglo III. Según el martirologio romano, fue una joven cristiana que sufrió martirio en Mérida durante las persecuciones romanas de Diocleciano, alrededor del año 304, por rechazar ofrecer sacrificios a los dioses romanos. Fue muy venerada en la ciudad, donde existía una basílica hacia el siglo VI. El culto de la santa se difundió por la región de Bracara (Portugal), según consta en los libros de algunas parroquias. Con la conquista musulmana, el culto a la mártir desapareció. Cuando se restableció, ya no tuvo la misma fuerza que había tenido.

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