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12 de febrero de 2026 Santa Eulalia de Barcelona y San Saturnino y compañeros

Hoy, día 12 de febrero, celebramos la festividad de: santa Eulalia de Barcelona, virgen y mártir; y san Saturnino y compañeros, mártires de Abitinia.

Santa Eulalia de Barcelona, virgen y mártir

Una tradición barcelonesa, que se remonta al menos al siglo VI, nos dice que, en la última y más dura de las persecuciones que los cristianos sufrieron bajo el Imperio romano, la decretada por el emperador Diocleciano en el año 304, Eulalia, una joven barcelonesa de doce o trece años, no pudiendo soportar la situación en la que se encontraban sus hermanos cristianos, murió dando testimonio de su fe en el pretorio de la Barcino romana.

Las noticias sobre la mártir son tardías, pero su culto fue muy vivo en la época visigoda, y destaca el himno que le dedicó el obispo Quirze, hacia el año 630: “Yo soy Eulalia, sierva de mi Señor Jesucristo”, y narra las crueles torturas: azotada, estirada en el potro, el uso de ganchos, le arrancan las uñas, le queman los pechos con teas; finalmente es colgada en una cruz en forma de X para que la devoren los pájaros, pero una nevada cubre su cuerpo.

Ocultadas sus reliquias para salvarlas de la persecución sarracena, fueron descubiertas en 877 por el obispo Frodoí. Mucho más tarde, ya en época medieval, la tradición cuenta que fue colocada en un barril lleno de vidrios rotos y lo hicieron rodar por las calles de la ciudad. En 1327, ya construida la cripta de la actual catedral de Barcelona, fueron instaladas dentro de un majestuoso sarcófago. Es patrona de la ciudad de Barcelona, junto con la Virgen de la Merced.

San Saturnino y compañeros, mártires de Abitinia

Durante la persecución de Diocleciano, hacia el año 304, en Abitinia (actual Túnez), fueron detenidos 48 cristianos por haber celebrado la misa en domingo, en contra de lo que establecía la autoridad. Conducidos a Cartago e interrogados por el procónsul sobre por qué habían desobedecido, uno de ellos respondió: “sine dominico non possumus”, “no podemos vivir sin celebrar el día del Señor”. A pesar de los tormentos, confesaron la fe cristiana hasta derramar su sangre.

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