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10 de enero de 2026 San Gregorio de Nisa y san Pedro Orseolo

Hoy, día 10 de enero, celebramos: la festividad de san Gregorio de Nisa, obispo; y la de san Pedro Orseolo, monje.

San Gregorio de Nisa, obispo

Vino al mundo hacia el año 335 en Cesarea de Capadocia. Su formación fue atendida por sus hermanos san Basilio y santa Macrina, recibiendo una sólida formación en filosofía griega, retórica y teología. Siendo monje, hacia el 372 su hermano san Basilio el Grande lo hizo obispo de Nisa. De temperamento místico y admirador de Orígenes, llevó el platonismo a su máximo desarrollo cristiano. Junto con san Basilio y san Gregorio de Nacianzo, forma el grupo de los tres grandes padres capadocios. El II Concilio de Nicea le otorgó el título de «Padre de los Padres». Participó en diversos sínodos y fue uno de los protagonistas del Concilio de Constantinopla del año 381, en el que se definió la divinidad del Espíritu Santo. Durante su episcopado sufrió diversas persecuciones y destierros a causa de las luchas teológicas del momento, especialmente contra el arrianismo.

Dejó obras exegéticas, dogmáticas, homiléticas, ascéticas y algunas cartas. Influyó decisivamente en la doctrina mística de Oriente, gracias a su «Vida de Moisés»; en ella se puede leer: «esta es la verdadera visión de Dios: no saciar nunca el deseo de verlo». En su «Gran discurso catequético» expuso las líneas fundamentales de la teología. Murió hacia el año 395, y es venerado tanto en la Iglesia católica como en la Iglesia ortodoxa.

San Pedro Orseolo, monje

Nació hacia el año 928 en el seno de una familia noble veneciana. En 976 fue elegido dux de Venecia, impulsando la reconstrucción de la ciudad tras un gran incendio, favoreciendo la paz y la reconciliación, y viviendo con gran austeridad.

De manera repentina, dos años después dejó sus funciones sin avisar al senado ni al pueblo: dejó sus insignias de poder en el altar de san Marcos, salió en silencio, vestido con ropa sencilla y acompañado solo de un siervo fiel. No quería servir a dos señores: al del mundo y a Dios. Seguidamente se encontró con san Romualdo, quien lo orientó en la vida monástica, y se retiró en la búsqueda de una vida dedicada plenamente a Dios. Llegado al monasterio de San Miguel de Cuixà, en el Conflent, llevó allí vida monástica hasta su muerte, acaecida hacia el 10 de enero del año 987.

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