Llenar el tiempo con Jesucristo

Homilía del P. Manel Gasch i Hurios, abad de Montserrat (Solemnidad de la Ascensión del Señor - 17 de mayo de 2026)

Abadía de Montserrat - ES 17 de mayo de 2026
Hechos de los Apóstoles 1:1-11 / Efesios 1:17-23 / Mateo 28:16-20



La Ascensión del Señor nos sitúa en la tensión que mira hacia el futuro: ¡Allá donde ha llegado la cabeza, también el cuerpo tiene la esperanza de llegar!

Por un lado, una espera, en ese sentido de proyección temporal de algo que tiene que pasar. Naturalment, hoy estamos fuertemente proyectados hacia la solemnidad de la Pentecostés el próximo domingo y hacia la promesa del Espíritu Santo. Por otro lado, mucha conciencia del pasado. De la historia de Jesucristo que termina una etapa, de la nuestra como comunidad.

Somos invitados a llenar y dar sentido a esta dimensión personal. Todos imaginamos lo que será. Futuro es precisamente la forma latina de expresar el verbo ser en el porvenir. Cuántas veces no hemos escuchado el deseo de las personas de saber qué pasaría en su propio futuro, cuánto tiempo les quedaba y preguntas similares. Llevado al extremo y a la superstición, cuánta gente no llena esta inquietud con consultas a todo tipo de nigromantes y videntes, que naturalmente pueden adivinar algo por pura estadística, pero que se quedan lejos de satisfacer esa angustia vital relacionada con esta espera futura. Todavía no he hecho la prueba de preguntar por el futuro a la inteligencia artificial, pero seguro que dice algo al respecto.

También miramos nuestro pasado, una historia que tiene siempre en el centro a Jesucristo y al embrión de la comunidad cristiana, formándose en los días previos a la Ascensión.

La primera lectura nos sitúa también a nosotros en esta tensión entre el pasado y la incertidumbre del futuro: lo hace en su primera frase, que es la de todo el Libro de los Hechos de los Apóstoles, al decir: “En la primera parte de mi libro, Teòfil, he hablado de todo lo que Jesús hizo y enseñó, desde el principio hasta el día que fue llevado al cielo” y lo hace cuando pone en labios del mismo Jesucristo las palabras: «No os corresponde a vosotros saber qué tiempos y qué fechas ha fijado la autoridad del Padre...”.

Tengo la impresión de que somos como un avión en el aeropuerto, que tiene en la pista de despegue su base, su historia, y en el cielo, todo el futuro por recorrer.

Ser bien conscientes de esto que nos pasa en tanto que humanidad, dotada de espíritu, nos ayuda a entender mejor por qué la propuesta cristiana siempre viene a buscar las inquietudes de los hombres y de las mujeres, también la inquietud del tiempo, y la respuesta nunca es superficial; la respuesta es fundamentada, profunda y, sin embargo, deja un espacio a lo inefable, la verdadera dimensión de Dios.

La respuesta de la Ascensión viene también así a fortalecer nuestra historia con Jesucristo y a confirmar la espera cristiana en la venida del Espíritu Santo. El pasado pertenece a Dios, que se ha hecho tiempo y carne en Jesucristo, y fundamenta un mañana que también es de Dios porque el Espíritu Santo nos conduce y nos acompaña para continuar la obra de Dios, sus palabras, su vida.

La Ascensión no cierra el tiempo, sino que lo deja abierto. Impresiona que el Evangelio nos hable de la duda de algunos. En este momento que nos presenta a Jesucristo con toda la evidencia de la reality, cuando se le ve por última vez, donde parece que debería imponerse su presencia, algunos dudaron. Quizás en el fondo nos consuela que esta capacidad humana para negar incluso aquello que vemos esté tan presente en el Nuevo Testamento con relación a Jesús. Quizás sea una ayuda para nuestras propias dudas y nuestra realidad, cuyas certezas son siempre de fe.

Con todo, pocas cosas en la vida pueden ser más profundas que esta visión que pone al Señor en el tiempo. Ante tantas superficialidades con las que nos tienta el mundo, es bueno y ayuda haber tenido, aunque sea un poco, la experiencia de la comunión cercana con Dios. Haberla tenido en la oración, en el amor, en el compromiso pastoral y social; todo esto nos llena de sentido.

El avión, sin embargo, después de despegar y volar en el cielo, aterriza. El mensaje de las lecturas de hoy también nos hace aterrizar. Tanto el final de la primera lectura: “hombres de Galilea, ¿por qué os quedáis mirando al cielo?”; como el final del Evangelio: “Convertid a todos los pueblos, bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñadles a guardar todo lo que yo os he mandado”, nos indican que el último mensaje de este “pasado de Jesús” es trabajar en el futuro por su Reino.

La espera cristiana nos hace vivir el presente con intensidad. Jesucristo nos da el Espíritu Santo precisamente para que vivamos todo el tiempo que esperaremos su regreso de una manera positiva y constructiva. La consecuencia de esperar algo futuro no es una vida de sacrificio, sino la plenitud. ¿Qué nos deja Jesús cuando se va de la manera que hoy recordamos?

En primer lugar, nos deja naturalmente al Espíritu Santo, tal como celebraremos la próxima semana. Y por el Espíritu Santo vivimos la Ascensión de Jesucristo como un camino que nos señala que vamos hacia Dios, como el avión que corre por la pista. Por eso la oración colecta de hoy nos decía, como he recordado al principio, que “allà donde ha llegado la cabeza, también el cuerpo tiene la esperanza de llegar”.

Pero también nos deja, en segundo lugar, su palabra sobre el Reino. La realeza de Israel es ser testigos y tener la misión de evangelizar. Esto es lo que nos asegurará el Espíritu. Y esto es lo que nos formará como comunidad.

Tener precisamente una misión es muy importante para la identidad de cualquier comunidad. Sin ir más lejos, pienso en vosotros, los escolanes y escolanas de la Schola Cantorum. El objetivo de cantar, de formar parte de nuestra liturgia, es lo que da sentido a todo el resto de la experiencia humana que vivís en Montserrat. Seguro que no os hubierais encontrado ni viviríais todo lo que vivís sin esta misión, que no está lejos de la evangelización a través de la música y la belleza. Y este objetivo común es lo que forma vuestra pequeña comunidad humana, con todos los lazos de amistad que se crean en ella, más fuertes que si se tratara solo de pasárselo bien.

Como vosotros con vuestro compromiso con la Escolanía, todos deberíamos preguntarnos qué significa o cómo podemos responder a este testimonio que Jesús nos pide como su manera de implantar la realeza de Israel. En el fondo, cuál es nuestra misión, nuestra respuesta a sus palabras: “Id y predicad a todo el mundo la buena nueva del Evangelio”.

Y finalmente, en tercer lugar, se queda Él. En la presencia inexpresable que hace coincidir el mismo momento en el que sube al cielo con las palabras: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

The solemnity of the Ascension of our Lord Jesus Christ into heavens, reminds us of his Past, his life and word, but it is not and end but a door to the future. We are aware that the Kingdom of God goes forward and that we will be helped in its announcement and construction by the Holy Spirit, whose presence we expect next Sunday, at the end of this Easter Time. He sends us on mission, and he promises us His presence until the end of the World. It would be difficult to ask for more!

De entre las muchas maneras con las que Jesucristo está presente, la eucaristía es la más real, la que viene directamente de su mandato de hacer memoria de Él, como ahora lo recordaremos y lo recibiremos en el pan y en el vino, en su cuerpo y en su sangre.
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