Homilía del P. Manel Gasch i Hurios, abad de Montserrat (2 de abril de 2026)

Missa de la Cena del Senyor

3 de abril de 2026
Èxode 12:1-8.11-14 / 1 Corintis 11:23-26 / Joan 13:1-15




"Ser Influencers de Jesucristo"

Últimamente, queridos hermanos y hermanas, se habla mucho de un nuevo trabajo llamado, de forma bastante solemne desde mi punto de vista, “creador de contenido”. Me resulta divertido que estos creadores de contenido se definan más pel canal digital en el que aparecen que por la novedad que aportan. No me he detenido a ver, ni tan solo para escribir esta homilía, qué era todo lo que nos proponían y que merece los nombres pomposos de “creación” y de “contenido”, pero viendo una lista de los que lo hacen en catalán, que debe de ser pequeñísima en términos generales, he visto que eran muchos, muchísimos, y que trataban temas muy diversos, desde recetas de cocina hasta excursiones. Todos estos reciben también el nombre, todavía no oficial, de influencers.

Si realmente hemos de leer el evangelio y seguir aquello que decía un teólogo del siglo XIX, que Jesucristo es nuestro contemporáneo, quizá sea bueno que pensemos hasta qué punto Él es un influencer.

La definición nos dice que este es una: “Personalidad mediática que tiene el poder de influir en decisiones o opiniones por su autoridad, conocimiento o relación con la audiencia”, y esto le encaja a Jesús: “autoridad, conocimiento, relación con la audiencia”.

El evangelio de hoy tiene unas cuantas frases que destacan esta posición única de Jesús. “Sabía que había llegado su hora, sabía que el Padre lo había dejado todo en sus manos, sabía que de Dios venía y a Dios volvía”... y con todo este conocimiento y autoridad, su relación con la audiencia se concreta en el lavatorio de los pies, como hacían los sirvientes más humildes.

Por la fe creemos que, en toda la historia de la humanidad, nadie le gana en la profundidad de su perfil humano; pero incluso sin fe, contemplando al personaje histórico, hemos de afirmar su capacidad de influir en el mundo. Tanto que la definición de megainfluencer, el que tiene más de un millón de seguidores, se queda muy pequeña ante los 2.400 millones de cristianos, un 33% de la población mundial.

Si la palabra inglesa influencer destaca esta relación que se establece entre el personaje y la gente, lo de “creador de contenido” nos lleva al núcleo. En el caso de Jesús, a todo lo que nos dejó y que tan presente tenemos este Jueves Santo. Lo cantaremos en el himno: “Canta lengua...” en la estrofa que dice: “y sembrada la palabra en el mundo donde habitó, terminó su estancia con la nueva institución”.

¡Hoy celebramos la institución de la eucaristía, un sacramento, un signo sensible de la presencia de Dios en nosotros. ¡Eso sí que es crear contenido!

En primer lugar, hoy la Eucaristía nos habla del arraigo profundo. No hay una improvisación, sino que es el final de una vida y de una predicación. Es el momento de paso entre toda una historia pasada de salvación de Dios y un futuro. La eucaristía, como la encarnación, como la misma persona de Jesús, nace de la necesidad humana: “Por nosotros y por nuestra salvación”. Es compasión y misericordia de Dios.

Se apoya en una frase del salmo que hemos cantado en la que decíamos: “Al Señor le dolería la muerte de quien le ama”. La humanidad y sus dramas tocan el corazón de Dios y por eso desde siempre Él ha acompañado a los hombres y a las mujeres en su difícil historia. Es impresionante y vertiginoso pensar que Dios está al lado de tantas y tantas situaciones complejas del mundo.

No es fácil de decir. Si miramos las guerras, que no logramos evitar y que traen tanta destrucción material y humana; el hambre y las condiciones de vida de los campos de refugiados, de los suburbios de todo el mundo; si pensamos en sectores de nuestra sociedad, si nos asomamos a los abismos personales de cada uno de nosotros y creemos en Dios, no podemos dejar de afirmar que Él continúa sufriendo en las vidas de muchos. Le sigue doliendo la muerte de quien le ama y la de todo el mundo. Pero reacciona. En la primera lectura leíamos que Dios decía: “haré justicia contra las divinidades de Egipto”.

Esta es su reacción, que en Jesucristo, en este Jueves Santo, se nos pone al alcance como consuelo y como inspirador de justicia y de caridad. Las lecturas de hoy nos lo presentan como servidor humilde, en el lavatorio de los pies del Evangelio según San Juan, y entregado en forma de pan y de vino, en la lectura de San Pablo, que glosará el himno de Santo Tomás de Aquino que cantaremos al final, como ya he dicho: “con sus manos se entregó a los doce, él mismo como alimento”.

En uno y otro momento de la misma cena, los gestos son el final de una vida de servicio y de amor. Lava los pies para darnos un ejemplo de amor incondicional. Se entrega como pan y vino para continuar entre nosotros en aquello que tenemos más a mano. Por eso hoy, y cada día en la celebración de la eucaristía, recordarlo es confesar esta proximidad de Dios a la realidad de hoy, nunca indiferente.

Esta contemplación de Jesucristo al final de su vida, que hoy empezamos y que nos llevará a la Pascua, este mirar su entrega, su caridad, nos moviliza, nos da un ejemplo. “Le dolería la muerte de quienes le aman” y, por lo tanto, nos pide reaccionar. Quizá nos pide crear un contenido inspirado en su amor, ser influencers del bien, de la bondad, de la caridad. ¿Qué es ser cristiano sino ser un influencer de Jesucristo?

Todos somos capaces de ser cristianos. Hay que poner en práctica lo que hemos entendido de Jesús. Lo podéis hacer los monaguillos, a quienes no dedico muchas palabras especiales porque estoy seguro de que todo esto de los creadores de contenido y de los influencers lo domináis más que los del “siglo pasado” como yo y muchos de los que estamos aquí. Se trata de no perder nunca la referencia a su persona, a aquello que dijo, a aquello que hizo.

Como un pequeño gesto de esta reacción, hoy nos solidarizamos con Cáritas en la colecta que haremos. Cáritas es la mano de la Iglesia plenamente hundida en la realidad social, en sus aspectos más necesitados. No cerrar nunca los ojos al entorno es lo que hace que su respuesta sea efectiva e influya mucho más de lo que llegaremos nunca a saber.

Hoy los presbíteros y los diáconos también damos gracias por el don recibido. Nosotros somos dignos de reproducir el gesto de Jesucristo solo por su voluntad de continuar presente. Promoviendo en la iglesia el servicio del ministerio ordenado, en la llamada al presbiterado y en su ejercicio, nos hemos de confiar a su misericordia, sabiendo que continuamos aquella primera eucaristía. Deberíamos sentirnos especialmente ligados por su palabra y por su persona. Querer ser más un altavoz y unos intérpretes de su Evangelio, una especie de espejo que lo ayude a ser reflejado y más conocido en la sociedad, antes que pretender inventarnos algo nuevo.

Oremos en este Jueves Santo para que Dios nos dé esta fidelidad a Jesucristo.
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