Éxodo 34:4-6.8-9 / 2 Corintios 13:11-13 / Juan 3:16-18
Queridos Hermanos y Hermanas:
Sea por todos confesada y bendecida la Santísima Trinidad Santa, ahora y siempre y por todos los siglos de los siglos. Amén.
Hace muchos años, en mi adolescencia, en el trabajo, conocí a un compañero de trabajo mayor, que se llamaba Trinitat. Para sus colegas y amigos de la empresa constructora era simplemente: “El Trini”. ¡Trini arriba y Trini abajo! Un día, como joven adolescente que primero pregunta y luego piensa, le pedí, con aires incrédulos: ¿El porqué del nombre de Trinitat? Él con toda normalidad me dijo que seguía una tradición familiar de muchos años: de abuelos, padres e hijos. La segunda cuestión, que tenía más malicia, era: ¿Si él conocía el significado de la Trinidad? La respuesta vino rápidamente: “La Trinidad es la gran Fiesta del Amor Familiar”. “¡Es parentela de Amor, como los padres aman a sus hijos con amor de entrañas, es así el vínculo que jamás se puede romper, porque el Amor siempre está presente y vivo!” No hace falta decir que me quedé frío y admirado: “¡La Trinidad es Amor Total! ¡Comunión Familiar! Vivir en relación de calidez, de unidad integral, de afecto, de proximidad, de relación doméstica”.
San Agustín decía: “Si ves y vives la Trinidad, ves y vives el Amor”. El Padre Ghislain Lafont (+2021), monje y teólogo, resumía las palabras del gran Obispo de Hipona como: “La Trinidad Afable”, de “Tú a Tú”, un tutear familiar, un “Abba, Padre, querido”, ya que nosotros podemos invocar a Dios como Padre gracias al Espíritu Santo, que nos guía hacia el conocimiento total de la verdad completa (Jn. 16:12; Rom. 8:15). ¡La Trinidad manifiesta NO un dios hierático, solitario y singular, juez y monarca irascible. ¡No! La Trinidad se hace presente y se manifiesta como un Dios plural, que ama y habla, con comunión y amor, pero conservando la singularidad de las Tres Personas. Dios no es un Yo singular, sino un Nosotros en plural, que quiere la comunicación y la comunión con los hombres.
Hoy, para todos los bautizados, con el Santo Nombre de la Santísima Trinidad, es un día de fiesta, es nuestro onomástico, es una invitación de paz, es un llamamiento a vivir en comunidad de amor, que Jesucristo constantemente nos pide. “Dios envió a su Hijo al mundo no para que lo condenara, sino para salvar al mundo gracias a Él” (Jn. 3:16).
Toda persona humana siente el llamamiento a buscar a Dios de verdad, para así configurarnos con Él totalmente. Es una tarea, es una fidelidad, es un trabajo, es una rutina que no tiene punto final porque tenemos todos los días de nuestra vida terrenal. ¡Busquemos! ¡Caminemos! ¡Vivamos! Con gozo y amor, que algún día seguro contemplaremos con alegría a la Santa Trinidad cara a cara.
Un domingo como hoy, el Pare Basili Girbau, último ermitaño de Montserrat en la Santa Creu, celebraba una larga Misa cantada con troparistas, entre las ruinas de la vecina ermita de la Santíssima Trinitat y siempre explicaba la misma metáfora: “Un panadero hace el Pan Eucarístico con tres sustancias diferentes: la harina, una pizca muy pequeña de sal (la sal de la vida, no insípida) y el agua. Son tres elementos del todo diferentes; la unión total y pacientemente amasados en el obrador de la vida hace posible el pan. Pero falta la hornalla, la lengua de fuego intenso y candente que es el Espíritu Santo de amor infinito de la Epíclesis de la Eucaristía, para acontecer su gran transformación: “El Pan de la Vida Eterna, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
Ermita de la Santíssima Trinitat
L'Evangeli segons sant Mateu (28:16-29) indica una montaña alta de Galilea y Jesús manda a los once, con plena autoridad en el cielo y en la terra, convertir a todos los pueblos y bautizarlos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y les mandó guardar todos los mandamientos que Él personalmente les enseñó. Porque: “Cristo está con nosotros cada día de nuestra vida hasta el fin del mundo”.
Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, quisiera invitaros a visitar el Baptisterio de la Basílica de Montserrat, que está fuera en el atrio, al fondo a la izquierda. Dentro hay una gran pila bautismal del mismo bloque de piedra del que salió la ara actual del Altar Mayor, que está detrás del antipendio. Este hecho, intencionado, quiere remarcar y valorar el vínculo entre los primeros Sacramentos de la Iniciación Cristiana: “Bautismo, Confirmación y Eucaristía”. Pero el elemento más interesante es la fachada, realizada por el escultor Charles Collet (1958) de estilo neorrománico. En la parte superior podemos ver la Iglesia con la Barca, y debajo a todos los Salvados. San Pedro y San Pablo a los lados. En los dos extremos, en la parte de la izquierda, están evocados los trabajos cotidianos de la vida de todo cristiano. El primero es el Venerable Arquitecto Antoni Gaudí, de quien este año celebramos el centenario de su fallecimiento, dirigiendo a un aprendiz de escultor. A la derecha encontramos representados los siete Sacramentos de la Iglesia. El primero el Bautismo, que abre la puerta, el camino para la recepción de los demás.

Baptisteri de la Basílica de Montserrat
Ahora celebramos la Eucaristía en Montserrat. Somos hijos de Dios y el Espíritu de Dios nos hace clamar: “¡Abba, Padre!”. Por eso, somos herederos de Dios gracias a Cristo. ¡Que estas palabras no sean vacías sino siempre llenas de sentido, porque, por el Bautismo, todos llevamos el nombre de Trinitat!
Como decía el monje teólogo: A Ti, Santa Trinidad afable, que estás siempre con nosotros, haznos descubrir en todas partes tu presencia adorable.
P. Valentí Tenas. Montserrat. 31-maig-2026.
PAX.