Isaías 50:4-7 / Filipenses 2:6-11 / Mateo 26:14-27:66
“Que la historia de Jesús se convierta en nuestra historia”
La lengua inglesa tiene dos palabras para traducir “historia” y que nos ayudan a comprender a qué nos podemos referir cuando en catalán utilizamos esta palabra.
D’una banda tenim History que es la disciplina que estudia los hechos históricos, quizás podríamos llamar “la gran historia” y después tenemos la “storie” que se refiere a relatos del día a día, originariamente a cuentos, ahora sobre todo en el plural “stories” es una palabra muy utilizada en las redes sociales para explicar precisamente el día a día de quienes las utilizan, a través normalmente de fotografías, de estas yo diría las pequeñas historias, que además son efímeras y desaparecen al cabo de poco.
La Pasión de Jesucristo es una storie o es History? No es fácil de responder. Me parece que se podría decir que es las dos cosas. Eso que hemos leído nos pone hoy ante una historia que seguramente fue percibida como pequeña, como un acontecimiento importante en Jerusalén, pero que no entró en las crónicas romanas contemporáneas y en cambio al cabo de unos cuantos años se convierte en “la Gran Historia”, en uno de los hechos más decisivos de la humanidad.
También tiene una parte de relato y una parte de crónica. Para algunos fue efímera, para otros ¡ya lo veis! Todavía la estamos explicando más de dos mil años después, en todo el mundo, y dos veces en una sola semana.
¿Como una pequeña historia se convierte en una gran historia? Leer los hechos desde la fe tiene mucho que ver.
Así, solo Dios podría pretender que una cena se convirtiera en la Sagrada Cena, y que el pan y el vino fuesen su presencia permanente en medio de la humanidad cristiana.
Solo Dios actuando y presente en Él, transforma lo que podríamos leer como las pretensiones grandiosas y exageradas de un profeta de Nazaret que se proclamaba Mesías, Rey y Salvador, en la definición justa y exacta de quién era y de por qué había venido al mundo.
Solo la certeza de que Dios estaba allí, sufriendo, de aquí viene Pasión, da a este “vía Crucis”, a este camino de la cruz y finalmente a la cruz misma, ser el instrumento que valida e ilumina todas las palabras anteriores de Jesús y que encontramos en los evangelios, de manera que la muerte no sea un fracaso de su enseñanza sino la prueba de la coherencia de su verdad.
Solo Dios podría hacer que esta ejecución, la historia de un “looser”, de un perdedor, fuese mucho más que eso, fuese en el fondo todo lo contrario, el momento de salvación para toda la humanidad, convertirse en la puerta de otra posibilidad de vida.
¿Cómo es que Dios ha querido hacerlo de esta manera? Decía la oración colecta de hoy: “Para darnos un modelo de humildad...”
Precisamente aquello especialmente importante en la Pasión de Jesucristo es que a través de ella Dios mira a su pueblo, a quien quiere, siempre, desde el principio de la creación y hasta el final de todo, salvar, Dios quiere salvar.
Y si esto de salvar nos parece un poco abstracto, tendremos suficiente con mirar todos los sufrimientos del mundo. Los nuestros, los de los demás, los de tantos lugares y tantas víctimas inocentes, que encontramos bajo aquellas decisiones que no ponen a la persona humana en el centro de los intereses, sino que parece que solo piensen en un fragmento de la humanidad. ¡Cuántos conflictos no derivan de ello!
La Pasión nos dice una vez más que Jesús de Nazaret es un modelo válido hoy, y para todos, por su capacidad de ser historia, de vivir en la historia, de transformarla y de superarla.
Y esto lo hace por su capacidad de entrar dentro de todas las pequeñas historias de sufrimiento y desde el ejemplo de su pasión transformarlas. En el relato que hemos escuchado, encontramos las pistas de cómo Jesucristo transforma su propia realidad y nos enseña el camino para cambiar la nuestra.
En primer lugar con un total realismo. El Señor no huyó de su historia. No lo hizo nunca. “Vamos a morir a Jerusalén” nos dice el evangelio de San Juan que dijo, unos días antes de enfrentarse a la muerte. No se evadió en la imaginación, o se fue, o bajó de la cruz literal o metafóricamente. La realidad se transforma desde la aceptación de las cosas, desde dentro. Y esto a menudo quiere decir dejarse triturar por el mal presente en esta propia realidad.
En segundo lugar, ante esto, Jesús no se hunde sino que opta por amar de tres maneras, dándose, resistiendo, continuando hasta el final.
Ama dándose Él mismo, para convertirse en los elementos básicos del pan y el vino, para que lo recordemos en la manera privilegiada de su presencia eucarística.
En el espíritu de resistir, se mantiene firme en Getsemaní, en la soledad de la oración, cuando los discípulos se duermen, inconscientes de su drama, si no, ¿cómo se comprendería que no le acompañasen? Qué lección no sacaríamos de esta soledad del Señor, y nosotros también sentimos a menudo, a veces imposible de compartir totalmente en las pequeñas historias de nuestra vida.
Finalmente, continúa avanzando hasta el final, nos enseña cómo se debe llevar la cruz. Otra lección cuando exageramos algunas situaciones personales. No hace falta más drama que el necesario. Siempre podemos mirarle a Él, llevando la cruz y valorar cuál es realmente nuestro problema.
San Benito es un maestro de los monjes en este equilibrio. “No hacer de nada demasiado”, nos pide.
Y en tercer lugar, y aunque parezca imposible si nos hacemos conscientes de qué está pasando desde el punto de vista humano, Jesucristo deja que en medio de la traición, del sufrimiento, de la indiferencia, del ensañamiento de los sacerdotes y del pueblo, aparezca Dios, como aquel que lo sostiene, como aquel a quien se le puede rezar en cualquier situación, incluso dirigiéndole un lamento encima de la cruz: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado...”
Jesucristo es un ejemplo para todos. También para vosotros escolanes. Mirar la vida con realismo, no hundirse, ser conscientes de que Dios está, y pensar en Él, en todo lo que sabéis de él, que es bastante y porque en vuestra vida habéis podido hacer este ejercicio de pensar y de aprender que está, a través de muchos testimonios. Y los que lo podemos asegurar muchos de los que estamos aquí, es que su “storie” no es efímera, no es como la de Instagram, que desaparece en 24 horas... Sencillamente no nos la acabamos.
Ojalá esta manera de situarse de Jesucristo, con realismo, con entrega personal, con comunión y sentido de Dios, fuese nuestra respuesta a cada una de las situaciones que vivimos. Solo desde la fe seremos capaces de vivir esta imitación, pero nos ayudan todos los que han hecho de la Pasión del Señor un consuelo y también los que han vivido la fe cristiana como una respuesta
Hoy la historia de Jesús se queda aquí, pero nosotros continuamos la celebración de la eucaristía y sabemos que el Señor no solo está en el recuerdo, sino que por su resurrección y por la venida del Espíritu Santo continúa presente y actuando en nosotros, para dar sentido a todo aquello que vivimos.