«He resucitado, me he reencontrado con vos»
Sí, queridos hermanos y hermanas, Jesucristo toma la palabra esta mañana radiante, que si lo es climáticamente, todavía lo es más espiritualmente, para anunciar aquello que no podía ser de otra manera: «No me habéis dejado de vuestra mano».
El pueblo cristiano, como uno de estos «ecos» de las montañas de Montserrat, acompaña las palabras de Jesús diciendo: «El Señor ha resucitado, realmente ha resucitado. Aleluya».
La resurrección es algo muy concreto. No hablamos de esencias que perviven en abstracto, fluidas, o de algo situado en un horizonte atemporal. No.
En primer lugar, hablamos de hoy. El salmo ciento diecisiete, que en parte hemos cantado, es el salmo pascual por excelencia y nos dice: «Este es el día en que actuó el Señor». También es el texto del ofertorio que cantaréis los escolanes y la capilla: «Haec dies fecit Dominus», y lo iremos repitiendo los monjes toda la semana y vosotros, escolanes, lo reencontraréis el domingo que viene, cuando todavía será «Hoy», el día litúrgico de Pascua.
Porque si Jesús murió en una historia bien concreta, el tiempo de su resurrección comienza también en aquel momento en el cual los discípulos creyeron y que es la referencia de toda nuestra fe. Un «hoy» al que no hemos llegado rápido: una cuaresma, una Semana Santa, un Triduo Pascual..., porque solo el tiempo de saber esperar nos sitúa en la importancia de las cosas. ¡Qué diferentes son estos tiempos nuestros de la rapidez tecnológica, de esto de la Inteligencia Artificial que responde tan rápido, que cuando solo has escrito una palabra en el ordenador, ¡ya te dice qué es! ¡Es casi impertinente! ¡Pero también es muy fácil de eliminar!
Este hoy, en cambio, se mantiene cada día. En algunos casos muy concretos, tanto como lo es la pasión de muchas personas que pierden a un familiar querido y para los cuales se hace actual la puerta al cielo que nos abrió aquel día de la resurrección del Señor. Me gustaría que nuestra celebración llena de alegría de este domingo de Pascua trajera consuelo y firmeza a todos los que «hoy» se encuentran ante una situación de duelo, de tristeza, de depresión. Su fe nos ayuda, es auténtica. Si el viernes hablaba de testimonios prepascuales, hoy los calificaría de testimonios realmente pascuales, de quienes van de la muerte a la vida como fue Él, en este orden, con este final, incluso cuando la realidad de la muerte parece más evidente que la de la vida.
Si levantamos un poco la mirada, y de estas situaciones conocidas o no, observamos este hoy, este seis de abril de 2026, esto concreto de la Pascua afecta a las graves situaciones bélicas del mundo. Ser todos nosotros Iglesia católica nos hace orar con el Santo Padre León por la paz del mundo. Hacer, en nuestra humildad, más fuerte su voz de pastor para promover el diálogo, apelando a la razón, respetando la dignidad de cualquier persona humana. Pero debemos vivir también en el realismo de que a menudo ni siquiera su voz, la del Papa, es escuchada; sin embargo, la Pascua nos da precisamente la fuerza de no desistir, de perseverar, de no callar, a pesar de la tentación, porque confiamos en Dios.
Porque los cristianos somos siempre hijos e hijas de la Pascua. Hablamos de Jesucristo y de su Palabra. Su resurrección es el sello puesto sobre su Evangelio, lo hace actual en cada hoy de la historia, es la voz que no desiste a pesar de los fracasos aparentes.
Por encima de todo, el «Hoy» del día de Pascua es importante porque es un día que nos da la posibilidad de confesar nuestra fe. Lo hemos hecho solemnemente esta noche. El camino de la paz en el mundo comienza en nuestro compromiso personal de reconciliarnos, de aceptar que nuestra oscuridad es iluminada por Cristo, porque sencillamente es más fuerte. Es el santo fuerte, el santo inmortal que tiene piedad de nosotros, porque la necesitamos.
La Pascua también es concreta porque es la resurrección de Jesús de Nazaret, que murió y que fue sepultado. Es hermoso, como decía al principio, que sea la primera persona del singular, su voz, la que haya iniciado esta eucaristía con el canto de entrada:
«He resucitado, me he reencontrado con vos. No me habéis dejado de vuestra mano. Es admirable vuestra sabiduría».
Que sea realidad en él nos afecta porque puede ser concreto y real en nosotros, hombres y mujeres. Lo decíamos en un himno de Sábado Santo, donde Jesús también hablaba en primera persona pero a nosotros:
«¿Dónde estás, Adán? Vengo a salvarte. Vengo con la cruz a hacerte libre. Estarás conmigo como anhelabas»
Y esto pasa hoy. Al día siguiente del sábado. Al tercer día. Cantábamos algo parecido en el pregón pascual esta noche: «Noche en que el hombre reencuentra a Dios».
El reto concreto y más importante de la Pascua es que nos afecte a todos; es dejarse salvar. La fuerza de Dios es tan poderosa que es capaz de resucitar a un muerto, por lo tanto, podrá hacer milagros en nosotros. No os ocultaré que para creer que Dios puede salvarnos a nosotros y a los demás hace falta fe, pero esto es lo que celebramos como don y la comunidad fiel nos ayuda a confirmarlo, día tras día.
En este domingo de Pascua de resurrección, os invitamos hermanos y hermanas a ser conscientes que “Este es el día que hizo el SEÑOR; nos gozaremos y alegraremos en él” La Pascua nos lleva a lo concreto del tiempo, a un Hoy, que deseríamos lleno de su paz y de su justicia. Lo concreto de Jesús resucitado pasa por ser salvación para cada hombre y mujer, los que estáis aquí, los que nos seguís, los que llevamos en el corazón, este es el reto de Pascua, dejar-se salvar por Cristo.
Let me say a very few words in English, as a sign of welcoming for all foreign People joining us in Montserrat or through the Web. “This is the Day the Lord has made”. May this Easter Sunday, gives us the joy of the life brought to us by the resurrection of Jesus Christ. A life for all, that we would like to be filled of peace and justice, a life intended to expand his true kingdom. May us to be saved by the risen Lord. There cannot be, a deepest challenge that to be touched by His new life, by the strength of his Easter, offered to us as a continuous day of Joy and happiness”
La eucaristía es siempre memorial de la muerte y la resurrección de Jesús. Al confesar la presencia del resucitado en el pan y el vino, como cuerpo y sangre de Cristo, dejamos que su salvación nos toque en esta Pascua para continuar sin desfallecer en la construcción de su Reino.