Homilía del P. Manel Gasch i Hurios, abad de Montserrat (4 de abril de 2026)

Vigilia Pascual

5 de abril de 2026
(...) / Romanos 6:3-11 / Mateo 28:1-10

“Ser iconos de Cristo Resucitado”

“Horas hace que el sol se ha puesto, pero en la luz que ilumina esta noche, alabemos todos al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo de Dios”.

La resurrección de Jesucristo es, queridos hermanos y hermanas, la luz que ilumina esta noche, representada en el cirio Pascual, por eso nosotros entonamos un cántico de alabanza, y el Aleluya ausente durante toda la Cuaresma ha vuelto a resonar en esta basílica de Montserrat.

Una alabanza por el amor con que nos ha amado desde siempre, a todos.

En una de las actividades que habéis hecho algunos de los niños y jóvenes estos días, hacíais un icono. Tomabais una imagen y la poníais sobre una madera. Hace unas semanas me explicaron la técnica y no era sencillamente pegar un papel a un soporte, sino que después de pegarlo, poco a poco, el dibujo y el color iban pasando por frotamiento a la madera hasta quedar integrado.

En la primera lectura de hoy hemos escuchado que al final de la creación, Dios dijo: “Hagamos al hombre a imagen nuestra” y que así terminaba toda una obra en la cual de la nada, había sacado el cielo, la tierra, el firmamento, el sol y las estrellas, el agua, la vegetación y los animales. ¿No es todo esto, ya que ha sido creado por Dios, icono de Él? ¿No vemos en ello su mano?

Porque un icono es una imagen que nos abre y la celebración de esta noche de la Resurrección, esta vigilia pascual, la madre de todas las celebraciones cristianas es un gran icono de Dios y de su obra, y de cómo esta nos habla de Él y de cómo nos ayuda a hacer mucho más profunda nuestra comprensión de la historia, de la vida, de la creación.

Por lo tanto vosotros jóvenes, que habéis hecho estos iconos, pensad que las imágenes que habéis puesto se refieren siempre a Dios ya sea una parte de la naturaleza como el árbol, la abeja o el camino, ya sea la Virgen María que nos acompaña siempre y tan especialmente aquí en Montserrat, o sea el mismo Jesucristo, que en su humanidad en la cruz o como Pantocrátor, es el único icono total de Dios.

Nuestra Vigilia Pascual quiere en primer lugar que nuestro tiempo evoque el tiempo de Dios. Evoque la eternidad. Tomamos tres horas y un poco más de la noche y ya desde las primeras palabras alrededor del fuego, sabemos que estamos celebrando la resurrección de Jesucristo, del Alfa y la Omega, del principio y el fin. Nuestra fe siempre clava un ancla en el más allá, como origen y como destino. Quizás por eso el tiempo de esta Vigilia tiene una calidad especial, porque a través de los signos, de las palabras de la música, querríamos expresar aquello que creemos por la fe: Cristo resucitado conecta los extremos y nos dice que nuestro destino es con Él, cuando al final de esta vida podamos estar donde Él ha ido. Nuestra vigilia es icono de un tiempo de Dios.

En esta noche también recordamos, sin embargo, que Dios no se quedó en su eternidad como la imagen de papel se hubiera podido quedar en el mismo papel, sino que se comprometió, pasó a la madera. Primero creó, después habló al corazón de Abraham, liberó al pueblo de Israel, continuó hablando por los profetas. ¡Dios no calló! Afortunadamente para nosotros Dios es muy insistente a pesar de que no le hagamos caso. ¡Habría tantos motivos para darnos por perdidos e imposibles y no decir nada más! Somos mucho más nosotros los que no escuchamos que Él el que no hable. En esta Vigilia, Dios no para de decirnos cosas, y su Palabra se convierte realmente en icono de quién es, de qué hace y de cómo lo hace.

Pero esta noche, de una manera especial, Nil, Arnau y Queralt recibiréis esta imagen de Jesucristo por el bautismo, la confirmación y la participación en la eucaristía y también vosotros como todos los demás bautizados os convertiréis todavía más en iconos de Él, de Jesús.

Esto lo entenderéis bien todos los demás escolanos. Al ser bautizados, es como si un instrumento de viento o de metal pudiera sonar porque tiene el aire que lo hace vivo. Ya no está en una vitrina, como los que tenéis en la sala de ensayo, sino que vibra. El Espíritu Santo nos debería hacer vibrar a todos. El instrumento solo es un ejemplo. Si no, los que tocáis instrumentos de cuerda, parecería que no podéis vivir y no podéis vibrar porque el aire no hace el sonido. Lo que hace falta es que este aire, este Espíritu Santo protagonista en todos los sacramentos y tan especialmente en los que esta noche celebramos, este Espíritu Santo que viene de Jesucristo resucitado nos haga vivir.

La madera donde se calca la imagen, el instrumento que se activa con el viento, nos recuerdan nuestra realidad material, que lleva cruces ya que esto nos conecta con el mundo y con todo el sufrimiento. Así como el viernes santo no olvidábamos que había una esperanza de vida, hoy no olvidamos de dónde venimos y dónde estamos.

Pero esta noche nos invita a ser cruces que lleven al resucitado, porque hemos escuchado la palabra de Dios diciéndonos desde el inicio que su pacto con la Creación y especialmente con la humanidad era la salvación. En medio de la guerra de Irán, en la situación en Jerusalén donde es difícil incluso celebrar la Semana Santa, en la tierra de Gaza, ligada a la memoria de Jesús; y todavía en Ucrania y en tantos otros dramas anónimos, es atrevido decir que el mundo está salvado.

Quizás porque tampoco hay que ir tan lejos para encontrarnos con la necesidad, esta noche y mañana haremos una colecta a favor de la obra social de San Juan de Dios, tan arraigados en nuestro entorno y que más allá de toda la rama médica, también desarrollan muchas acciones relacionadas con la vivienda, la exclusión y la reinserción social.

Dios lo ha vuelto a hacer y de manera definitiva. Lo repite en la resurrección de Jesús, dando esta esperanza de hacer mejor el mundo, empezando por nosotros mismos. Ser testigos de la opción que Dios ha hecho por la vida, convertirnos en iconos del resucitado nos podría dar la medida justa de ser cristianos en el mundo. Ser Pascua, paso de Dios en el mundo, como lo fue Jesucristo resucitado, es el reto más grande de nuestra fe. Lo ha sido siempre porque siempre hemos vivido la realidad de la cruz. Cuanta más sensación de que nuestro entorno se aleja de esta esperanza de una vida según el evangelio, más reto es optar por la salvación y decirlo al mundo.

¡Digámoslo celebrando la eucaristía y continuando esta noche de Vigilia y de oración!
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