13 de septiembre de 2026
San Juan Crisóstomo
Hoy, día 13 de septiembre, celebramos la festividad de:

San Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla y doctor

Nuestro santo se sitúa entre los Padres más prolíficos de la Iglesia, considerándose, junto con san Basilio y san Gregorio de Nisa o Nacianceno, uno de los tres jerarcas de la tradición litúrgica bizantina.

Nacido en Antioquía hacia el año 349, recibió una buena formación humanística y cristiana. Bautizado ya adulto, durante unos años llevó vida eremítica y posteriormente entró a formar parte del clero de Antioquía. Fue ordenado presbítero y pronto destacó como predicador, hasta el punto de recibir el sobrenombre de Crisóstomo, es decir, «boca de oro»: “Había pensado que os habríais cansado de mis sermones, porque hablo demasiado. En cambio, me doy cuenta de que pasa lo contrario: la larga duración del discurso no fue causa de enojo, sino que sirvió para aumentar las ganas de escuchar (...) El domingo pasado (...), al alargarse excesivamente mi discurso, como nunca, muchos creyeron que vuestro celo se enfriaría, (...) pero pasó lo contrario: vuestro corazón no hacía más que volverse más fervoroso y vuestro deseo más ardiente”.

En el año 397, a la muerte del Patriarca de Constantinopla, fue elegido sucesor. Con un gran talento práctico y organizador, supo estar por encima de las intrigas de la ciudad imperial, y con su actitud justa y coherente, se ganó enemigos poderosos. “Ciertamente, hay muchos que no paran de decirme: "Estás atacando a los ricos". ¡Ellos sí que atacan a los pobres! ¿Yo ataco a los ricos? No ataco a los ricos, sino a quienes hacen un mal uso de la riqueza. No me canso de repetir que no condeno al rico, sino al ladrón. Una cosa es el opulento y otra el avaricioso. Distingue las cosas y no confundas lo que no se debe confundir. ¿Eres rico? ¡Enhorabuena! ¿Eres ladrón? ¡Te condeno! ¿Tienes lo tuyo? ¡Disfrútalo! ¿Te apoderas de lo ajeno? ¡No me callaré! ¿Me quieres apedrear? Estoy dispuesto a derramar mi sangre si con ello impido tu pecado”.

En el año 397 fue elegido obispo y patriarca de Constantinopla. Con gran capacidad práctica y organizadora, denunció los abusos de los poderosos y defendió a los pobres, lo que le valió enemistades entre los cargos políticos y eclesiásticos. “Ciertamente, hay muchos que no paran de decirme: "Estás atacando a los ricos". ¡Ellos sí que atacan a los pobres! ¿Yo ataco a los ricos? No ataco a los ricos, sino a quienes hacen un mal uso de la riqueza. No me canso de repetir que no condeno al rico, sino al ladrón. Una cosa es el opulento y otra el avaricioso. Distingue las cosas y no confundas lo que no se debe confundir. ¿Eres rico? ¡Enhorabuena! ¿Eres ladrón? ¡Te condeno! ¿Tienes lo tuyo? ¡Disfrútalo! ¿Te apoderas de lo ajeno? ¡No me callaré!”.

En el año 403 fue depuesto y enviado brevemente al exilio. Tras su regreso, sus críticas a la corte imperial provocaron una nueva persecución, y en el año 406 fue nuevamente exiliado, esta vez a Cucuso, en Armenia. Trasladado posteriormente hacia el Ponto, murió durante el viaje en Comana, el 14 de septiembre de 407. Sus últimas palabras, según la tradición, fueron: “Gloria a Dios en todas las cosas”. Fue rehabilitado en el año 438 y sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla. Es uno de los tres grandes jerarcas de la tradición litúrgica bizantina, junto con san Basilio el Grande y san Gregorio Nacianceno, y es venerado como doctor de la Iglesia.