24 de julio de 2026
San Charbel Makhlouf, santa Cristina y santos hermanos Boris y Gleb
Hoy, día 24 de julio, celebramos la festividad de san Charbel Makhlouf, presbítero; santa Cristina, virgen y mártir; y de los santos hermanos Boris y Gleb, mártires.


San Charbel Makhlouf, presbítero

Youssef Antoun nació en 1828 en el seno de una familia campesina. A la edad de veintitrés años, se hizo monje maronita en el monasterio libanés de Nuestra Señora de Mayfouq, en el Líbano, donde adoptó el nombre de Charbel (que significa «historia de Dios»). Allí vivió veinte años en comunidad para, posteriormente, llevar una vida eremítica centrada en la adoración y la comunión eucarística: «Todo hombre es una llama creada por nuestro Señor para iluminar el mundo. Todo hombre es una lámpara que Dios ha hecho para que resplandezca e ilumine». Buscó a Dios en el silencio y la oración, viviendo con gran austeridad, ayunando y rezando. Se le atribuyeron muchos milagros tras su fallecimiento la noche de Navidad de 1898.

Fue canonizado en 1977 y el papa Pablo VI dijo de él: «Puede hacernos comprender, en un mundo fascinado por la comodidad y la riqueza, el gran valor de la pobreza, la penitencia y el ascetismo para liberar el alma en su ascensión a Dios».


Santa Cristina, virgen y mártir

En Bolsena (en la Italia central del siglo III), de joven fue iniciada en el cristianismo por una de las sirvientas de palacio sin que sus padres se dieran cuenta. La leyenda nos cuenta que esta niña de unos once o doce años hizo pedazos las estatuas de metal de los dioses paganos Júpiter, Apolo y Venus que tenía su padre, para repartir los fragmentos entre los pobres. Cuando su padre se enteró de lo sucedido, intentó acercarla al culto de los ídolos y, al no conseguirlo, ordenó que la encerraran y la torturaran repetidamente hasta que finalmente murió, posiblemente un 24 de julio.


Santos Boris y Gleb, mártires

Se trata de dos de los doce hijos del santo Gran Duque Vladímir I de Kiev, nacidos a finales del siglo X. La cristianización de Ucrania y de Rusia fue tardía si la comparamos con la del resto de Europa. Según la tradición, pocos días después de la muerte de san Vladímir, fueron asesinados en el año 1015 por sicarios enviados por su hermano mayor, que no se conformaba con el reparto de los territorios. La Iglesia los reconoce como mártires no por una muerte violenta en defensa de la fe, sino por su actitud pacífica ante la agresión de su hermano, destacando su sacrificio en defensa del amor fraterno. La Iglesia Ortodoxa los canonizó en 1071 y la Católica, en 1724.