21 de julio de 2026
San Lorenzo de Brindisi y profeta Daniel del Antiguo Testamento
Hoy, 21 de julio, celebramos la festividad de san Lorenzo de Brindisi, presbítero y doctor; y la del profeta Daniel del Antiguo Testamento.


San Lorenzo de Brindisi, presbítero y doctor

Julio de Rossi nació en Brindisi, Italia, en 1559, y al vestir el hábito en el convento de los capuchinos de Verona recibió el nombre de Lorenzo. Estudió en Padua y Venecia, donde mostró una gran habilidad para las lenguas: leía y hablaba con fluidez el italiano, el latín, el castellano, el francés, el alemán, el bohemio, el griego, el siriaco y el hebreo. Ordenado presbítero en 1583, llevó a cabo una gran labor como predicador por toda una Europa muy sacudida en su tiempo, y se dedicó especialmente a la conversión de los judíos y de los protestantes. Su facilidad para la predicación le venía, como decía él mismo: “en buena parte de mi buena memoria. En otra buena parte, del hecho de que dedico muchas horas a prepararme. Pero la causa principal es que encomiendo mucho a Dios mis predicaciones; cuando empiezo a predicar, se me olvida todo el plan que tenía y empiezo a hablar como si estuviera leyendo un libro místico venido del cielo”.

Su contemplación iba acompañada a menudo de fenómenos místicos, sentimientos y lágrimas, especialmente cuando celebraba la Misa —que solía durar horas—, y en su amor apasionado a la Madre de Dios. Se esforzaba, además, por mostrarse siempre alegre.

De 1602 a 1605 fue vicario general de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, donde se preocupó por la estricta observancia de la regla. Con la ayuda de los jesuitas, estableció conventos capuchinos en Austria y Alemania, promoviendo la Contrarreforma. Ejerció de diplomático en diversas misiones para reconciliar a príncipes enfrentados y fue un gran animador de la lucha contra los turcos. El 22 de julio de 1619 murió en Lisboa, posiblemente envenenado, durante una misión diplomática ante Felipe III de España.

Fue canonizado en 1881 y reconocido en 1959 como doctor de la Iglesia con el título de “Doctor Apostolicus”. Dejó escrita una gran cantidad de obras teológicas, exegéticas y homilías, muchas de las cuales destinadas a la conversión de judíos y protestantes.


San Daniel, profeta del Antiguo Testamento

El libro bíblico de Daniel, en la Biblia hebrea, forma parte de los Escritos y no lo considera profeta, mientras que para los cristianos es uno de los cuatro profetas mayores del Antiguo Testamento, junto con Isaías, Jeremías y Ezequiel. El nombre de Daniel significa “Dios es mi juez”, lo que muestra que Dios se preocupa de quienes no tienen defensor.

El libro narra la historia de un jove judío deportado a Babilonia que se mantiene fiel al Dios de Israel. Junto con otros dos jóvenes judíos, es alojado en el palacio real y educado para ser escriba en la corte de Nabucodonosor II, formados en la cultura mesopotámica y aprendiendo su lengua y su tradición literaria. A partir de aquí, el libro muestra cómo Dios da a Daniel una gran sabiduría y fortaleza, de manera que destaca en su faceta de intérprete de sueños de los reyes Nabucodonosor II y Baltasar, o de juez, como nos narra el pasaje de la casta Susana. Dios también protege a los jóvenes tanto dentro del horno ardiente como en el foso de los leones. El escrito nos los muestra a menudo orando; destaca el himno de alabanza de los tres jóvenes que, desde dentro del horno donde habían sido arrojados por el rey, invita a toda la creación a alabar a Dios, creador y salvador de todo.