11 de julio de 2026
San Benito y Santa Olga de Kiev
Hoy, día 11 de julio, celebramos la festividad de: san Benito, abad; y la de santa Olga de Kiev, viuda.

San Benito, abad y patrón de Europa

Este eremita y posteriormente monje es el estructurador del monacato occidental y fundador de la orden benedictina. Nacido en Nursia, en la Umbría italiana, hacia el año 480, cuando el imperio romano se ha hundido y nace una nueva Europa, realizó los primeros estudios en Roma. San Benito es un hombre que busca a Dios a través de diversas experiencias de soledad y de comunidad, hasta que creó primeramente la comunidad de Subiaco, y después el monasterio de Montecassino, donde murió hacia el año 547, seguramente un veintiuno de marzo.

En todo tiempo, se ha identificado al autor de la regla monástica más vivida en Occidente con el protagonista del segundo libro de los Diálogos de San Gregorio el Grande. Su regla es un manual, un camino de vida monástica: “Escucha, hijo, las prescripciones del maestro, inclina el oído de tu corazón, acoge de buen grado la exhortación del padre amoroso y ponla en práctica, a fin de que por el trabajo de la obediencia retornes a Aquel de quien te habías apartado por la desidia de la desobediencia” y a “no desesperar jamás de la misericordia de Dios”. Para san Benito, lo más importante para la vida del monje es el oficio divino, es decir, la oración litúrgica. Pero la Regla tiene otros pilares: la dignificación del trabajo, la lectura divina, la conversión de costumbres, la vida comunitaria y la acogida.

Canonizado en 1220, es venerado tanto en la Iglesia católica como en la ortodoxa. Es considerado el patriarca del monacato occidental y fue proclamado patrón de Europa en el año 1964.

Santa Olga de Kiev, viuda

Nacida en el año 890 en Rusia, cerca de la frontera de Estonia, pertenecía a una etnia minoritaria del oeste de Rusia, de origen escandinado. Casada con el príncipe Igor de Kiev, cuando este murió, se convirtió en regente del principado de Kiev durante la minoría de edad de su hijo. En Kiev había una pequeña comunidad cristiana y, tras varias conversaciones con un sacerdote, se convirtió. Visitó Constantinopla hacia el 955 y allí se hizo bautizar por el patriarca Teofilacto, quien le dijo: “Bendita eres tú entre las mujeres rusas, que amaste la luz y dejaste las tinieblas. Te bendecirán los hijos de los rusos hasta la última generación de tus nietos”.

Introdujo el cristianismo en Ucrania, y su labor evangelizadora fue continuada por sus hijos, y especialmente por su nieto Vladimiro, quien tras su conversión impulsó el bautismo en masa de los rusos que adoptaron la versión constantinopolitana del cristianismo. De este modo, en pocas generaciones, buena parte de la Europa oriental se convirtió al cristianismo ortodoxo. Se durmió en el Señor el 11 de julio de 969.