25 de junio de 2026
San Guillermo de Vercelli, santa Orosia y san Máximo de Turín
Hoy, día 25 de junio, celebramos la festividad de: san Guillermo de Vercelli, abad; la de santa Orosia, mártir; y la de san Máximo de Turín, obispo.

San Guillermo de Vercelli, abad

Fue un monje itinerante, que buscó la soledad a lo largo de su vida, y que fue cambiando de lugar en función de esta búsqueda. Nacido en Vercelli, al norte de Italia, hacia el año 1085. Después de una peregrinación a Santiago de Compostela cargado de cadenas y la tentativa de ir a Jerusalén, edificó el monasterio de Montevergine, fundando la congregación benedictina del mismo nombre que a finales del siglo XIX se unió a la de Montecassino. Vivió siempre el ideal benedictino con un afán de apostolado, una tendencia a la mortificación y una ferviente devoción mariana.

“Es necesario que mediante el trabajo de nuestras manos nos procuremos el alimento para nuestro cuerpo, el vestido y los medios necesarios para socorrer a los pobres. Por eso no debe ocuparnos todo el día, porque debemos encontrar el tiempo suficiente para dedicarlo a la oración, con la que ganaremos nuestra salvación y la de nuestros hermanos”

Murió el 25 de junio del año 1142 y se le venera en todo el Mediodía italiano y en Sicilia. Fue canonizado en 1942.

Santa Orosia, mártir

Fue una mártir que murió en la zona de Jaca en el siglo VIII o IX, en los tiempos de la ocupación musulmana. Según la leyenda, era hija de los príncipes de Bohemia y fue dada en matrimonio al soberano de Aragón, para fortalecer la lucha contra los infieles. Cuando se dirigía hacia su nueva tierra, al llegar a Yebra de Basa, cerca de Jaca, fue capturada por los musulmanes, quienes la torturaron hasta la muerte. Años más tarde, el 25 de junio de 1072, se encontró su cuerpo, y las reliquias se repartieron entre Jaca y Yebra. Es patrona de la diócesis de Jaca.

San Máximo de Turín, obispo

Fue obispo de Turín en el año 398, un año después de la muerte de Ambrosio. Quedan muy pocas noticias de él; ahora bien, nos ha llegado una colección de más de noventa sermones. En ellos se puede constatar la profunda y vital unión del obispo con su ciudad, y el compromiso de reaccionar ante la degradación civil amenazada por grupos de bárbaros. El tono y la esencia de los sermones implican una profunda preocupación por el bienestar espiritual y material de sus fieles, así como una mayor conciencia de la responsabilidad política del obispo. Es considerado uno de los Padres de la Iglesia por su contribución significativa a la teología cristiana de los primeros siglos.