19 de junio de 2026
San Romualdo, santos Gervasio y Protasio y santa Juliana Falconieri
Hoy, día 19 de junio, celebramos la festividad de los santos Romualdo, abad; la de los hermanos Gervasio y Protasio, mártires; y la de santa Juliana Falconieri, virgen.

San Romualdo, abad

Nacido en Rávena hacia el año 952, entró como monje en el monasterio benedictino de San Apolinar in Classe. Persona con una fuerte tendencia a la soledad “con una lengua silenciada y una voz predicando”, emigró a Venecia como eremita, y más tarde fue reformando los monasterios por donde pasaba, entre ellos el de San Miguel de Cuixá. Regresó a Italia, donde fundó Camaldoli (monjes benedictinos camaldulenses). Posteriormente, se volvió a trasladar y, antes de morir en la ermita de Val di Castro, cerca de Fabriano, hacia el 1027, todavía tuvo tiempo de ver cómo Enrique II, deseoso de reformar las abadías imperiales, implantaba en ellas el eremitismo camaldulense que él había fundado. Fue canonizado en 1595. San Pedro Damián escribió su vida.

Santos Gervasio y Protasio, mártires

Fueron dos hermanos gemelos nacidos en el siglo III en Milán, y muertos probablemente en la persecución de Diocleciano. Dice la tradición que, en el año 386, el arzobispo de Milán, san Ambrosio, hizo desenterrar los cuerpos de los dos mártires cristianos, siendo considerados los primeros mártires de Milán. Ante una multitud fervorosa en la que se encontraba san Agustín, los cuerpos fueron solemnemente velados y trasladados a la basílica llamada hoy de San Ambrosio, consagrada el 19 de junio. El propio obispo narra con emoción que llevaban todavía en su cuerpo las señales del martirio. Desde entonces son venerados por todo el Occidente cristiano.

Santa Juliana Falconieri, virgen

Nació en el año 1270 en Florencia. Sobrina de Alejo Falconieri, uno de los siete fundadores de la Orden de los Servitas de María, Juliana queda fascinada por el estilo de vida, tan alejado de los esquemas de la familia comprometida a ganar dinero. Se consagra a Dios y viste un manto oscuro y amplio similar al que usa su tío, y que también usaron otras jóvenes que siguieron sus pasos: las Mantelatas, rama femenina de la Orden de los Siervos de María, los servitas. Se entregó a la penitencia, la contemplación, las obras de caridad, a su devoción a la Virgen María y a su amor a la Eucaristía, sin entrar nunca en ningún convento.

Su santidad se manifiesta por los milagros durante su vida y, sobre todo, a la hora de su muerte el 19 de junio de 1341, en la que se le niega la comunión por miedo a que pueda atragantarse y pide que coloquen la hostia sobre su cuerpo, pero esta desaparece, dejando una marca morada sobre el pecho. Las Mantelatas hoy en día llevan en su hábito esta marca en memoria de este prodigio. Fue canonizada en el año 1737 y su cuerpo se conserva en la basílica de la Santísima Anunciación de Florencia.