9 de junio de 2026
San Efrén y san Columba

Hoy, día 9 de junio, celebramos la festividad de san Efrén, diácono y doctor, y de san Columba, monje.
San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia
La Iglesia siríaca tuvo una gran fuerza en los primeros siglos del cristianismo. Efrén nació el año 306 en la ciudad siríaca de Nísibis. Bautizado a los dieciocho años, estudió el Evangelio con pasión, fundó la escuela teológica de la ciudad y posteriormente fue ordenado diácono. Vivió intensamente la vida de la comunidad local hasta el año 363, en el que Nísibis cayó en manos de los persas. Entonces Efrén emigró a Edesa, donde continuó predicando. Murió en esta ciudad el año 373, víctima del contagio contraído al cuidar a los enfermos de peste.
Hombre culto, poeta y místico, fue autor de poemas, sermones y de diversas obras teológicas y espirituales. Destacan especialmente sus himnos, sin duda la obra más amplia de Efrén y por los cuales mereció ser llamado “cítara del Espíritu Santo”. La poesía es esencialmente el instrumento que le permite profundizar en la reflexión teológica mediante paradojas e imágenes:
“Los árboles del Edén fueron entregados como alimento al primer Adán. Para nosotros, el jardinero del jardín en persona es convirtió en alimento para nuestras almas”
Fue el representante más importante del cristianismo en el idioma siríaco, y pudo conseguir conciliar, de manera única, la vocación de teólogo con la de poeta. Fue proclamado Doctor de la Iglesia en el año 1920.
San Columba de Irlanda, monje
Monje irlandés nacido en el seno de una familia noble hacia el año 521. Conocido en gaélico como Colum Cille (paloma de la iglesia), se formó en varios monasterios de la isla. Desde joven destacó por su vida ascética, su formación monástica y su actividad como copista y predicador. Con el tiempo, pero, se vio implicado en diversos conflictos eclesiásticos y políticos en Irlanda, lo que le llevó a dejar la isla. Primero fue a Escocia con otros compañeros, donde fundó el monasterio de Iona y evangelizó a los pueblos pictos, convirtiendo aquel monasterio en el centro espiritual y cultural del cristianismo celta. Allí murió hacia el año 597.