12 de mayo de 2026
Santos mártires Nereo, Aquileo y Pancracio, y beata Imelda Lambertini

Hoy, día 12 de mayo, celebramos la festividad de los santos mártires Nereo, Aquileo y Pancracio, y de la beata Imelda Lambertini, religiosa.
Santos Nereo y Aquileo, mártires
Son dos mártires auténticos de la Roma del siglo III, de los cuales sabemos poco más allá del hecho de que realmente existieron y de lo que nos narró el papa san Dámaso a finales del siglo IV. Según los datos que se conservan, eran dos soldados que se convirtieron a la fe renunciando a la violencia. Al no querer rechazar la fe cristiana, fueron decapitados, probablemente en tiempos de Diocleciano, cuando comenzó la persecución dirigida inicialmente a los miembros de la milicia y que después se extendió a toda la Iglesia. Recibieron culto casi de inmediato, ya en el mismo siglo IV. Su memoria litúrgica coincide con el traslado de sus reliquias.
San Pancracio, mártir
San Pancracio nació de padres paganos en Frigia (Asia Menor), en el Imperio romano del siglo III. Huérfano desde muy pequeño, se trasladó a Roma con su tío y tutor, donde se convirtió al cristianismo. Según la tradición, era un joven de catorce años cuando fue detenido y, al no abjurar de su fe, fue condenado a muerte (seguramente también en tiempos de Diocleciano, como los mártires anteriores). Sobre su sepulcro en la vía Aurelia, el papa Símaco erigió un templo.
Ya desde antiguo ha gozado de una gran popularidad y ha sido invocado para pedir todo tipo de favores, especialmente en el mundo del trabajo y de los negocios del siglo XIX, cuando muchas familias vivían del pequeño comercio con empleos precarios e invocaban al santo con la expresión «salud y trabajo». La tradición popular ha impuesto —al igual que hace el monasterio de franciscanas clarisas de Sevilla— que la imagen debe ir acompañada de un vaso de agua con ramitas (generalmente de perejil).
Beata Imelda Lambertini, religiosa
La beata Imelda Lambertini (Bolonia, siglo XIV) fue una joven religiosa dominica que destaca por su profunda devoción a la Eucaristía desde una edad muy temprana. Según la tradición, a pesar de su corta edad, deseaba ardientemente recibir la comunión, algo que no estaba permitido a los niños en aquella época. Se cuenta que, tras una aparición milagrosa de la Sagrada Forma sobre su cabeza, le fue permitida la comunión, momento en el cual falleció en un éxtasis de amor. Es considerada la patrona de los niños que hacen la Primera Comunión. Su culto fue confirmado oficialmente por el papa León XII en 1826.