11 de mayo de 2026
San Anastasio, santos abades de Cluny, san Eudaldo, san Poncio y beato Gregorio de Verucchio

Hoy, día 11 de mayo, celebramos la festividad de: san Anastasio, mártir; los santos abades de Cluny; san Eudaldo, mártir; san Poncio, obispo y mártir; y la del beato Gregorio de Verucchio, laico.
San Anastasio, mártir
Según una tradición bastante tardía, Anastasio nació en el siglo III en la Lérida romana (Ilerda). De joven se alistó en la milicia romana, donde alcanzó el grado de centurión, y en Roma abrazó la fe cristiana. Tras dejar el ejército en tiempos de la persecución de Diocleciano, y al no querer renunciar a su fe, fue detenido en Lérida. Posteriormente, fue trasladado a Tarraco y a Baetulo (Badalona), donde sería martirizado un 11 de junio junto a otros 73 compañeros.
La ciudad de Lérida lo venera como patrón desde el año 1587. En Badalona, aunque se vienen celebrando fiestas en su honor desde 1635, no fue hasta 1672 cuando fue declarado copatrón. San Antonio M. Claret, en un panegírico al santo, dijo: «Sin esperar la ocasión del martirio, recordad que el mismo espíritu que ha hecho a los mártires debe animaros en las tentaciones más vulgares de la vida».
Los santos abades de Cluny
Se trata de cinco abades de Cluny que, entre los siglos X y XII, destacaron por su santidad y capacidad organizadora: los santos abades Otón, Mayolo, Odilón, Hugo y Pedro el Venerable.
En una primera etapa, impulsaron una profunda renovación de la vida monástica retornando al espíritu de la Regla de san Benito, poniendo el acento en la oración, la disciplina y la vida comunitaria. Los valores espirituales cluniacenses se centraban en la búsqueda de Dios por sí misma y en la dimensión poética y artística de la vida.
En una segunda etapa, convirtieron a Cluny en el centro de una reforma monástica que llegaría a influir sobre unas dos mil casas, creando una red europea con una influencia espiritual, cultural y política muy destacada. Promovieron una liturgia solemne y un modelo organizativo centralizado que unificó muchos monasterios, contribuyendo decisivamente a la reforma de la Iglesia medieval.
San Eudaldo, mártir
San Eudaldo, también llamado san Thou, según la leyenda nació en Lombardía en el siglo V y a los diecisiete años fue investido guerrero. Caminando por el bosque conoció a san Pancracio, que vivía como anacoreta, y este lo convirtió al cristianismo. Siguió al maestro a Portvendres y ya no se movió de su lado hasta que Pancracio murió. Entonces se marchó a Tolosa y fue allí donde fue ordenado sacerdote.
Pero eran tiempos de empuje de los arrianos, y Eudaldo fue arrestado por el obispo arriano de Narbona. Sus gozos decimonónicos relatan su martirio y se han cantado hasta hace poco en Ripoll, villa de la que es patrón desde el año 1002 y donde se guardan sus reliquias. Al "algodón de san Eudaldo", repartido en el oficio de la Fiesta Mayor, se le suponen capacidades curativas.
San Poncio, obispo y mártir
Las actas del mártir Poncio se basan en una homilía que pronunció san Valeriano, obispo de Niza, en el siglo V. Poncio, obispo de Cimiez (hoy Niza), cayó prisionero en el año 258 a manos del prefecto Claudio, quien acabaría ejecutándolo.
A partir del siglo X, el culto al santo se difundió ampliamente por Occitania con la fundación del monasterio de San Poncio de Thomières, cerca de Montpellier. Muy popular entre los herbolarios catalanes, dio nombre a una hierba: el poleo (en catalán poniol o ramell de sant Ponç).
Beato Gregorio de Verucchio,
El beato Gregorio de Verucchio (siglo XIII), conocido también como Gregorio Celli —parece ser que procedía de la casa Celli, nobles de Verucchio, en Italia—, quedó huérfano a los tres años. A los quince años ya vestía como laico el hábito de los eremitas de san Agustín. Vivió como ermitaño en diversas zonas apartadas buscando una vida de recogimiento y contemplación, aunque también se dedicaba a la predicación. Se le atribuyen diversos milagros de curación que contribuyeron a su fama de santidad. En 1759 se confirmó oficialmente su culto.