1 de mayo de 2026
San José, profeta Jeremías y san Ricardo Pampuri
Hoy, día 1 de mayo, celebramos la festividad de san José, obrero; del profeta Jeremías; y la de san Ricardo Pampuri, religioso.


San José, obrero

Además de ser el padre adoptivo de Jesús y el esposo de María, san José era artesano y carpintero en un pueblecito de Galilea. Con su vida de trabajador, ennoblece el trabajo manual con el que mantiene a su Sagrada Familia y participa en el proyecto de salvación. Para el cristiano, es el modelo a seguir en el ejercicio de las actividades profesionales. Con la institución de este patronazgo en el año 1955, Pío XII quiso cristianizar la "Fiesta del Trabajo" (creación socialista internacional del siglo XIX), con la intención de que todo el mundo reconozca la dignidad de la tarea laboral y que esta inspire la vida social y las leyes fundadas sobre el reparto equitativo de derechos y deberes.


San Jeremías, profeta del Antiguo Testamento

Vivió en el siglo VI a.C., en tiempos de Joacim y Sedequías, reyes de Judá. Es uno de los cuatro profetas mayores hebreos de la Biblia, conocido por su libro homónimo y por el libro de las Lamentaciones. Su nombre significa “Dios me eleva”. Nació en una familia sacerdotal y ejerció el ministerio profético durante el periodo trágico anterior a la toma de Jerusalén por parte de Nabucodonosor y la primera deportación a Babilonia.

Su principal problema fue que la gran mayoría de la gente no quiso hacerle caso. Anunciador de una nueva alianza, es figura de Cristo por su vida de abnegación al servicio de la palabra de Dios, siendo incomprendido y perseguido: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir (...). He sido la burla de todos, todo el día se ríen de mí. Siempre que hablo, tengo que gritar y anunciar: ¡violencia, destrucción!” (Jeremías 20:7-8). Solo después de su muerte fue reconocida la santidad de este profeta, cuando sus profecías se cumplieron.


San Ricardo Pampuri, religioso

Nació el año 1897 cerca de Pavía con el nombre de pila Erminio Filippo, siendo el décimo de once hijos. Quedó huérfano muy joven y fue acogido en casa de sus tíos maternos, donde recibió una buena educación. Siendo consciente de su vocación religiosa, una salud demasiado débil le imposibilitó la entrada al convento, motivo por el cual decidió estudiar medicina en la Universidad de Pavía y en el hospital de Milán. Cuando aún no había finalizado los estudios, estalló la Primera Guerra Mundial y fue movilizado como sanitario, experiencia que le marcó profundamente. Terminado el conflicto, retomó los estudios y, en cuanto obtuvo el grado de licenciado, comenzó a ejercer la práctica médica como médico rural entre los pobres y a organizar retiros para laicos. A menudo visitaba a personas que no podían pagar y, en lugar de cobrarles, les dejaba dinero o les compraba los medicamentos de su bolsillo.

En 1927 ingresó en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en la ciudad de Brescia, tomando el nombre de Ricardo. Su vida espiritual estaba centrada en la santidad en la vida ordinaria: en el hospital atendía como una auténtica misión de caridad a todos los enfermos, distinguiéndose por su recogimiento y vida interior, siendo modelo para los enfermos y para los otros hermanos de comunidad. Murió por una bronconeumonía el primero de mayo de 1930 en Milán. Fue canonizado en el año 1989.