23 de abril de 2026
San Jorge y San Adalberto,
Hoy, día 23 de abril, celebramos la festividad de San Jorge, mártir, y la de San Adalberto, obispo y mártir.


San Jorge, mártir y patrón secundario de Catalunya

Este militar romano murió mártir al negarse a abjurar de su fe; fue decapitado durante la persecución de Diocleciano a comienzos del siglo IV. En el lugar de su sepulcro, en Lida (actualmente Lod, Israel), se erigió una basílica que se convirtió en un centro de veneración muy popular entre peregrinos y cruzados de Tierra Santa, hasta que Saladino mandó arrasar la iglesia. Son numerosos, ya desde el siglo IV, los testimonios del culto extraordinario con que el "gran mártir” fue honrado.

Los cruzados influyeron mucho en transformar la figura de San Jorge en un caballero guerrero y extendieron su popularidad por todo el Occidente. En los Països Catalans, el culto a San Jorge entró con la liturgia romana desde los siglos X y XI. El Abat Oliba erigió un altar a San Jorge en el monestir de Ripoll, los reyes de Aragón fomentaron su popularidad y las Corts reunidas en Barcelona en 1456 lo declararon patrón de Catalunya. En nuestra tierra, los elementos centrales de la celebración popular son la rosa y el libro: el amor y la cultura.

Existen innumerables leyendas fantásticas sobre la figura del santo. Quizás la más relevante sea la recogida en la Leyenda dorada de Santiago de la Vorágine a finales del siglo XIII. Cuenta que, cerca de la ciudad africana de Silene, había un gran estanque donde vivía un terrible dragón. Para calmarlo, los vecinos le ofrecían diariamente dos ovejas, y cuando estas escaseaban, ofrecían una oveja y un joven elegido al azar. Un día le tocó en suerte a la única hija del rey. Mientras la joven se dirigía hacia el estanque, casualmente pasó por allí el caballero, que se compadeció de ella. Entonces, subiendo a su caballo y haciendo la señal de la cruz, embistió al dragón con su lanza y lo mató. Antes de marcharse, instruyó al rey sobre cuatro preceptos: que cuidara de las iglesias de Dios, que honrara a los sacerdotes, que escuchara con atención el oficio divino y que siempre se acordara de los pobres. Este episodio se convertiría en el símbolo de la fe que triunfa sobre el mal; el mal nunca tendrá la última palabra.


San Adalberto de Praga, obispo y mártir

Nació hacia el año 956 en Bohemia, en la actual República Checa. Bautizado con el nombre de Wojtisch, cuando se confirmó tomó el de Adalberto por estima a su preceptor y obispo: San Adalberto de Magdeburgo. Tuvo una buena educación cristiana y, al cabo de los años, fue nombrado obispo de Praga, el segundo que hubo en la ciudad.

Se dedicó con ardor a la evangelización de los paganos de la región, pero, dado el poco éxito, renunció al episcopado y marchó a Roma para solicitar al papa que lo relevara del cargo; vivió discretamente durante cuatro años en el monasterio benedictino de San Bonifacio. Posteriormente, retornó a Bohemia con otros monjes y fundó el monasterio de Břevnoven Praga, pero su actividad reformadora no gustó y tuvo que marcharse por segunda vez. Después fue a Hungría, donde también renunció al juzgar inútil su tarea. Finalmente, fue llamado por el rey polaco para que ayudara a la cristianización de su país, pero al pasar por Prusia, cerca de la ciudad de Gdansk, unos idólatras lo martirizaron un 23 de abril del año 997. Fue canonizado dos años después y es patrón de Bohemia, Polonia, Hungría y Prusia.