18 de abril de 2026
San Perfecto de Córdoba, beato Román Archutowski y beato Andrés Hibernón

Hoy, día 18 de abril, celebramos la festividad de san Perfecto de Córdoba, presbítero y mártir; del beato Román Archutowski, presbítero y mártir; y del beato Andrés Hibernón, religioso.
San Perfecto de Córdoba, presbítero y mártir
Perfecto nació en la segunda mitad del siglo VIII en la Córdoba dominada por el califato Omeya. Hijo de padres cristianos, conocía la lengua árabe y es uno de los mártires recordados por san Eulogio en su Memoriale sanctorum. El santo aparece vinculado a la iglesia de San Acisclo, donde se formó y ordenó presbítero en pleno dominio musulmán. Cuando unos musulmanes le preguntaron su opinión sobre Mahoma, al principio no quiso contestar, pero finalmente habló de él críticamente. Acusado de blasfemia, fue ejecutado el 18 de abril del año 850 en el “campo de la verdad”, convirtiéndose así en el primer mártir del emirato de Córdoba.
Beato Román Archutowski, presbítero y mártir
Nacido en 1882 en Polonia, tras estudiar en Varsovia se ordenó presbítero y se dedicó a tareas docentes y teológicas, publicando libros y artículos. Director del seminario durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, fue arrestado por esconder a judíos y conducido al campo de concentración de Majdanek, donde murió el 18 de abril de 1943 a causa de las pésimas condiciones del lugar. Fue beatificado en 1999 junto con otros 107 mártires polacos.
Beato Andrés Hibernón, religioso
Andrés Hibernón nació en Murcia en 1534 en el seno de una familia noble pero empobrecida. A los 22 años sintió la llamada religiosa y decidió entrar en el convento de los franciscanos de Albacete, donde rápidamente destacó por su sencillez y bondad. Tras la reforma franciscana, ingresó en el convento reformado de San José de Elche. A lo largo de su vida vivió en diferentes comunidades donde desempeñó las tareas más humildes.
Poseía el don de la elocuencia y el sacrificio, y se dice que consiguió numerosas conversiones. Procuraba estar siempre ocupado y, cuando le preguntaban si se aburría, respondía que jamás, porque se había acostumbrado a no estar nunca ocioso; de este modo, siempre estaba disponible para la oración o la contemplación. Murió en Gandía el 18 de abril del año 1602. Fue beatificado en 1791.