17 de abril de 2026
San Roberto de Molesmes y santa Catalina Tekakwitha

Hoy, día 17 de abril, celebramos la festividad de san Roberto de Molesmes, abad, y de santa Catalina Tekakwitha, laica.
San Roberto de Molesmes, abad
Nacido en la Champaña francesa hacia el 1028. Después de una experiencia monástica benedictina y con el deseo de vivir más a fondo su vocación, fundó la comunidad de Molesmes, en la Francia central. Al cabo de un tiempo, los monjes se relajaron y, ante la imposibilidad de restaurar la disciplina, se marchó junto con sus compañeros san Alberico y san Esteban Harding para iniciar una nueva experiencia en Cîteaux (Císter). Este monasterio sería el origen de la Orden del Císter, fundamentada en la búsqueda de una mayor observancia de la regla benedictina, con más pobreza, simplicidad, trabajo manual y soledad. Al final de su vida, sin embargo, y quizás por razones de salud, regresó a Molesmes, donde murió un 17 de abril del año 1111. Fue canonizado hacia el 1220.
Santa Catalina Tekakwitha, laica
Es la primera piel roja que ha llegado a los altares. Nacida en 1656 en un pequeño pueblo del estado de Nueva York, en el seno de la tribu de los mohawks de la confederación iroquesa. Cuando tenía cuatro años, sobrevivió a una epidemia de viruela que la dejó muy débil de salud, huérfana y rechazada por los demás a causa de los problemas de vista y de piel que la enfermedad le había dejado; por eso a la pequeña Catalina empezaron a llamarla “Tekakwitha”, que significa “la que busca el camino” o “la que tropieza con todo”. Fue adoptada por su tío y se trasladó al sureste del actual Canadá, donde se puso en contacto con unos misioneros jesuitas franceses y, a los diecinueve años, se convirtió al cristianismo.
Pese a la oposición de sus familiares y del resto de indios del poblado, dedicaba largas horas a la oración y se mantuvo virgen. La hostilidad era manifiesta, hasta el punto de que un joven la amenazó con un hacha ordenándole que renunciara a su fe, pero ella contestó: “Puedes quitarme la vida, pero no mi fe”. Catalina huyó y, tras atravesar montañas y ríos soportando un clima duro, pudo llegar a una misión cristiana del sureste del Canadá donde fue acogida. Pronto, anhelando una vida religiosa, hizo voto de castidad consagrada a Dios como laica. Destacó por su vivencia espiritual profunda y por las sentidas oraciones que hacía, a menudo ayudada por el rosario, retirada en medio del bosque. De ahí que, junto con san Francisco de Asís, se la considere patrona del medio ambiente y de la ecología. Murió un 17 de abril de 1680 con solo 24 años susurrando: “Jesús, te amo”. La canonización del “lirio de los mohawks” fue en el 2012.