8 de abril de 2026
Santa Julia Billiart, San Amancio de Como y Beato Juan de Organyà

Hoy, día 8 de abril, celebramos la festividad de: santa Julia Billiart, virgen; de san Amancio, obispo; y la de Juan de Organyà, abad.
Santa Julia Billiart, virgen
Nació en 1752 en un pueblecito al norte de la actual Francia. A los veintitrés años, estando con su padre, sufrieron un atentado por arma de fuego que, combinado con una enfermedad, le provocó una parálisis en las piernas. Postrada en cama continuó con su apostolado en aquellas condiciones y no paraba de decir: “Qué bueno es Dios”. Veintidós años después, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús de 1804, un sacerdote le dijo: “Madre, si tenéis fe, dé un paso en honor al Sagrado Corazón de Jesús”: entonces se levantó y empezó a caminar. Una vez restablecida, se dedicó a la formación humana y cristiana de las jóvenes, así como a la formación de catequistas, para las cuales fundó en 1804 la Congregación de hermanas de Nuestra Señora de Namur. Murió un 8 de abril de 1816 y fue canonizada en 1969. Es patrona de las catequistas.
San Amancio de Como, obispo
En el siglo V, fue elegido tercer obispo de la ciudad de Como, al norte de Italia, dejando un recuerdo tanto de hombre santo, como de buen organizador. Murió un 8 de abril, probablemente en el 449.
Beato Juan de Organyà, abad
El topónimo de Organyà va indefectiblemente ligado, como genitivo complemento, a las célebres Homilías, el primer texto que podemos considerar redactado en catalán. Pero a menudo se olvida que un abad de Bellpuig de les Avellanes, del siglo XII, antiguo ermitaño, nació en esta población del Alt Urgell.
Según nos dice la tradición, Juan de Organyà fue el auténtico introductor de la orden de los premonstratenses en Catalunya a mediados del siglo XII, y el impulsor originario de las futuras casas de esta orden que se extenderían por el país. Fue prior del monasterio de Vallclara, primera abadía premonstratense en Catalunya, hasta que se disolvió trasladándose los monjes a una cueva natural de Vilanova de les Avellanes, en un lugar conocido como Sant Cap o Bellpuig el Vell. Allí llevaron una vida muy austera, dedicada a la oración y a la mortificación. Cerca fundaron un hospital para atender a peregrinos y pobres. Y en 1166 fundó a 3 kilómetros el monasterio de Santa Maria de Bellpuig de les Avellanes, del cual fue prior hasta que en 1172 se entregó a la oración y a la vida eremítica.