2 de abril de 2026
Jueves Santo, santa María Egipcíaca y san Francisco de Paula

Hoy, 2 de abril, celebramos el Jueves Santo, la festividad de santa María Egipcíaca y la de san Francisco de Paula, ermitaño.
JUEVES SANTO
Hoy, Jueves Santo, es el inicio del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo; el día en que entregó a sus discípulos, junto con el mandamiento del amor, el don de su Cuerpo y de su Sangre.
Santa María Egipcíaca, penitente
Nacida a mediados del siglo IV, huyó de su casa a los doce años para vivir como prostituta en Alejandría de Egipto (de ahí su sobrenombre). Se convirtió durante una visita a Jerusalén, cuando un misterioso poder le impidió entrar en la basílica hasta que se reconcilió con Dios. Después marchó junto al río Jordán, donde pasó 47 años dedicada a la oración y la penitencia.
La leyenda cuenta que, al final de su vida, la visitó un monje llamado Zósimo, quien describió que estaba muy delgada porque solo comía hierbas y vestía únicamente con sus largos cabellos blancos. El monje escuchó su historia, le dio un manto y la sagrada Comunión. Unos años después, cuando el monje regresó, encontró a María muerta; como no tenía herramientas para cavar la tumba, apareció un león que le ayudó a hacerlo con sus garras.
San Francisco de Paula, ermitaño
Nació en 1416 en Paola, en Calabria (sur de Italia). De pequeño sufrió una dolencia ocular que le llevó a hacer el voto de vestir el hábito franciscano durante un año si se curaba. Después de sanar y cumplir el año votivo, buscó una vida religiosa que se adecuara a él. Su inclinación a la oración le llevó a llevar una vida eremítica muy austera: oración continua, trabajo duro, fuerte penitencia y un habitáculo ínfimo excavado por él mismo. Vestía ropas bastas y se alimentaba solo de hierbas y legumbres. A su alrededor se reunieron varios discípulos con los que fundó la Orden de los Mínimos (pobres ermitaños) y también la rama femenina de las Mínimas.
Fue solitario, pero no insolidario, ya que cuidaba de los demás y realizó multitud de curaciones, algunas de ellas espectaculares. Exhortaba constantemente a la conversión; a un hombre a quien había sanado la mano le dijo: «Ve, barre tu casa (es decir, tu conciencia) y sé buen cristiano». En el año 1483, el papa lo envió a asistir al rey Luis XI de Francia; una vez muerto el monarca, sus sucesores lo retuvieron en la corte hasta que finalmente él mismo murió un Viernes Santo, el 2 de abril de 1507.
Es el patrón de Calabria y muy venerado por los marineros: se cuenta que, en una ocasión en que un barquero no quiso llevarlo a él y a sus compañeros hacia Sicilia, Francisco extendió su manto sobre el mar y así pudieron cruzar hasta la isla.