23 de marzo de 2026
San Josep Oriol y san Toribi de Mogrovejo
Hoy, día 23 de marzo, celebramos las festividades de San Josep Oriol, presbítero, y de san Toribi de Mogrovejo, obispo.


San Josep Oriol, presbítero

Josep Oriol i Bogunyà nació en Barcelona en el año 1650, en una época convulsa para la ciudad debido a las pestes, las secuelas de la Guerra dels Segadors y la falta de obispo. Piadoso desde muy niño, estudió en la Universitat de Barcelona y, con la intención de ser sacerdote, cursó filosofía y teología hasta obtener el grado de doctor. Fue ordenado presbítero en 1676. Ejerció su ministerio sacerdotal en Sant Felip Neri de la Ciudad Condal y visitaba asiduamente a los enfermos en el Hospital de la Santa Creu.

Su inquietud espiritual fue muy intensa, centrada en la interioridad, la meditación y la transformación del corazón, sin descuidar la práctica de la mortificación. En esta línea, comenzó a basar su dieta únicamente en pan y agua, hecho por el cual fue apodado «el doctor Pa i Aigua». Más tarde, fue beneficiado de la iglesia de Santa Maria del Pi. No se distinguió por grandes empresas apostólicas, pero edificó a todos con su austeridad y su fama de taumaturgo. Al cobrar a final de mes, repartía su sueldo entre los pobres y visitaba a los necesitados con un profundo espíritu de oración. Murió el 23 de marzo de 1702.

San Josep Oriol no fundó ninguna institución ni dejó obra escrita, pero vivió con una confianza plena en Dios y una pobreza extrema que marcaron a la Barcelona y la Catalunya de su tiempo. Fue canonizado en 1909.


San Toribi de Mogrovejo, obispo

Nació en un pueblo de León en 1538. Estudió derecho en Salamanca y ocupó diversos cargos públicos. En el año 1580, cuando aún era seglar y profesor en la Universidad de Salamanca, fue promovido por Felipe II como arzobispo de Lima. Allí se encontró con una situación en la que los descendientes de los conquistadores explotaban a los indígenas en beneficio propio. En Perú, trabajó incansablemente a favor de los nativos y de la formación del clero, enfrentándose a menudo con la administración colonial y los privilegios de ciertas órdenes religiosas.

Llevó a cabo una tarea infatigable mediante sínodos, concilios y visitas pastorales constantes, bajo el lema de amar al prójimo «como se ama a Cristo». Uno de los frutos más preciados de su legado fue el Catecismo de Sant Toribi, que sirvió para instruir en la fe a millones de personas durante siglos. Murió en el año 1606. Fue canonizado en 1726 y, en 1983, san Juan Pablo II lo proclamó patrón del episcopado latinoamericano.