11 de marzo de 2026
San Eulogio de Córdoba y San Sofronio

Hoy, día 11 de marzo, celebramos la festividad de San Eulogio de Córdoba, mártir; y de San Sofronio, obispo de Jerusalén.
San Eulogio de Córdoba, mártir
Nació en la Córdoba de comienzos del siglo IX, durante la dominación musulmana de los Omeya, que en aquella época permitía profesar privadamente la fe cristiana, tener jerarquía y acceso a los cargos públicos, pero no manifestarla públicamente, ni predicarla, ni hacer proselitismo.
Formado en la escuela basilical de San Zoilo, fue ordenado presbítero y pudo viajar por toda la Península, lo que aprovechó para recoger experiencias, conocer la mentalidad de los cristianos libres y adquirir libros latinos para las escuelas cristianas de Córdoba. Al acceder al trono Muhammad I, se endurecieron las medidas contra los cristianos y San Eulogio tuvo que cambiar a menudo de residencia, cosa que aprovechó para recoger documentación sobre los cristianos que eran martirizados, la cual fue publicando en su libro “Memorial de los mártires”.
Después de acoger a una mujer de familia noble musulmana que se había convertido al cristianismo, fue juzgado y se negó a abjurar de la fe cristiana: “Ah, si supieras los inmensos premios que nos esperan a los que proclamamos nuestra fe en Cristo, no solo no me dirías que debo dejar mi religión, sino que tú dejarías a Mahoma y empezarías a creer en Jesús. Yo declaro aquí solemnemente que hasta el último momento quiero amar y adorar a nuestro Señor Jesucristo”. Un soldado le dio una bofetada en la mejilla derecha, y él mostró la izquierda, que también fue golpeada.
Murió decapitado un 11 de marzo del 859 y, posteriormente, sus reliquias fueron trasladadas a Oviedo. San Eulogio es considerado doctor de la Iglesia Mozárabe y patrón de Córdoba y de Oviedo.
San Sofronio, obispo de Jerusalén
Nació en la segunda mitad del siglo VI y fue monje de San Sabas, pero enseguida partió hacia Palestina, Egipto, el Sinaí y Antioquía para conocer otros monasterios. Fue el destinatario del célebre libro "El prado espiritual", de Juan Mosco. Combatió la herejía monotelista, que mantenía que Cristo solo tenía la voluntad divina y no dos (la humana y la divina).
Rigió como patriarca de la Iglesia de Jerusalén desde el 629 aproximadamente. Negoció la capitulación de la ciudad ante los ejércitos musulmanes comandados por el califa Omar en el 638, a cambio de que la población y los santuarios fueran respetados —como así fue— a cambio de pagar un tributo. Se dice que, cuando estaba ante la puerta de la Iglesia del Santo Sepulcro, invitó a Omar a entrar, pero este rehusó aduciendo que, si lo hacía, sus seguidores la convertirían en mezquita (como así hicieron con otras iglesias en las que él entró). Es considerado el último heredero de la tradición monástica palestina y es autor de numerosas cartas, sermones, poemas, comentarios y tratados. Murió poco después, hacia el 640.